La inexplicable cadena de errores que desató la epidemia mundial de coronavirus

Desde el inicio de la epidemia, la infección se ha extendido a 117 países e infectado a miles de personas. Las personas han sido puestos en cuarentena en un esfuerzo por contener el virus, aunque en varias ocasiones se han violado las medidas oficiales de contención. La idea, es que esto no se repita en Chile.


Todo parecía bien el 18 de enero, cuando la localidad de Wuhan, al este de China, se aprestaba para celebrar el Año Nuevo Lunar proyectado para el 25 de enero.

En la oportunidad, la ciudad organizó un banquete comunitario al que asistieron 40 mil familias, buscando que la ciudad, una de las más importantes del país con 11 millones de habitantes, se convirtiera en récord mundial por platos servidos en un solo evento. Los invitados llevaron más de 13 mil platos con comida casera y la compartieron entre sí, y tras el logro se anunció la entrega de 200 mil entradas a los residentes para las celebraciones conocidas como “la mayor migración humana del planeta”. Allí, millones de personas viajan a sus lugares de origen para pasar las fiestas con sus familias.

Dos días después, las autoridades de Wuhan le daban la mala noticia al mundo: un desconocido virus que hasta ese momento se había considerado como “poco peligroso”, era más grave de lo que se pensaba. Un día después de eso, la ciudad de 11 millones de habitantes quedaría en cuarentena.

Fue uno de los errores más visibles de una cadena de expansión que al día de hoy tiene 115 mil casos y 4 mil fallecidos en todo el mundo -incluyendo 17 infectados en Chile-, con países como Corea del Sur y España al borde del colapso, y a Italia completamente en cuarentena.

“Uno de los grandes errores es no conocer a cabalidad las características del virus”, afirma Rodrigo Blamey, infectólogo de la Clínica Las Condes. “Uno de los datos que nos faltaba era conocer cuánta transmisión ocurre en el periodo presintomático; sabemos que la mayoría de los virus respiratorios se transmiten muy bien desde los pacientes con síntomas, pero lo que no sabemos es qué ocurre con los pacientes sin síntomas”.

“Aparentemente la transmisión de la etapa presintomática es un componente muy importante en este caso. Se supone que son pocos días -no se sabe cuántos- pero pueden ser tres días previos al inicio de los síntomas. Como los pacientes transmiten antes, es imposible hacer el diagnóstico y la transmisión se realiza varias veces”, agrega.

El mercado siniestro

Aunque oficialmente se dice que el virus comenzó el 1 de diciembre de 2019, el primer caso fue reportado recién una semana después.

Mientras la enfermedad se propagaba silenciosamente, funcionarios locales le bajaban el perfil insistiendo que era “tratable” y estaba bajo control. Fue ahí cuando se conoció la historia de Li Wenliang, un médico que alertó a sus colegas y alumnos de la peligrosidad del brote, siendo silenciado por las autoridades acusándolo de compartir rumores falsos, y que posteriormente falleció luchando contra el brote. Para aquél momento, los funcionarios de salud en Wuhan ya se habían tardado en dar cuenta de la gravedad del virus y cuando la ciudad fue cerrada, muchos casos habían sido registrados en otras partes del país. La censura recordó al episodio ocurrido en 2003 con el virus SARS -primo biológico del actual nuevo coronavirus- y de acuerdo a los expertos, la población pudo tomar distintas decisiones si la prensa local y las autoridades hubiesen revelado esta creciente preocupación. Pero en vez de eso, salieron de viaje. El 21 de enero, Beijing reportó cinco casos de personas que habían visitado Wuhan, entre ellos, extranjeros que habían visitado un exótico mercado que incluso era considerado como atracción turística.

El inglés David Marland vivía a cinco minutos de un mercado de animales exóticos y mariscos vivos en Wuhan, conocido como la zona cero del nuevo coronavirus. El lugar -hoy clausurado- ofrecía una amplia variedad de vida silvestre exótica, con platos que por hasta 42 mil pesos chilenos incluyen zorros, murciélagos, escorpiones y otros. Pero las condiciones para animales vivos y la carne dejan mucho que desear, y según estimaciones de científicos era una de las opciones más obvias para determinar qué animal es el que transmitió la nueva cepa de coronavirus a los humanos: murciélagos o serpientes.

En conversación con medios ingleses, señaló que caminaba habitualmente por el lugar y que a pesar de llamar a los servicios de ayuda tras arribar al Reino Unido, sólo le preguntaron si tenía “el resfriado”. Al responder negativamente, la persona al otro lado de la línea le dijo que volviera a llamar si comenzaba a sentirse mal. Aunque Marland nunca se enfermó, su caso fue emblemático en el país -que hoy tiene 373 infectados y dos muertos-, en base a una situación que se repetiría en varios lugares alrededor del mundo.

