Fallece Juan Pablo Langlois, pionero de la instalación en Chile

Retrato Juan Pablo Langlois Vicuña. Jorge Brantmayer, 2014.

El artista que intervino el interior y exterior del Museo de Bellas Artes en 1969 fue hospitalizado hace unos días y falleció hoy a los 83 años. Autodidacta, en 2012 tuvo una gran retrospectiva en Matucana 100 y el año pasado su obra debutó en EEUU.



Hasta 1969 Juan Pablo Langlois se comportaba como un funcionario público cualquiera, marcando tarjeta de lunes a viernes en alguna oficina de la Junta de Aeronáutica Civil. Pocos sabían que dedicaba su tiempo libre al arte: sin escuela ni maestro alguno, creaba obras experimentales con materiales precarios. Estudió arquitectura en la U. Católica y tomó clases con Josef Albers, quien lo influyó con su obra cinética. "Hice muchos trabajos de luz y color hasta que me di cuenta de que el arte no podía ser una fórmula. Para limpiarme de todo eso me puse a llenar bolsas de basura con papel de diario. ¿Qué podía ser más fácil que eso? No había nada en qué pensar", recordaba Langlois en una entrevista en 2014.

Fue justamente el ejercicio de rellenar con papeles de diarios una manga de polietileno negra de 300 metros, lo que lo puso en el mapa del arte local, cuando en 1969 llevó la idea a Nemesio Antúnez, en ese entonces director del Museo de Bellas Artes, quien quedó encantado con la obra. "Él quería que el museo cambiara su imagen arcaica", explicó Langlois décadas más tarde. La obra se llamó Cuerpos blandos, una larga culebra que cruzaba por dentro el edificio y salía al exterior por las ventanas enrrollándose en una palmera: fue la primera instalación del arte chileno.

"Más que ser un pintor o un escultor purista o en el sentido habitual con que se define la pintura o la escultura, él fue un renovador tanto del punto de vista de los materiales utilizados como del punto de vista de la concepción del arte que él tenía", dice Milan Ivelic, director del Museo Nacional de Bellas Artes entre 1993 y 2011.

Ayer, luego de 50 años de trayectoria, Juan Pablo Langlois falleció debido a un cáncer terminal, diagnosticado hace pocos meses y que lo tuvo estas dos semanas hospitalizado. Sus funerales serán mañana, a las 13.00 h, en el Parque del Recuerdo.

"Su legado ha sido y será el haber comenzado con el arte contemporáneo como hoy lo conocemos. El comenzó ese camino duchampiano del concepto y el artista en el arte y lo profundizó con sus pensamientos y acciones. Siguió hasta el último día pensando en el arte y mirando sus dibujos e interviniendo sus cosas. Nunca dejó el arte", dice Irene Abujatum, directora de Galería AFA.

El año pasado, la obra de Langlois debutó en EEUU en la Cindy Rucker Gallery de Nueva York, en una muestra titulada Afterwards no one will remember (Después nadie recordará) curada por la crítica chilena Paula Solimano. Allí, el artista exhibió algunos videos de comienzos de 2000 y sus irreverentes amantes desnudos de tamaño natural y en variadas poses, hechos con papel maché que se estrenaron en 2006 en galería AFA. En 2011, y antes que Langlois los lanzara a la basura, los personajes fueron rescatados por los artistas Joaquín Cociña y Nicolás Superby, quienes los usaron para una película de stopmotion, lo que acercó a Langlois a las generaciones jóvenes, si bien siempre fue visto como un referente.

Arte íntimo

Padre del también artista Pablo Langlois, fue varias veces postulado al Premio Nacional de Arte, la última vez este año. Sin embargo, quizás la ocasión en que más sonó fue en 2012, cuando su campaña fue acompañada por su primera retrospectiva, curada por Gonzalo Pedraza, en el Centro Cultural Matucana 100. Un centenar de dibujos, croqueras, publicaciones, instalaciones, esculturas y videos por primera vez reunidos reflejaron la versatilidad técnica del artista y dieron cuenta de algunas de sus obsesiones: el cuerpo, la identidad, la relación del ser humano con su entorno y la memoria.

"Él siempre era artista y no todos pueden lograr estar siempre en ese mundo. Sus pensamientos, su labor, sus lecturas y sus conversaciones todo estaba vinculado al arte. Sus obras eran el resultado de todo eso mezclado", comenta Gonzalo Pedraza, curador de la muestra en M100.

Entre sus obras más emblemáticas se cuentan Elige tu vida mía y Colchón sentimental (que era su propio colchón usado), donde Langlois exploró en sus emociones. También destacan sus series de los 90 Misses, donde el artista cuestionó los cánones de belleza y la colonización de los cuerpos mezclando imágenes de modelos y mujeres indígenas, y Mi ropa, donde al más estilo Pistoletto, Langlois realizó una instalación de ropa usada que aludía a la importación que por esos años se comenzó a hacer desde EEUU.

Contemporáneo pero alejado de los creadores de la Escena de Avanzada, entre ellos Eugenio Dittborn, Carlos Leppe y Lotty Rosenfeld, Langlois siempre prefirió hacer un obra en solitario y de bajo perfil. "Ellos trabajaban en una línea política que a mí no me interesaba. Me gustaba trabajar en lo mío, en obras íntimas, con objetos pequeños, mis carnés, libros en los que dibujaba y objetos personales", contaba en 2014.

Aún con esas distancias políticas, Langlois provocó profunda admiración entre sus pares. Los pintores Carlos Altamirano y Gonzalo Díaz tenían gran estima hacia el artista. "Admiro su trabajo y su forma de entender el arte. Principalmente su independencia, su resistencia a transitar por carreteras pavimentadas y su actitud refractaria hacia la histeria del reconocimiento público. Su irreductible fuerza radica en que nunca -durante todos estos años plagados de avatares desconcertantes- se perdió de vista a sí mismo", afirma Altamirano.

El pintor y Premio Nacional de Artes 2003, Gonzalo Díaz, por su parte señala: "Le tenía mucho cariño y aprecio y lo consideré siempre un súper artista. Hace 50 años abrió y determinó el campo del arte contemporáneo en Chile haciendo efectivo el poder de liberación del arte. La presencia real de la muerte siempre me deja sin demasiadas palabras".

Renovador constante de su obra, para Juan Pablo Langlois era importante mantenerse independiente dentro del mundo del arte. "Creo que los jóvenes se están alejando cada vez más de la academia. Desde mis inicios trabajé sin información, sin referentes y de forma espontánea. Me parece peligroso que ahora se trabaje para exponer o para vender o para meterse a una galería. El utilitarismo en el arte no es bueno", decía el hombre que liberó al Museo Nacional de Bellas Artes de la tradición con una manga plástica.

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