Lo mejor y lo peor de nosotros

La principal virtud del chileno. Y su mayor defecto. Eso fue lo que les preguntamos a 12 personas, desde periodistas a científicos. Aquí lo que respondieron.


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Carlos Zárate, periodista

Lo que destaco del chileno es la voluntad de ayudar. Aunque tiene sus bemoles, porque generalmente ayudamos para que nos vean ayudar. En Chile también me gusta mucho, y entro en una contradicción vital, este sentimiento de chilenidad que a veces nos da. Frente a una cosa urgente, grande e importante, nos unimos. Como la selección de fútbol. Ahí se nos olvidan las diferencias. También destaco la juventud: son un grupo que está creciendo con otro set de valores y forma de ver el mundo. Eso ha producido cambios: desde las mujeres que no permiten que las piropeen hasta chicos que no permiten que sus jefes les peguen un grito.

Una cosa que me molesta mucho es el clasismo. Mirar en menos, mirar hacia abajo a haitianos, peruanos, bolivianos, colombianos, porque sienten que son de países “inferiores”. Me pasó en el inicio de mi carrera: había editores que me decían que me iban a enseñar a hablar porque no sabía hablar. Lo otro que me molesta es la inhabilidad de hacer cosas en conjunto. Cada uno quiere tener la razón y hace lo que quiere. El señor no puede transitar a más de 50 kilómetros por hora en la ciudad y dice: “¿por qué? es mi auto, yo veré a la velocidad que transito”. O el tipo que se te adelanta en la caja porque está apurado, o el que te tira el auto encima.

Mary Rose McGill, socialité

Lo mejor: la solidaridad. Somos un país bien díscolo, cada uno hace lo que quiere, sobre todo la juventud, pero cuando llega el momento de un terremoto o un desborde de agua o algo así, todo el mundo se pone las pilas y colaboramos en lo que sea. Chile es un país que se distingue absolutamente por la solidaridad. Frente a cualquier desastre, todos colaboramos, cada uno como puede. Es generosidad ante el desastre ajeno.

Lo peor: el desorden que tenemos. Cada uno cree que es dueño del país y hace lo que quiere, cuando en definitiva tenemos que ser más humildes. Si hemos escogido entre todos un presidente, cualquiera que sea, de derecha, semiderecha o izquierda, hay que hacerle caso porque a todos nos conviene. En este momento hay un grupo de personas que quiere que a Piñera le vaya mal. Lo quieren boicotear. Estoy muy desilusionada con todos, sobre todo la juventud de la izquierda, que creen que todo lo que piden puede hacerse. Recibimos un país totalmente destruido, creo que el señor Piñera está haciéndolo lo mejor que puede. Todos tenemos que dar un granito de arena para que nuestro país avance; si estamos en contra de todo, va a ser un país espantoso.

Jane Morgan, dueña de Japi Jane

Lo que encuentro mejor es como hablan. Realmente creo que son los más creativos de Latinoamérica y realmente es en lo que se diferencian. Uno dice que los chilenos no tienen identidad, miran hacia abajo su propia cultura, pero creo que lo mejor es que hablan muy divertido y tienen dichos para todo. Vivo acá hace 18 años y me acaban de enseñar más modismos. Uno puede vivir acá y no terminar de aprender todos los chilenismos. Y el hecho de que existan es lo más encantador.

Lo peor es que odian hacer el ridículo y son más tímidos. Hacen todo para evitar hacer el ridículo, ser el primero, que los miren. Eso provoca que nadie quiere ser el primero en bailar, por ejemplo. Les cuesta atreverse por su miedo del ridículo, eso lo he visto desde el primer día. Gente que habla perfectamente inglés, pero no te hablan en inglés porque les da vergüenza lo que vas a decir. Pasa en todo, desde el baile al abordaje de pinchar. Eso les impide a los chilenos muchos avances o alegrías. Con los años ha ido mejorando, pero todavía falta. La gente tiene que atreverse más, hacer lo que quiere y no pensar tanto en lo que dice la gente.

Foto: César Cortés /Comunicaciones UC

Fabián Jaksic, ecólogo, Premio Nacional de Ciencias 2018

Lo mejor es que somos una nación con una mentalidad bastante isleña, porque nos sentimos bastante lejos del mundo. Eso nos ha dado una capacidad de autonomía en donde estamos convencidos de que podemos arreglarnos solos para cualquier cosa. Una mentalidad de perro aporreado que sale ante cualquier vicisitud.

Lo peor es el chaqueteo. Que consiste en ante cualquier persona que empieza a brillar por iniciativa personal o lo que sea, la masa trata de desconocer esos logros. Otra cosa es tal vez una cierta tendencia al amiguismo, a la amistocracia que hace que uno típicamente recurra no a las personas más calificadas, sino a las personas con las que ha tenido lazos de amistad. Eso hace que todos nuestros círculos de élite, hablemos de los políticos, por ejemplo, es una especie de fronda aristocrática, ya sea de izquierda o derecha, que son los mismos de siempre; y cuando no lo son, son reemplazados por los hijos y nietos.

Rafael Gumucio, escritor

Lo mejor y lo peor es su carácter insular. Esa idea de que después de aquí no hay nada más. Esa sensación de que el mundo aquí no corre, que nada es nuevo ni nada antiguo, que llegamos a ninguna parte.

