Ricardo Escobar por reforma tributaria: "Veo el riesgo de que terminemos con una mala reforma por segunda vez en cuatro años"

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El ex director del Servicio de Impuestos Internos advierte que se perdió el foco: "No están de acuerdo en lo que quieren cocinar, por lo que la discusión de los ingredientes resulta un poco ridícula".


Con perplejidad observa Ricardo Escobar el rumbo que ha tomado la discusión de la Reforma Tributaria (RT) después de ocho meses en el Congreso.

El exdirector del Servicio de Impuestos Internos (SII) y hoy socio del estudio Bofill, Escobar, Silva, demanda a la oposición a aprobar la idea de legislar y al gobierno un diseño tributario coherente para no continuar con este tema abierto por más años.

¿Cómo está viendo la discusión que se está dando respecto del proyecto de RT?

-Separaría la respuesta. Obviamente, una discusión sobre la RT de 2014-2015 es indispensable, porque esa fue una mala reforma que terminó gravando más a la clase media. Miles de personas que no son ricos -que pagan tasas menores al 35%- quedaron en el sistema semiintegrado, y además tuvo un costo de cumplimiento muy alto, con problemas técnicos en su diseño. Por lo tanto, hay que cambiarla. Lo segundo es que se requiere un diálogo y un acuerdo sobre cómo reemplazarla, para que no ocurra lo que sucedió en 2014.

Diálogo ha habido.

-Acá se perdió la posibilidad de haber invitado a una discusión técnico-política para buscar un acuerdo como se hizo en seguridad y niñez. Como eso no ocurrió, hoy tenemos un proyecto de cientos de páginas que lleva ocho meses estancado en el Congreso, donde sorprende la estrategia que ha seguido el gobierno de negociar solo y entregando sus fichas.

¿A qué se refiere?

-Fue incomprensible que después de las promesas de campaña el gobierno bajara la idea de reducir el impuesto a las empresas. Entiendo la razón técnica, pero no la política. Y ahora el ministro de Hacienda, Felipe Larraín, anunció cambios para destrabar el proyecto, pero a la semana se demostró que eran insuficientes, y se le piden nuevos cambios, ¡antes siquiera de aprobar la idea de legislar! La oposición está siendo muy efectiva acorralando al gobierno, aprovechando la mayoría que tiene en el Congreso.

¿Qué le parece la estrategia seguida por la oposición?

-El problema es que la mayoría del país votó por lo que ofreció el señor Piñera como Presidente, y ganó por lejos, entonces el mensaje de la ciudadanía es que quería un cambio. Por ende, es bastante impresentable defender como un gran éxito lo que hizo el gobierno anterior; creo que la oposición se puede estar equivocando al defender una mala RT.

¿Deberían aceptar la propuesta del gobierno?

-El proyecto se podría mejorar, pero la discusión ahora es política, no técnica, porque la oposición no quiere que le toquen la reforma de 2014, como si hubieran hecho una gran obra, cuando no lo fue: esa fue una RT que les bajó el impuesto a los más ricos al reducir la tasa de 40% a 35% y con el impuesto sustitutivo de 32%. Fue un mal diseño, hay que cambiarlo, no debiera caber duda política sobre eso.

El punto de la oposición es que quieren que los altos ingresos compensen la integración que cuesta US$ 800 millones, ¿no lo encuentra válido?

-Acá hay una recaudación que nadie nunca quiso: el 9,45% que deben pagar contribuyentes de clase media. Ese fue un efecto colateral del diseño de la RT anterior, entonces políticamente es complicado exigir que se deba reemplazar ese costo por una recaudación a los más ricos o a las empresas. Entiendo la necesidad de ello, pero no veo que sea una condición para negarse siquiera a aprobar la idea de legislar, no se puede tener de rehén a un gobierno exigiendo una negociación por los diarios antes de que haya un debate serio sobre los temas en el lugar que corresponde, que es el Congreso.

