Piñera vuelve al plan original

Los 45 años del Golpe Militar, la crisis de Quintero y la necesidad de un cambio de gabinete -entre otros- pusieron en jaque el diseño para el manejo de la imagen presidencial que -para el segundo mandato de Piñera- lo perfilaban alejado de la contingencia y enfocado en temas nacionales. Ahora -dicen en Palacio- viene el repliegue que incluye más de un “día de silencio” del Mandatario a la semana.


En las últimas tres semanas, un nuevo foco de preocupación se instaló en el oficialismo y llegó al comité político de La Moneda. En privado, el equipo de colaboradores más cercanos al Mandatario Sebastián Piñera tomó nota de que el diseño original para el manejo de la imagen presidencial previsto para el segundo mandato de gobierno comenzaba a desdibujarse. A ello se sumaba que personeros oficialistas comenzaban a dejar entrever los riesgos de una sobreexposición de la figura presidencial y la preocupación de que Piñera retome el excesivo protagonismo mediático que caracterizó su primera administración, cuando llegó a tener más de 2.100 apariciones en medios de comunicación solo en febrero de 2013, mes en el que interrumpió sus vacaciones en un esfuerzo por retomar la agenda pública.

Solo esta semana, entre el lunes 10 y el jueves 13 de septiembre, Piñera encabezó nueve actividades con prensa, cuatro de ellas fuera de La Moneda. Una cifra muy por encima del diseño estratégico que definió el oficialismo después de ganar las elecciones en 2017.

Por entonces, se hablaba de reducir las apariciones públicas del Mandatario a dos o tres pautas a la semana y reservar las vocerías presidenciales para las cinco grandes reformas estructurales que pretende sacar adelante La Moneda. ¿La idea? Dejar en manos de los ministros un mayor protagonismo.

Un Piñera, explican en Palacio, en un rol más de estadista, menos ansioso y más comedido que en su primer gobierno.

Más puertas adentro, aseguran cercanos al Presidente.

Por eso, de acuerdo con ese diseño estratégico, el equipo del Mandatario había instaurado como práctica el “día del silencio”. Una o dos jornadas a la semana en las que Piñera se recluyera en su despacho y se concentrara en el trabajo interno, sin declaraciones de prensa, ni siquiera posteos en las redes sociales.

En esos “días del silencio”, el Presidente también dejaba espacio para las reuniones bilaterales con sus ministros de Estado, para monitorear directamente la gestión de las carteras, citas que define junto al jefe de asesores del segundo piso, Cristián Larroulet, y su jefa de gabinete, Magdalena Díaz.

Esquema en jaque

Durante el primer trimestre del gobierno, este diseño se ejecutó a cabalidad. Así quedó reflejado en un análisis que hizo la empresa Conecta Media sobre las apariciones públicas del Jefe de Estado y sus ministros en los noticiarios de televisión abierta en los tres primeros meses de gobierno, cifra que compararon con igual periodo de 2010.

El resultado es decidor. Piñera disminuyó en casi un 20% sus apariciones públicas en los noticiarios televisivos respecto de los tres primeros meses de su primer gobierno. En contrapartida, los ministros de su gabinete asumían un mayor protagonismo a la hora de colocar la agenda gubernamental.

Si en 2010 Piñera tenía un 40% y los ministros un 60% de los minutos de cobertura en televisión abierta, entre el 11 de marzo y el 11 de junio de 2018, el Mandatario redujo su presencia a un 25%, mientras los ministros subían al 75% de la cobertura mediática.

El esquema, sin embargo, se resquebrajó a fines de junio. Las críticas de la oposición al gobierno por lo que calificaban de “sequía legislativa”; los errores no forzados del entonces ministro de Educación, Gerardo Varela; el traspié en el nombramiento de Mauricio Rojas en Cultura; la caída en la popularidad del gobierno en las encuestas y -de manera inesperada- la crisis medioambiental en Quintero llevaron a Piñera a tomar un mayor protagonismo.

