Por Nelly YáñezMegarreforma: el bautismo de fuego de La Moneda
Un alto costo pagó el gobierno por incorporar una indicación que rebajaba de un 27% a un 22% el impuesto corporativo a las empresas. El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, fue el más afectado, a pesar del éxito que obtuvo con la aprobación de la megarreforma en el Senado. El episodio dejó una estela de ripios al interior del propio oficialismo.

“Bienvenido a la política, ministro Quiroz”.
Fue el día de la debacle. Justo a las 17 horas con 29 minutos del viernes 10 de julio, el ministro Jorge Quiroz se reintegró a la sesión de la Comisión de Hacienda del Senado en Santiago, que seguía votando los articulados de la megarreforma. Su rostro era más serio que lo habitual.
La indicación que había ingresado la noche anterior -que rebajaba el impuesto corporativo a las empresas del 27% al 22% y no al 23%, como se había planteado originalmente en el proyecto-, acababa de desplomar el acuerdo con los senadores del PPD y desatado un conflicto político, que tras bambalinas movilizó al gobierno y al propio Presidente José Antonio Kast.
Rápidamente, en La Moneda se decidió retirar la polémica indicación, tal como lo comunicó Quiroz. Pero ya era tarde.

El bautismo de fuego que había recibido el hombre fuerte de las finanzas públicas -reconocido por su trayectoria en el campo de la consultoría económica, pero sin experiencia en las lides políticas- fue el que sintetizó el presidente de la comisión, Javier Macaya (UDI), con su certera frase en que le daba la bienvenida a un mundo especialmente rudo.
Para unos, Quiroz -quien ha insistido que con el PPD solo negoció la invariabilidad tributaria y que ello no incluía ni amarraba el guarismo del impuesto corporativo- estaba pagando el noviciado. Para otros, simplemente intentó pasar gato por liebre.
“Su error fue no advertir el asunto del 22%. Debió haberlo dejado estampado, por último, en una servilleta”, fue el comentario de un senador oficialista.
Quienes estuvieron ese viernes en el Senado con Quiroz, relatan que apenas se percató del incendio que había provocado la indicación -de la que tempranamente alertó en ese espacio el senador PC Daniel Núñez-, se dirigió a la oficina de Macaya, ubicada al lado de la sala de sesiones. Desde ahí, sin soltar su teléfono, realizó diversas consultas con miras a tomar decisiones.
“La voy a retirar”, le adelantó a quienes estaban a su lado, entre ellos, algunos parlamentarios, que trataron de convencerlo de lo contrario.

Quiroz había planteado en varias ocasiones la idea de rebajar el impuesto al 22%, ya que al establecer una prima -una sobretasa permanente de 1,5% sobre el impuesto de primera categoría- para los proyectos de inversión que opten por acogerse a la invariabilidad, la tasa en realidad quedaba en un 24,5% y no en el 23% establecido en la iniciativa.
El guarismo había sido conversado en varias ocasiones. Una de ellas había sido un seminario organizado por Tax Foundation, en el cual Quiroz aseguró estar dispuesto a avanzar en cambios en la invariabilidad y el crédito al empleo, pero siempre y cuando la rebaja de la tasa de impuesto a las empresas fuera de 27% a 22%, es decir un punto porcentual más de lo establecido en la iniciativa. Eso -recalcan en Hacienda y en el Senado- no se había puesto sobre la mesa en las tratativas con el PPD, porque con ellos solo abordaron la invariabilidad. Pero, para los senadores de ese partido, siempre estuvo a la base el 23%, porque -además- cualquier cambio alteraba las cifras que ellos estaban proponiendo.

