Chile y su deuda con el VIH

SEÑOR DIRECTOR:
Hoy en Chile hay 91.000 personas con VIH, un 86% más que hace una década. Mientras más lo callamos, menos lo prevenimos, y mientras menos lo prevenimos, más se acumula como un problema crónico que ya no genera urgencia ni titulares, pero sigue afectando la calidad de vida de miles de personas.
¿Por qué llegamos aquí? Cuando apareció el SIDA, el miedo era legítimo: no había tratamiento y la enfermedad mataba. A ese miedo se sumaron prejuicios dañinos que instauraron el estigma como respuesta social predominante. Luego llegó la triterapia, impulsada como garantía universal, también gracias a la presión de la sociedad civil, que transformó una sentencia de muerte en una condición crónica más manejable. Pero ese triunfo trajo consigo un efecto colateral: la falsa sensación de que el problema estaba resuelto, cuando solo había cambiado de forma.
Vivir con VIH sigue siendo una carga real para quienes lo padecen. A esto se suma un conservadurismo persistente en materia de sexualidad que bloquea campañas de comunicación sobre riesgos y educación sexual preventiva en las escuelas, relegando esa formación a familias que tampoco fueron educadas al respecto. El resultado: ignorancia que engendra prejuicio, y prejuicio que perpetúa ignorancia.
No necesitamos más eufemismos. Necesitamos hablar de manera directa sobre sexo, riesgo y prevención, con la misma claridad con que hablamos de cualquier otro problema de salud. La honestidad no es una opción moral: es una herramienta epidemiológica. Nombrar el problema es el primer tratamiento.
Osvaldo Artaza
Decano Facultad de Salud y Ciencias Sociales
Universidad de Las Américas
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