Claudio Sapelli, economista y académico de la UC: “Estoy convencido de que un Ingreso Básico Universal es el camino que hay que seguir”

11 de Septiembre 2020 Entrevista a Claudio Sapelli Foto : Andres Perez

El director del Instituto de Economía de la Universidad Católica plantea un cambio revolucionario en la protección social en Chile: reemplazar cerca de 250 programas del Ministerio de Desarrollo Social por un Ingreso Básico Universal, que sea recibido por todos los que pierdan sus ingresos o estén en los estratos más bajos.




UN cambio estructural en la red de protección social, que permita un sistema de ayuda más rápido y aumente la cohesión social. Esa es la idea que sustenta el director del Instituto de Economía de la Universidad Católica, Claudio Sapelli, y que ha comenzado a despertar mayor interés debido a las crisis sanitaria y social.

El economista plantea la creación de un Ingreso Básico Universal (IBU), que se financie eliminando cerca de 250 programas del Ministerio de Desarrollo Social (sin tocar los destinados a temas de educación y salud), que involucran un monto superior a cuatro puntos del PIB. En noviembre pasado, el experto ya había postulado la idea, la que ahora incluso fue también promovida por el alcalde de Las Condes y presidenciable de la centroderecha, Joaquín Lavín, en una entrevista con La Tercera Domingo.

¿Cómo está viendo, a nivel general, el impacto que va a tener esta crisis en la desigualdad y en la pobreza?

-Viendo, nada, porque yo normalmente me manejo con las encuestas Casen, me gusta analizarlas con mucho detalle, y hasta que no tengamos una, no voy a tener números respecto de lo que uno espera. Ahora, queda claro que en muchísimas áreas Chile va a retroceder varios años, y lo va a hacer en términos de ingresos y todas las consecuencias que ha tenido la crisis sobre la caída en el empleo, sobre la gente que se ha retirado de la fuerza de trabajo, sobre el desempleo. Sin duda va a demorarse en volver a los niveles pre-estallido social, porque este último ya había traído consecuencias, y obviamente es parte del desafío de política pública que los indicadores sociales no retrocedan lo mismo que va a retroceder el nivel de PIB per cápita. Ojalá que esto no sea un retroceso con el que estemos de vuelta en el 2014, por ejemplo, en todo.

Por el lado de la pobreza, ya hay algunas preestimaciones. La Cepal dijo que la pobreza en Latinoamérica y Chile también podría subir varios puntos. La OCDE, en informes previos, alertaba ya que si los ingresos de los sectores más vulnerables bajaban considerablemente, cerca de la mitad de la población podría caer en la pobreza. ¿Qué se puede esperar del escenario en términos de esta variable?

-Las estimaciones de ahora son muy poco confiables, en general, porque hoy por hoy dependemos de qué tan rápida sea la recuperación. Entonces, saber qué tanto nos vamos a meter en el hoyo, o qué tan rápido vamos a salir del hoyo, depende de factores que no son los que solemos manejar los economistas. El escenario más optimista, que tuviéramos una vacuna para fin de año, yo te diría que permitirá pensar que muchas de las proyecciones que están dando vuelta van a terminar siendo pesimistas. Otra manera de expresar lo mismo que acabo decir, es que las predicciones tienen una varianza enorme. Esto es importante, porque en economía la incertidumbre importa mucho, y estamos en un escenario súper incierto, y eso va a afectar la inversión, por ejemplo, y eso sí va a dejar marcas importantes, porque si no hay inversión, el stock de capital se deteriora. Cuando salgamos de todo esto, cuando se acabe la incertidumbre, las empresas van a tener que ir reconstituyendo su stock de capital; eso va a llevar un tiempo

Estamos enfrentando dos crisis al mismo tiempo, puede que el tema sanitario termine, pero está todavía la incertidumbre de la crisis social.

-De acuerdo, no tenemos idea ahí de lo que va a pasar. De hecho, todos estábamos preocupados de la vuelta en marzo, y al final la gran noticia no fue si seguía o no seguía, sino que fue el virus, y eso, de alguna manera, abrió un paréntesis que no sabemos cuándo se va a cerrar, que es una de las preguntas, y una vez que se cierre ese paréntesis, no sabemos si seguimos como si no hubiese pasado nada entremedio. Si hay algo, uno pensaría que hay más bases para quejarse, porque la situación de vida de la gente se ha deteriorado.

El impacto de la crisis del Covid también es desigual: para la gente que tiene mayores ingresos, que es profesional, que puede hacer teletrabajo y que mantiene cierto nivel de ingreso, es distinto que para los que tienen menos habilidades y trabajan en áreas menos desarrolladas, que es0 donde ha caído más el empleo y los ingresos.

-Por supuesto, la tecnología de trabajo remota de alguna manera, en lenguaje de economista, termina siendo un fuerte complemento del capital humano. Entonces, si las personas que tienen alto capital humano son las que tienen los empleos en los cuales el trabajo remoto es factible, eso solo agrava una cosa que ha sido una tendencia por muchísimos años, de un sesgar los premios -salarios relativos- en el mercado del trabajo hacia las personas que tienen mucho capital humano, dejando a un grupo que está con bajo capital humano en una situación compleja. Esa es una posible explicación que personalmente me gusta a mí, de por qué salió electo Trump en EE.UU.

Él se transformó en el gran defensor de los perdedores que se sentían abandonados, y estamos hablando de un grupo de gente de clase media que trabajaba en una serie de industrias que, con la globalización, se terminó por localizar en otro lado, y se vio fuertemente afectado en su nivel de vida. Era gente de clase media que pasó a ser media baja o directamente dentro de la pobreza. Ahora, ¿por qué esto es tan claro en EE.UU. y no en otros países? Bueno, porque la red de contención que tiene EE.UU. es más chica que la que tiene, por ejemplo, Europa.