Así, ese turbulento viernes, ya decidido a retirar la indicación, el ministro seguía recibiendo en su WhatsApp informaciones sobre la decisión de los senadores PPD, Pedro Araya, Ricardo Celis y Loreto Carvajal, de dar por finiquitado el acuerdo.
La coyuntura era compleja para La Moneda. El respaldo que habían recibido por parte de senadores del Socialismo Democrático no solo les permitía mostrar una mayor transversalidad, sino que tener más argumentos para hacer frente a una eventual presentación ante el Tribunal Constitucional por parte de la oposición. Además, en el oficialismo apostaban a que el resto de los senadores opositores no recurrirían en contra de una enmienda que había sido justamente redactada por el PPD. Pero el riesgo de que ese entendimiento se perdiera dejaba al Ejecutivo -en definitiva- como un interlocutor poco serio, poco confiable.
De esas consideraciones estaba consciente el biministro del Interior y de la Segegob, Claudio Alvarado, curtido en las arenas políticas, cuando estalló el asunto.
“Quiero hablar con el ministro Quiroz”, le dijo a Felipe Donoso, asesor político de Hacienda, mientras este los ponía en contacto con su propio celular, pasadas las 17.20.
“Jorge, estamos con un problema político; está en juego lo que habíamos comprometido; el problema con el PPD es delicado, hay que bajar la indicación”, le planteó Alvarado.
“Estoy pensando lo mismo; vuelvo a la sala y la bajo”, le respondió Quiroz, quien por la mañana había afirmado -ante la consulta del senador Daniel Núñez (PC)-, que “el acuerdo con los parlamentarios del PPD se restringe exclusivamente al tema de la invariabilidad y no toca otros temas, así es que no hay una relación entre unos y otros”.
Para el secretario de Estado, todo se había tratado de un malentendido, tal como lo expuso al momento de anunciar la marcha atrás.
“No es un misterio, porque se ha hecho público, que había un acuerdo con el PPD en esta materia. Ambas partes, de buena fe, han entendido un tema algo distinto. Pero nosotros queremos privilegiar el acuerdo y privilegiando el acuerdo es que vamos a mantener la tasa corporativa hasta el 23%”, dijo. Mientras Rojo Edwards (independiente), Rodolfo Carter (independiente) y Macaya rechazaban en distintos tonos el retiro, por considerar que no solo tenían los votos para aprobar el 22%, sino que el acuerdo con los senadores del pepedé Pedro Araya, Ricardo Celis y Loreto Carvajal no consideraba el impuesto corporativo y, además, había llegado a un punto de no retorno.
No se equivocaban.
Lo que no sabían es que la decisión política había contado con una anuencia de mayor envergadura.
En La Moneda se confidencia a La Tercera que la solución acordada por Alvarado y Quiroz fue informada al Presidente José Antonio Kast, quien monitoreó el tema en medio de sus actividades en Santiago y visó el retiro de la indicación en conversaciones con ambos ministros.
“Fue un acuerdo, no una pasada de máquina”, dice una fuente de Palacio. Y añade otro elemento: que la decisión fue que el ministro del Interior y de la Segegob iba a comunicar lo que había pasado de “cierta manera”, para generar un espacio de negociación. Y que eso se hizo con la anuencia de Quiroz.
Otros complementan esa versión diciendo que Quiroz asintió porque entendía que tenía que correr algo de sangre para asegurar que el acuerdo con el PPD se mantendría en pie. Y que, en este caso, era la suya.

Así fue que Alvarado -en una entrevista en La Tercera que se publicó el domingo 12- sostuvo que “en aras del buen entendimiento del compromiso asumido con el PPD, le solicité expresamente al ministro de Hacienda retirar la indicación de rebaja de impuesto corporativo al 22%”. Dos días después, el martes 14, en radio Duna, enfatizó que “una cosa que he aprendido en estos años que he estado en el servicio público de la política, tanto en el Parlamento como desde el Gobierno, es que es fundamental, cuando existe una conversación, verificar los términos de esa conversación y respetar la palabra empeñada”.
Dos gestos claros al PPD, pero que fueron interpretados por la oposición -y también por algunos en el oficialismo- como una quitada de piso al ministro de Hacienda en su rol de interlocutor.
El diálogo con el PPD
Las conversaciones entre el ministro de Hacienda y el PPD comenzaron en abril, cuando el gobierno ingresó el proyecto de Ley de Reconstrucción al Congreso. Consciente de que Quiroz no tenía relaciones políticas propias, el senador Rodolfo Carter, cumplió un rol de facilitador. En reserva, organizó algunas cenas en su casa a las cuales invitó al ministro y a senadores de la oposición. El objetivo solo era que se conocieran. Una de ellas se realizó ese mes, justamente con Pedro Araya quien, aunque no es parte de la comisión de Hacienda, juega un rol relevante en la bancada PPD de la Cámara Alta.

Araya mantiene también una relación fluida con el ministro Alvarado -este lo trata de “Pedrito”-. Ambos secretarios de Estado se abocaron durante semanas a ver hasta dónde se podía negociar con los cuatro senadores PPD. Ello, mientras en paralelo el jefe de Interior buscaba algún entendimiento con el PS, que finalmente no fructificó.
Las tratativas se extendieron por meses, hasta que el 8 de julio los senadores del Partido por la Democracia le enviaron a Quiroz un documento titulado “Propuesta en materia de invariabilidad tributaria para grandes proyectos de inversión”, que fue acogido por Hacienda en las líneas gruesas, en un texto respuesta -el mismo día- de tres carillas llamado “Comentarios de la coordinación de políticas tributarias a la propuesta del Partido por la Democracia (PPD) para modificar la norma de invariabilidad del proyecto de ley de reconstrucción”. En él se establecen 10 años de invariabilidad para los proyectos entre 50 y 100 millones de dólares; 15, para el rango entre 100 y 350 y 20 para los superiores a USD 350 millones.