“Piñera se vio obligado a cambiar de estrategia. El diseño estratégico para la primera parte del gobierno consideraba a un Piñera mucho más medido en sus apariciones públicas, favoreciendo aquellas que resaltaran los atributos de estadista, alineado con los temas de coyuntura, pero alejado de los conflictos chicos y de la pelea política pequeña. Eso demandaba una mayor presencia mediática de sus ministros y algunos de ellos han tenido un desempeño opaco”, señala el director de la empresa de estudios de opinión pública Cadem, Roberto Izikson.

En el corazón de La Moneda, no obstante, matizan el punto. Una alta fuente de Palacio consiente en que el guión original reduce las apariciones presidenciales respecto del mandato anterior. Pero que -sin embargo- se contempla la irrupción de Piñera en toda situación que se necesite o que sirva para potenciar el liderazgo presidencial.

El mismo personero explica que este análisis tiene un correlato en que en este segundo mandato la figura de Piñera es más valorada que la de su gabinete. Este factor, aseguran en La Moneda, es decisivo en el comportamiento del Mandatario, quien está consciente de que a diferencia de lo que ya vivió en su primer gobierno, cuando los niveles de desaprobación estaban asociados más que nada a su figura, en estos seis meses de su segunda administración, la valoración de los atributos del Presidente se ha mantenido estable en los sondeos de opinión pública. Y, además, superan a la de su gobierno.

Esta sería la explicación para la arremetida de las últimas semanas, en las que -en todo caso- en el oficialismo admiten que la caída de las encuestas ha incentivado la ansiedad mediática del Mandatario.

Desde el 11 de marzo hasta la semana pasada, Piñera registra 105 pautas públicas, de acuerdo con un análisis de la agenda de actividades del Mandatario, disponible en la web prensa.presidencia.cl. Si el promedio de actividades en los dos primeros meses de gestión era de 16 pautas públicas mensuales, cifra que bajó en julio a 13, en agosto las apariciones del Presidente subieron a 23.

En el oficialismo explican que el Presidente casi duplicara sus pautas de prensa y actividades públicas a partir de agosto no solo como una respuesta a la baja del gobierno en las encuestas, sino también con la decisión del Ejecutivo de lanzar a partir de agosto las reformas estructurales.

Pero lo concreto es que la sobreexposición del Jefe de Estado ya ha comenzado a generar preocupación en el oficialismo. Desde RN, varios parlamentarios, incluido su timonel, el diputado Mario Desbordes, criticaron el “frenesí de anuncios” del Ejecutivo y llamaron al gobierno a ordenar la agenda comunicacional.

Las dudas sobre la efectividad de la irrupción del Mandatario comenzaron a multiplicarse luego de que esta semana -por primera vez desde la instalación del gobierno en marzo- la desaprobación del gobierno (44%) superó los niveles de aprobación (42%), según consignó la encuesta Cadem.

Parte de la inquietud oficialista se originó porque el mismo fenómeno no se produjo en el primer año del primer gobierno de Piñera -en 2010- y apareció en febrero de 2011, con un 42% de aprobación versus un 46% de desaprobación.

En La Moneda desdramatizan la curva negativa sosteniendo que -a esta altura del mandato- ya se produce el efecto de “fin de luna miel”- y las personas comienzan a pasar la cuenta por las expectativas creadas. En el caso de Piñera, principalmente en el tema económico.

Repliegue presidencial

El lunes 10, los resultados de la encuesta Cadem fueron tema de discusión en La Moneda en la cita del comité político con los jefes de partidos y de bancada de Chile Vamos.

En Palacio, los ministros se habían anticipado a lo que auguraban sería una catarsis colectiva por parte de los representantes del bloque oficialista. Por lo mismo, aseguran en La Moneda, los secretarios de Estado -liderados por el titular de Interior, Andrés Chadwick- recibieron a los líderes de la coalición con los resultados de una encuesta interna que se realiza también todas las semanas, elaborada por el decano de la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo, Eugenio Guzmán, y la empresa Chile Tendencia, de los hermanos María Estela y Juan Pablo Lavín -hijos del alcalde de Las Condes, Joaquín Lavín-, en los que la aprobación gubernamental estaba por sobre el 45%.