Así ocurrió con los primeros evacuados estadounidenses de Wuhan, al ser trasladados a sus hogares. Según los informes, funcionarios de salud que se reunieron con ellos el 29 de enero lo hicieron sin el equipo de protección adecuado o la capacitación adecuada, algo que recién se hizo público hasta casi un mes después. Otros reportes hablan de una mujer bajo cuarentena en San Diego, que tras llegar de Wuhan fue liberada accidentalmente a pesar de mostrar síntomas del virus y que posteriormente dio positivo.

La respuesta de Estados Unidos (791 casos, 27 muertos) bajo el gobierno de Donald Trump ha sido cuestionada por expertos, que lo acusan de sembrar la confusión minimizando el brote del virus en un año electoral. En las últimas semanas se han conocido historias de problemas con los equipos de prueba entregados por el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), y las cada vez más habituales denuncias que el personal médico que trata a pacientes infectados no cuenta con el equipo adecuado, así como retrasos en las pruebas, falta de compromiso de las autoridades y protocolos mal aplicados. Esto se agravó por la decisión de las autoridades de permitir vuelos desde Europa, cuando un incipiente brote en Italia recién comenzaba su expansión.

Italia (10 mil infectados, 631 muertos) es el país más afectado en Europa, y tiene el segundo brote de coronavirus más mortal fuera de China. Hasta hoy, cuando 60 millones de personas se encuentran en cuarentena, los científicos aún no tienen certeza de por qué han habido tantos casos y contagiados. Una de las historias que más resuena en el país europeo es la de San Marco in Lamis, una pequeña comunidad de 14 mil personas en el que un funeral se transformó en una pesadilla, cuando una persona falleció antes que se supiera que estaba portando el virus y contagió a su esposa e hija, que tras entrar en contacto con familiares y a amigos infectaron a 70 personas. El hombre, de 75 años, había viajado a Lombardía, en el extremo opuesto del país. El resultado del examen salió después que su cuerpo fue entregado a la familia.

Pero eso no era todo. El virus continuaba su expansión, y la epidemia de las noticias falsas y la desinformación continuaba alrededor del mundo.

Foto: Reuters / Ciro De Luca.

El factor humano

“Uno de los errores más frecuentes frente a la expansión de un virus es la desinformación y el miedo. Por lo tanto, es clave evitar las recomendaciones o comentarios de páginas o redes sociales no oficiales, que no se fundamentan en su contenido en las orientaciones de las organizaciones o que más bien generan dudas e incertidumbre”, señala María Teresa Muñoz, doctora en salud pública de la Universidad de Chile y académica magíster en salud pública UCM.

“El principal error que se da en la expansión de un virus como el caso del COVID-19 tiene que ver justamente con eso, el desconocimiento y el tomar decisiones sin la información adecuada, derivando en la ansiedad y en conductas erráticas como el agotar insumos médicos que son claves para otros problemas de salud y generan desabastecimiento de estos a nivel local, o al contrario, no seguir las recomendaciones adecuadas frente a la cuarentena de un caso sospechoso”.

Para Muñoz, otros errores más importantes tiene que ver con que los países no tomen las medidas y protocolos sugeridos por la OMS para los brotes epidémicos, como ocurrió en China, donde los mismos funcionarios de salud calificaron como rumores la aparición del virus y no aplicaron tempranamente los protocolos correspondientes frente a un brote epidémico.

“Es importante aplicar las medidas de prevención que se han recomendado y tener presente que aún no existe un tratamiento antiviral específico para el COVID-19 y este todavía está en investigación”.

“El error más grande que puede existir es la ignorancia y desorganización frente a una epidemia”, asevera.

La enorme cadena de incidentes sólo fue una muestra de una tendencia que se acentuó cada vez más, ya que en su implacable expansión, el nuevo coronavirus explotó todos los errores humanos posibles. Y éstos llegaron al medio del océano.

El crucero

¿Cómo era posible que un crucero que comenzó con diez personas enfermas acabara con más de 700 contagiados?

Es lo que ocurrió con el Diamond Princess, que por más de una semana se transformó en el centro de contagio más potente fuera de China. Tras conocerse que algunas personas estaban infectadas, todo el barco quedó en cuarentena, y cada vez más personas a bordo comenzaron a enfermarse.

Desde el inicio, los pasajeros denunciaron falta de información sobre el virus y su situación. Nuevamente los controles de temperatura fueron deficientes, y muchos expertos señalaron que los problemas eran completamente predecibles. Lo peor vino cuando las autoridades dejaron que la gente sin medidas adecuadas de medición, descendieran del barco, incluyendo a una mujer de 60 años que dio negativo y después positivo. Lo mismo ocurrió con cuatro ciudadanos ingleses que arribaron a su hogar sin recibir el resultado de los exámenes, y finalmente todos estaban infectados.