Lo peor es la absoluta falta de curiosidad y el odio a la novedad, el racismo que está obligando a haitianos a volver a Haití.

Daniela Seguel, tenista

Para mí, lo mejor de la idiosincrasia chilena sería la solidaridad. Ejemplos de eso son la Teletón, o lo que ocurre después de terremotos o cosas similares.

Y lo peor vendría a ser lo chaquetero y el doble estándar. Eso se ve mucho en el deporte y en general en todos los ámbitos.

Gabriel León, científico

Probablemente una de las mejores cosas que tenemos es la resiliencia y capacidad de poder ponerse de pie después de todos los desastres que nos pasan. Es una cosa bien particular por el país que tenemos, lleno de volcanes y terremotos.

Lo más malo es esa incapacidad patológica para no saber decir que no: empezar con evasivas o derechamente mentir cuando no quieres juntarte con alguien o no quieres cualquier cosa. En vez de decir que no, decir “sí, seguro juntémonos por ahí algún día”.

María Paz Rodríguez, escritora

Lo mejor de la idiosincrasia chilena, para mí, es el humor; esa capacidad infinita que tenemos los chilenos de reírnos de nosotros mismos. De representar la actualidad política y nacional a través de memes; como una historia paralela e hilarante, contada en voz baja. O en chistes. O en videos que se viralizan. Desde el humor, los chilenos decimos eso que no nos atrevemos.

Lo peor: decir “juntémonos”, “veámonos”, sabiendo que no te vas a juntar ni a ver. Hacerle promesas al otro que sabes que no vas a cumplir. Creo que en Chile se hace eso; es como un acuerdo de un interés fingido por ambas partes, pero que igual promete una “buena onda”; “un futuro encuentro”.

Gloria De la Fuente, cientista política

Lo mejor creo que es la capacidad de superar o hacerle frente a la adversidad. Eso que se llama “resiliencia”, palabra complicada, pero que contiene este significado. El nuestro es un país de catástrofes y desastres naturales (y no naturales) recurrentes. Siempre me ha sorprendido la capacidad de nuestra gente para levantarse de situaciones complejas. Por ahí leí que Albert Camus, el gran escritor, en una fugaz visita a nuestro país a principios del siglo XX, constataba esto como uno de los rasgos curiosos de los chilenos.

Lo peor es asumir la trampa o la ventaja indebida como un atributo y no como una frescura o una mala práctica. Me molesta que socialmente el “pillo” sea sobrevalorado, entendiendo por este a aquel que busca sacar ventaja pasando a llevar al resto. Yo creo que esas cosas rompen el sentido de comunidad.

Alejandro Sieveking, dramaturgo

Sabemos enfrentar muy bien los malos tiempos. Si nos toca terremoto, la gente ayuda para que las cosas se restauren y vuelvan a ser quizás mejor que antes. Somos cachureros por la idea de conservar las cosas y estar preparados para el próximo terremoto. Es bueno saber recuperarse, saber que estamos en un país así y que no tenemos que alarmarnos ni sentirnos desgraciados. El terremoto del 60 fue gigante, pero igual lo superamos, seguimos adelante tratando de arreglarnos.

Lo peor es el pelambre. Es un deporte nacional. La gente se junta y les encanta pelar. Son cosas reprimidas, antipatías. Es medio violento, fuerte. Me ha tocado comprobar que hay cosas que se han dicho que son completamente falsas y eso ¿qué objetivo tiene? No sé a qué se debe exactamente.

Jorge Baradit, escritor

Lo peor y lo mejor está junto. Somos un país que adora estar en emergencias. Cuando estamos en alguna catástrofe, sacamos lo mejor de nosotros. Nos sentimos en una especie de misa nacional, donde nos golpeamos el pecho, damos ayuda y nos sentimos increíblemente buenos hasta la próxima catástrofe. Es tan así que nos inventamos catástrofes urgentes como la Teletón: tenemos que apurarnos porque en 27 horas termina todo. La verdad es que no es así, es un invento. Somos un país muy solidario y despierta nuestro sentido comunitario, el problema es que solamente en estas circunstancias, casi siempre. Somos súper buenos, pero sólo en las catástrofes. El resto del tiempo nos andamos viendo por detrás del hombro y con envidia y siendo bien crueles muchas veces.

Fabricio Copano, comediante

Puede sonar contradictorio, pero para mí lo mejor y lo peor de la idiosincrasia chilena es que somos desconfiados. ¿Por qué es lo peor? Porque siempre estamos mirando al otro con desconfianza, creyendo que algo nos va a hacer o creyendo que le vamos a hacer algo en algún momento. Tenemos como una incapacidad de entregarnos emocionalmente fácil, nos cuesta muchísimo. Por eso nos sorprende cuando los argentinos tienen eso como de la amistad inmediata, que se saludan inmediatamente. Al chileno le cuesta mucho hacer un amigo; siempre estamos pensando que nos pueden cagar. Pero eso también es positivo, porque en esa desconfianza también viene que somos exigentes, que no nos vienen con leseras, que no nos venden cualquier cosa. Igualmente, a pesar de que a veces caemos en trampas, luego decimos “esto no es lo que queríamos”. En ese sentido, Chile es como ese weón cauteloso y que tiene cosas buenas y malas.

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