“Nos tranquilizaron y nos señalaron que los sondeos de La Moneda mostraban un mejor escenario para el gobierno”, afirma un dirigente de Chile Vamos.

Aún así, los timoneles y dirigentes de Chile Vamos insistieron en la necesidad de reforzar el manejo comunicacional del gobierno y en ordenar las vocerías.

En la cita en La Moneda, fueron varios los que reclamaron, en ese sentido, por la forma en que se enfrentaron inicialmente los graves episodios de contaminación ambiental en las comunas de Quintero y Puchuncaví, en los que resultaron intoxicadas más de 400 personas y donde las vocerías eran compartidas por la ministra de Medio Ambiente, Carolina Schmidt; el ministro de Salud, Emilio Santelices, y el intendente de Valparaíso, Jorge Martínez, sin que hubiera claridad sobre quién era el responsable de enfrentar la crisis. Un déficit, aseguran en el oficialismo, que llevó al Presidente Piñera a asumir más riesgos de los necesarios.

El 28 de agosto en la tarde, luego de un análisis interno junto a su comité político y su equipo presidencial, el Mandatario decidió viajar a Quintero para ver personalmente la situación y anunciar algunas medidas de mitigación.

La visita duró menos de lo esperado. Piñera debió ser sacado por los escoltas policiales en medio de los gritos de algunos enfurecidos manifestantes.

Sin embargo, más allá de las imágenes del Presidente siendo atacado y saliendo abruptamente del lugar, el episodio fue bien evaluado por La Moneda. El equipo del comité político maneja un sondeo interno en que el 80% de los encuestados valoró que el Mandatario se haya trasladado en persona hasta la zona de conflicto. En Chile Vamos la opinión es compartida y los partidos valoraron que Piñera haya decidido dar la cara en medio de una crisis.

La respuesta por Quintero, dicen en La Moneda, no fue improvisada y responde a un plan que el mismo Piñera diseñó: no será un Mandatario ausente “cuando las circunstancias lo ameriten”.

Al mismo tiempo, quienes conocen de cerca el carácter del Presidente aseguran que una de las debilidades del diseño comunicacional elaborado para el Jefe de Estado es que Piñera actúa de manera compulsiva cada vez que siente que sus colaboradores no están haciendo las cosas de la forma en que él las haría o cuando siente que no están defendiendo como corresponde a su gobierno.

Eso explicaría, afirman en La Moneda, la ronda de entrevistas sucesivas que dio el Gobernante tras la fallida nominación de Rojas en el Ministerio de las Culturas y los cuestionamientos por parte de la DC al subsecretario de Redes Asistenciales, Luis Castillo. También, el hecho de que el martes 11 y el miércoles 12 Piñera llamara personalmente a algunos diputados para pedirles que votaran a favor del proyecto de ley de identidad de género.

“El capital político más importante de Chile Vamos es la figura del Presidente Piñera. Fue necesario que asumiera un rol más protagónico en estos últimos días para evitar una caída mayor en las encuestas y poner orden en el gabinete. Pero ahora es momento de buscar un equilibrio”, señaló a Reportajes el presidente del PRI Demócrata, Eduardo Salas.

En La Moneda concuerdan con la idea de un repliegue del Presidente y retomar el diseño estratégico inicial del gobierno. Los miembros del comité político y, en especial, el jefe de asesores, Cristián Larroulet, son partidarios de preservar con mayor celo la imagen de un Presidente más medido en sus intervenciones públicas y con un rol más de estadista.

En esa línea, La Moneda ya está trabajando en lo que será la cadena nacional que dará el Presidente al término de las festividades de Fiestas Patrias para anunciar la reforma al sistema de pensiones. Se trata de la segunda reforma estructural del gobierno, por lo que el Mandatario, al igual como lo hizo con la reforma tributaria, daría a conocer los rasgos principales de la iniciativa, para dejar luego a los ministros la tarea de explicar los detalles de las medidas contempladas en el proyecto.

Mientras tanto, en Palacio, algunos ya piensan en la necesidad de aumentar cada semana a dos los “días de silencio” presidencial.

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