El senador Ricardo Lagos propuso dividir el proyecto y dejar la parte más 'peliaguda' a una comisión técnica, ¿es una solución?

-Lamentablemente, el gobierno está entrampado en este minuto dada la minoría que tiene. Si existe el acuerdo para acometer un segundo proyecto sobre el sistema semiintegrado y las normas antielusión, dándose más tiempo para diseñarlo, mejor. Ahora, eso requiere un compromiso político serio de ambos lados, porque lo que no puede ser que la mayoría del Congreso trate de imponer su voluntad, olvidando que quienes ganaron la elección fueron los otros.

La oposición insiste en la progresividad del sistema, ¿es eso posible?

-Por otro lado, leí a un asesor de la Sofofa que decía que la primera prioridad de la RT debía ser promover el ahorro; la segunda, la inversión, y la tercera, la certeza jurídica. Cuando se piensa en una RT se debe primero asegurar la recaudación, segundo revisar quiénes queremos que paguen impuesto y, ojalá, que no generen efectos negativos macro. Ese debiera ser el orden de las cosas, definiciones que no se han acordado.

Pero el gobierno ha señalado que su objetivo es la inversión y la certeza jurídica.

-Pero se está proponiendo un popurrí de ideas que son incoherentes, porque no hay una discusión seria sobre lo que se quiere. Se discute si ponerle un aliño u otro a un plato que todavía no está convenido, no sacamos mucho con que unos digan "piquemos más zanahoria" y los otros quieran echarle duraznos, porque no están de acuerdo en lo que quieren cocinar, la discusión de los ingredientes resulta un poco ridícula. Creo indispensable hacer una reforma, lo lógico es que se apruebe la idea de legislar y a continuación se tomen todo el tiempo en uno o dos proyectos para hacer las cosas bien; no nos obliguen a todos los chilenos a pasar por el vergonzoso proceso del 2015 para terminar con una mala reforma.

¿Ve el mismo riesgo?

-Claro. Veo el riesgo de que volvamos a tener un traje de payaso negociado, que sea lo que se pudo obtener porque unos senadores y diputados bloquean todo, y del otro lado no hay oportunidad de hacer un mejor diseño porque los tiempos políticos apremian, y terminemos con una mala reforma por segunda vez en cuatro años. Y en dos años más, en las próximas elecciones, los candidatos nos van a estar ofreciendo otra RT. Eso lo podemos seguir haciendo infinitamente y, mientras tanto, Corea del Sur y Nueva Zelandia seguirán siendo países que les va regio y cuyos niños siguen adelantándose a los niños de Chile.

A su juicio, ¿cuál debería ser el plato de consenso?

-Ese es el trabajo que se debe hacer, no se puede proponer un plato tributario como caído del cielo, sino que partir de lo que hay, revisar los problemas, las áreas mal diseñadas y saber que cada vez que uno ajusta una tuerquita hay otras que se desequilibran. Si queremos progresividad, eso tiene un costo, y si por otro lado dicen que el crecimiento es importante y no hay que gravar el ahorro ni la inversión, ¿entonces dónde gravamos?

¿Darle progresividad al sistema significa gravar el ahorro, sí o sí?

-O por lo menos ciertos tipos de ahorro, porque al final el ahorro es el ingreso que no se consume y la gente rica es la que ahorra. En la discusión actual confunden la realidad los que dicen que a un empresario que ganó US$ 100 millones y retiró US$ 5 millones para vivir hay que cobrarle impuesto por los $ 100 millones, cuando hubo $ 95 millones que quedaron invertidos en la empresa. Ese es el primer gran mito: la progresividad tiene que ver con el Global Complementario, donde importan las rentas que se retiran, porque en el resto (Primera Categoría) estamos hablando de tasas planas que afectan del mismo modo a empresas chicas y grandes.

Es por ello que están apuntando a las sociedades de inversión.