¿Cómo funcionó, entonces, la red de ayuda en Chile?

-Hubo medidas nuevas, no fue porque la red que había funcionara automáticamente. Lo que se necesita para que una sociedad funcione sin tantos temores, con la gente tomando riesgo, siendo optimista, es que la operación de la red sea más automática, que la gente pueda contar con ella, porque si no, no es un seguro, es una ayuda puntual, con la cual uno no sabe si va a contar o no va a contar.

Luego de la crisis social, usted señaló la idea de eliminar programas del Ministerio de Desarrollo Social (MDS) y generar un Ingreso Básico Universal (IBU).

-Los argumentos para implementar un IBU son muy buenos. Yo estoy convencido de que ese es el camino a seguir. La red de protección que maneja el MDS tiene una multiplicidad enorme de programas, de hecho maneja como 400 programas. ¡400! De ellos, un poco más de la mitad son a los que hacía referencia en esa oportunidad, porque los otros están asociados a educación y salud, entonces yo tendría mucho cuidado. Pero creo que la mayoría de esos más de 200 programas se podrían reemplazar por el IBU y eso es importante, porque le daría el financiamiento que necesita y uno de los puntos fundamentales es que el financiamiento está ahí, porque si no, plantear eso en el contexto en que Chile va a salir de esto con problemas fiscales, mayor deuda, etc., es complicado.

El otro tema que es relevante es el efecto sobre el mercado laboral y el diseño de los programas. Voy a generalizar: son programas que se reciben completamente o no los recibes, no hay gradación para retirarte del programa. Llega un momento en el que se avanza un paso más y se acaban todos los programas, lo lógico sería que fuera gradual, hasta dejar de recibir. En ese formato el programa acompaña y va soltando de a poco. Esta característica de blanco y negro actual es muy perjudicial, porque genera un montón de incentivos perversos para las personas que están progresando en la vida, pero que cuentan con estos programas y se dan cuenta de que si hacen algo más, tienen un trabajo nuevo -por ejemplo-, lo pueden perder todo. Eso es lo que los economistas llamamos un impuesto confiscatorio en el margen, porque se gana un peso más y se pierden $ 100 mil, entonces obviamente la gente encuentra formas de eludir esto. Se hacen trabajos informales o no se toman trabajos, lo que también es perjudicial.

¿Cuando se habla de ingreso “universal”, a qué se refiere?

-Acá lo ideal es que el concepto de universal sea que todos somos, en principio, posibles “clientes” si nos va suficientemente mal. Esa es la idea de un seguro: que la gente ande por la vida sin el temor de que mañana van a perder el trabajo porque llegaron robots o automatización, y los hace volver a la pobreza más absoluta. Hay muchos shocks -incluyendo la pandemia- que hacen que un esquema de este tipo tenga un rol muy importante en mantener la cohesión social, en mantener un proyecto colectivo, en el que todos creamos, en el que si hacemos las cosas bien nos va a ir bien y si hay un shock inesperado de cualquier tipo tenemos una red que nos va a sostener durante ese período en el que ese shock dure. Entonces, cuanto más universal, mejor. Ahora, el IBU viene en distintos sabores y uno de ellos, y que a mí me parece importante destacar, es que uno lo puede implementar entregando un cheque por un monto a todo el mundo que cumpla determinadas características -como ser ciudadano, por ejemplo-.

La otra forma de implementarlo es a través de un impuesto negativo al ingreso. La ventaja de esto último es que permite que, a medida que van subiendo los ingresos, los cheques van bajando y, por ejemplo, a toda la clase media ni le doy subsidio ni le cobro impuesto y cuando se llega a la gente más rica se les cobra impuestos. Así, tienes un esquema en el cual a los que están en la parte más baja de la distribución de ingresos les estás dando recursos, a los que están en la parte intermedia no los tocas, y a los que están en la parte más alta les cobras los impuestos que se necesita para financiar a los otros. En ese esquema los que terminan recibiendo plata son solamente los que están en la parte más abajo de la distribución.

Usted ha planteado también que el monto es de cerca de 4 puntos del PIB...

-Las necesidades dependen de la distribución de ingresos. Si uno está pensando que la población chilena es hoy un poco más pobre, puede que se necesite un poco más de ingresos. Los programas muchas veces se diseñan pensando en un porcentaje de la mediana de ingresos del país. Un esquema podría ser 25% de la mediana de ingresos, que es un número que se usa mucho.

Esos son como $ 150 mil por persona, lo cual para una familia de 4 serían unos $ 600 mil. En ese esquema, en mis estimaciones -que ya tienen un par de años- se requeriría cerca de 4 puntos del PIB. Hoy es probable que se necesite más. Ahora también uno puede decir que la mediana cayó, entonces el sistema que quiero implementar es menos generoso, por lo que el orden de magnitud puede ser similar.

¿Y el ahorro por la eliminación de los programas del MDS es similar a esos recursos?

-Sí, similar, un poco mayor de hecho. Si no recuerdo mal, son cerca de 6 puntos del PIB.

¿Las personas deberían cumplir ciertas condiciones para acceder?

-Eso va a ser un tema cuando se discuta, porque hay gente que cree que tiene que ser condicional a algo, como mandar a hijos al colegio, por ejemplo. Pero la idea base de IBU es que sea incondicional, solo condicional al ingreso, no a otros factores.P

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