Autoridades del Ministerio de Salud de Japón dirían posteriormente que su política de aislamiento no era el mejor. “Ningún lugar es perfecto excepto en un hospital”, afirmaron. Siete personas habían fallecido en el malogrado barco.

“Tras la implementación de protocolos y medidas de control, la autoridad sanitaria debe recurrir a un grado de entendimiento del proceso en desarrollo, que por las causas y efectos, es propio a diversas áreas de experticia. Se ha de recurrir a este conocimiento, como también al que se debe recoger y elaborar”, asegura Fernando Córdova-Lepe, director del doctorado en modelamiento matemático de la Universidad Católica del Maule.

“El Covid-19 llegó, las recomendaciones enunciadas según la fase de expansión están, pero pueden chocar con la inercia cultural y la necesidad país de seguir funcionando. Toda medida tiene su tiempo de eficacia y de tolerancia social, la sostenibilidad, no solo económica sino también social, es un concepto a considerar. Al existir incertidumbre sobre el curso de la enfermedad, válido es preguntarnos si estamos entendiendo y relacionando bien la virología, epidemiología e ingeniería de control, en el contexto país, para conseguir la salida o control del virus al menor costo en salud”, apunta.

De ser necesario, Salud proveerá de mascarillas y de alcohol gel en lugares públicos. Foto: Agencia Uno.

¿Es posible que se repita en Chile?

Para Córdova-Lepe, una metodología que puede ayudar a proyectar con formalismo ritmos, cifras de afectados y estructuras de futuras de las cadenas de contagio en Chile de Covid-19 es el desarrollo de modelos matemáticos y/o estadísticos a través de equipos interdisciplinares.

“Se espera que la oficinas de vigilancia y/o análisis esté haciendo esta labor. Sin embargo, los modelos matemáticos y/o estadísticos no son la realidad, son solo maquetas conceptuales para representar algún aspecto de ésta, una suerte de caricatura en la que podemos reconocer rasgos que permiten la identificación. Es decir, nacen con una subjetividad asociada, por ejemplo, hay siempre intencionalidad en la búsqueda de un modelo, por lo que se pone acento en algunos aspectos y no en otros”, señala.

“En Chile se ha procedido de manera efectiva y rápida, aunque hay que tener presente que en Sudamérica nos ha favorecido observar cómo se ha comportado la epidemia en los otros países; esto ha permitido que se pueda actuar a tiempo e informar a la comunidad, preparar a los equipos de salud, considerar la época del año que ha permitido tener identificados los casos sospechosos y fortalecer las campañas de invierno a tiempo frente a la aparición de otras epidemias virales como la influenza”, puntualiza María Teresa Muñoz.

“El haber decretado el sábado 7 de enero la alerta sanitaria por emergencia de salud pública de importancia internacional por parte del Minsal permitió a las autoridades actuar de manera responsable y rápida, y no replicar errores que se han dado en otros países como China”, añade.

Lorena Ayala, académica de la escuela de enfermería de la Universidad Católica del Maule, recuerda los comportamientos ante este tipo de virus: lavarse las manos, adoptar medidas de higiene respiratoria (estornudar en el antebrazo o en un pañuelo), respetar la mantención de distancia social para evitar el contacto físico (no saludar de beso, evitar abrazos), no llevarse las manos a la boca u ojos sin antes tener higiene, evitar aglomeraciones de gente, e higienizar celular o elementos que usamos cotidianamente.

El error final

Con todo lo anterior, quizá nada sea tan seguro, incluso los informes que hablan del mercado como la zona cero de la epidemia. A fines de enero, un grupo de investigadores chinos publicó un estudio sobre los primeros 41 pacientes hospitalizados con la infección. En el primer caso, el paciente que se enfermó el 1 de diciembre de 2019, no tenía ningún vínculo con el mercado de mariscos.

“No se encontró ningún vínculo epidemiológico entre el primer paciente y los casos posteriores”, afirman. Sus datos también muestran que, en total, 13 de los 41 casos no tenían vínculo con el mercado.

Si los nuevos datos son precisos, las primeras infecciones en humanos deben haber ocurrido en noviembre de 2019 -si no antes-, porque hay un tiempo de incubación entre la infección y la aparición de los síntomas. Si es así, el virus posiblemente se propagó en silencio entre las personas en Wuhan, y tal vez en otros lugares, antes que se descubrieran los casos del mercado en diciembre.

“Ahora parece claro que el mercado de mariscos no es el único origen del virus”, establece el estudio. Al parecer, por ahora estamos lejos de saber dónde se originó.

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