-Mire, si dos hermanos tienen una sociedad para controlar dos empresas y están pagando un préstamo, si se grava esa sociedad se está gravando el haber hecho negocios, no el ser más ricos, porque no viven mejor.

Es que hay otras que se generan para evitar el pago de impuestos, como las contribuciones.

-Es muy difícil hacer esa separación. Hay una especie de ingenuidad a veces en los economistas respecto de las limitaciones que tiene la herramienta legal. Uno puede entender tras lo que andan, porque hay ciertos abusos, pero la solución no es esa regla gruesa que nos anuncian.

1% a las regiones: "Es curioso que se quiera poner un impuesto a la inversión"

Desmenuzando los instrumentos que se han puesto en la mesa, ¿qué le pareció la idea del gobierno de destinar el 1% de las inversiones a las regiones?

-Sorprende. Uno se pregunta qué es una inversión en región. Si yo me compro un fundo en Osorno en US$ 10 millones, ¿hice una inversión, aunque no haya hecho nada nuevo, porque están las mismas vacas, mismos establos y mismos tractores? Si la planifiqué desde mi oficina en Santiago, ¿tendré que pagar allá y acá? ¿O es solo donde existe físicamente la inversión? No me imagino escribiendo esa regla. A continuación se señala que quedará para las regiones que no constituyen un patrimonio distinto del Fisco, entonces ¿quién va a ser el acreedor de este impuesto?, ¿habrá que hacer una declaración separada a la intendencia? Es muy confuso el lenguaje que se está usando, lo puedo entender en lo político, pero presenta muchas limitaciones técnicas.

¿Concuerda con el empresariado de que es otro impuesto?

-Es un tributo, porque es un desembolso que impone la ley, como el impuesto a timbres y estampillas y el de bienes raíces, por tanto no cabe ninguna duda que es un impuesto, eso es introducción al derecho tributario.

¿El que se rebaje del Impuesto a la Renta no neutraliza ese gasto?

-Lo único que significa es que si debe pagar US$ 1 millón en impuesto a la región, se ahorrará US$ 270 mil, porque lo va a rebajar del Primera Categoría, en la práctica es un impuesto de 0,73%. Pero lo curioso es que se quiera poner un impuesto a la inversión, por lo que los proyectos saldrán más caros en 0,73%.

¿Qué opina de limitar a tres años el uso de las pérdidas tributarias?

-Con esta idea no se entiende la depreciación acelerada, y ahí sí que saldría más caro invertir. Lo más probable es que una gran inversión que lleve todo a gasto en un año, solo se recuperará contra ingreso en siete, ocho o 10 años, y si se limita el uso de pérdidas a tres años, entonces es inútil hacer la depreciación acelerada.

En Chile el uso de las pérdidas es ilimitado, y en otros países no.

-Esto tiene que ver con el diseño en conjunto. A fines de los 80 por primera vez hubo grandes proyectos de inversión privados en la minería, que no alcanzaban a ser compensados con rentas dentro de cinco años como era la norma; por eso se alargó el sistema y en vez de pasar de cinco a 10 años, dijeron simplemente indefinido.

¿Es lo adecuado?

-Es muy generoso, porque al final los Estados son socios en los proyectos en la medida en que participan en la renta cobrando el impuesto. Y normalmente les dicen a los privados que serán un socio pasivo, y si le va bien, ganan los dos; si le va mal, el privado no pagará impuesto por un tiempo y el Estado no obtendrá nada, pero lo aguanta por un tiempo, y después de un rato las pérdidas son privadas y no del Fisco. Esa es la lógica y por eso se le pone un tope al uso de pérdidas, y aquí falta esa conversación, ponerse de acuerdo en un número.

¿Es una buena idea gravar las plataformas digitales?

-A un nivel de tasa de 19%, uno se pregunta si lo lógico no sería que fuera un IVA y que el responsable de pagarlo sea el comprador, porque así las empresas no pagarán impuesto ni les encarece el proceso productivo por usar tecnología.

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