Clave en todas esas tratativas y en abrochar el acuerdo fue el rol desempeñado por la presidenta del Senado, Paulina Núñez, quien lo dio a conocer el miércoles 8 de julio, junto al ministro Quiroz, y a los senadores Celis y Carvajal.
El golpe para la izquierda fue brutal. Y rápidamente los pepedé comenzaron a recibir duras críticas -“bullying”, denunció Alvarado- por parte de sus pares del Senado. Por ello es que en el oficialismo hoy muchos critican que el paso en falso de Quiroz simplemente les dio un argumento para salir de un acuerdo que estaba saliendo demasiado caro.
La preocupación de Quiroz
El martes 14, poco antes de las 10 de la mañana, Quiroz llegó hasta el despacho de Alvarado. Los dos ministros suelen hablar todos los días como a las 7 AM, porque a esa hora tienen un poco más de espacio. Pero esta vez el encuentro fue presencial.
Quienes supieron sobre los alcances de la cita entre las dos figuras de mayor peso en el gabinete -uno en el área política y el otro en la económica-, señalan que Quiroz estaba inquieto ante los efectos que el lío por el 22% estaba teniendo en su perfil negociador. Ambos evaluaron los complejos efectos de lo sucedido con el PPD y cómo tratar de revertirlos antes de la votación que enfrentarían al día siguiente con la megarreforma, que terminó aprobándose en el Senado y que este martes enfrenta su tercer trámite en la Cámara de Diputados.
En estos días, Quiroz ha transmitido a La Moneda su molestia por la serie de críticas que ha recibido incluso desde el propio oficialismo, que han llevado a la oposición a intentar inhabilitarlo como interlocutor.
El tema había sido abordado el día antes -lunes 13 de julio- por el comité político ampliado, en el que el ministro Alvarado insistió en que el impasse estaba superado; que la indicación había sido retirada y que como gobierno mantenían la disposición a retomar las conversaciones con el PPD para recomponer las confianzas. Pese a ello, hubo un análisis crítico del episodio por parte de los presidentes de los partidos. Guillermo Ramírez (UDI) lo calificó derechamente como un error y su par de Evópoli, Luciano Cruz-Coke, afirmó que el “ministro Alvarado tomó las riendas del asunto y está absolutamente corregido”.
La presidenta de RN, Andrea Balladares, a su vez, reconoció -en Desde la Redacción de La Tercera- que “fue un impasse que nos generó un problema”.
Tanto en Chile Vamos como en Republicanos advierten que Alvarado y Quiroz son figuras que no pueden ser debilitadas. Menos aún en medio de la tramitación de la megarreforma; de los proyectos que se avecinan -especialmente en materia de mercado de capitales, uno de las más sensibles-, y en la discusión por el presupuesto que parte en septiembre.

“Los roles de los ministros Alvarado y Quiroz son distintos y complementarios. Uno tiene el conocimiento técnico del proyecto y ha empujado como el que más la importancia que tiene en materia de reactivación y crecimiento económico. Y el otro entiende de política y trabaja coordinadamente para un buen resultado. Por tanto, no veo ningún espacio en el que supuestamente uno le esté enmendando la plana al otro o que uno actúe de buena fe y el otro al revés. No lo veo así. El gobierno es uno solo”, sostiene el senador Javier Macaya (UDI).
La ruta por ahora se mantiene.
En La Moneda se confidencia que se impuso muy temprano la tesis de negociar por separado con el PS y el PPD; que Quiroz siempre fue escéptico de la posibilidad de lograr un acuerdo con el Partido Socialista por los problemas internos en esa tienda y que siempre puso sobre la mesa su decisión de no negociar el corazón del proyecto en materia tributaria. Ambos ministros se dividieron las negociaciones, mecanismo que se aplicará para este martes en la Cámara, donde Quiroz se encarga de las conversaciones con el PDG y Alvarado con el ministro de la Segpres, José García Ruminot, del resto.
En medio de la batahola, el mismo martes 14 el Presidente Kast recibió a un almuerzo en Cerro Castillo a Quiroz, quien lo viene acompañando desde el 10 de julio del año pasado cuando se integró al comando como coordinador económico. Los más suspicaces lo interpretaron como un espaldarazo, por la difusión de la fotografía, cosa que no es habitual. Aunque La Moneda explicó a La Tercera que se subió, porque se le había dado una connotación especial a una reunión absolutamente normal.

COMENTARIOS
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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