Por Maximiliano VillenaPetróleo, oro y dólar: cómo se han comportado los activos en otros conflictos y qué esperar en actual crisis en Medio Oriente
XTB Latam realizó un análisis sobre el comportamiento de cuatro clases de activos tras los ataques del 11 de septiembre de 2001 en EEUU, la guerra de Irak en 2003, la invasión a Ucrania en 2022 y la reciente captura de Nicolás Maduro, entre otros.

“La historia demuestra que los mercados financieros rara vez reaccionan de forma permanente ante eventos geopolíticos”, señala Sebastián Martínez, analista de mercados de la app de inversiones XTB Latam, entidad que en el contexto actual de la guerra desatada hace una semana en Medio Oriente, realizó un análisis sobe el comportamiento de distintas clases de activos durante los eventos geopolíticos desde el año 2000 a la fecha.
El estudio comprende los ataques del 11 de septiembre de 2001 en EE.UU., la guerra de Irak en 2003, los atentados en Madrid en 2004 y las bombas en Londres en 2005, la guerra del Líbano, la invasión a Ucrania en 2022, el ataque de Hamás a Israel en 2023 y la reciente captura de Nicolás Maduro.
Según Martínez, en estos episodios el oro emerge sistemáticamente como el activo de cobertura más consistente, mientras que el petróleo, “representa el activo de mayor sensibilidad al desarrollo del conflicto. Cuando las tensiones afectan directamente la infraestructura energética global, el impacto puede ser profundo y prolongado”.
En tanto, la renta variable global, particularmente en Estados Unidos, “ha demostrado una notable resiliencia frente a episodios geopolíticos en las últimas décadas” plantea el reporte, mientras que el peso chileno “aparece como uno de los activos más vulnerables de forma indirecta a este tipo de crisis”.
En concreto, el estudio sostiene que el tipo de cambio chileno tiende a reaccionar inicialmente con depreciaciones frente a eventos geopolíticos globales. En promedio, el peso registra una caída cercana al 0,90% frente al dólar durante la primera semana de una crisis internacional, aunque a los dos meses del evento se aprecia 0,1%.
“Este comportamiento responde principalmente a la búsqueda de refugio en activos denominados en dólares por parte de inversionistas globales, lo que genera salidas de capital desde monedas de economías emergentes”, señala XTB.
Junto con ello, indica que el caso chileno presenta una dinámica particular, pues el cobre puede actuar como un amortiguador natural si el conflicto impulsa la demanda global por metales industriales, o si el aumento del precio de la energía se traduce en presiones inflacionarias globales que favorezcan a las materias primas.
“El riesgo actual radica en que un shock energético prolongado pueda sostener la presión sobre el tipo de cambio más allá del patrón histórico de reversión observado en crisis anteriores. La fuerte dependencia energética de Chile implica que un aumento sostenido en el precio del petróleo podría amplificar el impacto inflacionario y reforzar la depreciación del peso”, señala Martínez.
El oro
En el caso del oro, XTB indica que “su rol dual como reserva de valor y cobertura frente a la pérdida de confianza en el sistema monetario lo convierte en el principal destino de los flujos defensivos durante los primeros días de una crisis”.
Así, en el 87% de los eventos analizados el metal registró retornos positivos en el horizonte de una semana, con una variación promedio cercana al 2,58%. Al mes se empinó 4,03% promedio y posteriormente moderó el alza a 3,9%, a dos meses del evento.
“Este comportamiento refleja la demanda inmediata de protección por parte de inversionistas institucionales cuando aumenta la incertidumbre global”, dice Martínez.
El petróleo
“El petróleo tiende a reaccionar con fuerza al inicio de conflictos geopolíticos, pero la experiencia histórica muestra que ese movimiento suele revertirse rápido cuando la perturbación no se traduce en un daño real sobre la infraestructura energética”, explica Martínez.
Según el estudio, el mercado incorpora el riesgo geopolítico tan velozmente como lo descuenta, pero la excepción más relevante fue la invasión rusa a Ucrania en 2022, donde la interrupción efectiva del suministro energético llevó al Brent a acumular más de un 20% de alza durante el primer mes.
“Ese episodio fue estructural, no transitorio, y es el patrón que el escenario actual podría replicar: el estrecho de Ormuz concentra aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de petróleo, y cualquier interrupción prolongada generaría un shock de oferta significativo”, manifiesta Martínez.
A la semana de los eventos analizados el crudo mostró un alza promedio de 3,67%, al mes se moderó al 1,87% y dos meses después caía 0,27%.
Acciones globales
Para el caso de la renta variable estadounidense, históricamente se observa un patrón en forma de V frente a eventos geopolíticos.
El reporte señala que en promedio el S&P 500 registra una caída cercana al 1% durante la primera semana posterior al inicio de un conflicto, seguida por una recuperación aproximada de 2,45% en los dos meses siguientes.
“Este comportamiento refleja la capacidad del mercado accionario estadounidense para absorber shocks externos cuando estos no afectan directamente los fundamentos económicos domésticos”, sostiene Martínez.
No obstante, advierte que el patrón cambia cuando el conflicto genera un shock energético persistente que presiona los márgenes corporativos y el consumo interno.
“En ese escenario, el impacto sobre la actividad económica puede extender la volatilidad del mercado accionario por un periodo más prolongado. Ese es precisamente el riesgo que los inversionistas comienzan a evaluar actualmente, en un contexto donde el precio de los combustibles ya muestra señales de presión y la estabilidad del suministro energético global permanece bajo cuestionamiento”, detalla.
De acuerdo al reporte, a la semana de ocurrido el evento el precio del crudo cae 1,02%, para subir 2,11% tras un mes y 2,45% en dos meses.
En su escenario base, XTB apunta a que el conflicto actual en Medio Oriente se mantiene contenido geográficamente y no se materializan interrupciones prolongadas del suministro energético global. En este contexto, los mercados registrarían episodios de volatilidad en el corto plazo, pero los precios del petróleo tenderían a estabilizarse y la renta variable global recuperaría parte de las pérdidas iniciales.
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