Pat Metheny: “Nada jamás reemplazará a los conciertos”

Dos suites para guitarra componen el más reciente trabajo del aclamado músico estadounidense, con el que festeja 45 años de carrera. En conversación con Culto, el guitarrista habla de su postergado regreso a Chile, el impacto por la muerte de Chick Corea y de sus días de encierro escuchando música pop junto a sus hijos.



El confinamiento ha sido todo un desafío para el incansable Pat Metheny (66). Tras casi medio siglo de vida en la ruta, en el estudio de grabación o improvisando sobre algún escenario del mundo, el guitarrista estadounidense sortea el 2021 con un régimen de encierro que combina trabajo compositivo diario y desde la madrugada con descansos para aprovechar una cantidad de tiempo libre que nunca había tenido para sus tres hijos. En su casa en las afueras de Nueva York, a 50 kilómetros del pueblo más cercano, la señal de internet es inestable y Metheny parte la conversación con una disculpa, para luego compartir una de las primeras reflexiones que le deja la pandemia.

“Lo que ha quedado claro es que nada jamás reemplazará a los conciertos, eso lo sé desde que partí en esto. Para muchos músicos los discos son el objetivo final, pero para mí siempre han sido casi una forma de publicidad para que la gente vaya a verme en vivo”, dice con una risotada.

La sentencia es llamativa para un artista que en 45 años de carrera acumula más de 60 álbumes entre trabajos solistas, en vivo, compilaciones, bandas sonoras, colaboraciones y aquellos que ha editado junto a Pat Metheny Group. Una discografía enorme que le ha valido 20 premios Grammy y a la que cualquier etiqueta (jazz, fusión o progresivo) parece quedarle estrecha. Lo confirma su más reciente disco, Road to the sun, en el que deja de lado la improvisación y su faceta de intérprete con dos suites para guitarra compuestas por él pero ejecutadas por su colega Jason Vieaux y el Los Angeles Guitar Quartet.

La inconfundible guitarra de Patrick Bruce Metheny

“Hay cosas de las que estoy mucho más consciente como músico ahora que cuando partí. Tengo muchas mas formas de pensar la música ahora que antes. Cuando empecé a hacer mis primeros discos mi plan era seguir por cuatro o cinco años, y ahora llevo casi 50, así que tengo mucha más información y experiencia para enfrentar la música, lo que lo hace más divertido pero a la vez más desafiante, porque, como dice el dicho, mientras más sabes más te das cuenta que no sabes nada. Y eso es algo que abrazo. Me encanta estar en la posición de no saber qué estoy haciendo, hago todo lo posible por ponerme en ese lugar, en lo que no me es familiar, es donde me gusta estar”, dice en torno a su más reciente aventura musical, una zambullida más profunda a la composición clásica para guitarra que se distancia de la grandilocuencia sinfónica de From this place (2020) y suma más diversidad a una carrera que ha transitado siempre por el camino de la libertad creativa.

“Cualquiera sea el lugar que he ocupado en la música en estos 45 años, lo veo como una gran y extensa canción. Con diferentes episodios, pero como si fuera una sola pieza”, explica el músico, uno de los últimos exponentes de una generación de virtuosos que en febrero vio partir a Chick Corea, uno de los más ilustres y queridos de la clase.

“Estoy llegando al punto de la vida en que esto se está volviendo un tema. Ya me afectaron bastante las pérdidas de personas que fueron realmente importantes en mi vida. Mike Brecker, Charlie Haden, Lyle (Mays), Jaco (Pastorius), ahora Chick. Estos tipos no eran solo algunos de mis músicos favoritos sino que mis mejores amigos, así que intento honrarlos haciéndolo lo mejor posible mientras siga aquí”, dice.

“Yo diría que lo de Chick es especialmente fuerte”, agrega. “No solo para mí, sino que para toda una gran comunidad, porque fue alguien demasiado importante para la vida de muchas personas. Si pienso en alguien que dejó una buena cantidad de canciones que todos seguiremos tocando por siempre, después de (Thelonious) Monk está él. Y además Chick no era como un tipo viejo. Hay gente que a los 25 años actúa como viejo, pero él no era así para nada, era muy activo, estaba siempre componiendo. Entonces se vuelve inconcebible que no esté aquí. Fue una inspiración increíble”.

“La música pop no ha cambiado tanto”

Pese a la incertidumbre global y al presente sin música en vivo, Metheny confía en poder concretar los dos shows en el teatro Caupolicán que reagendó para diciembre próximo -originalmente se harían en marzo del año pasado- y que marcarán su reencuentro con los chilenos. Un público del que fue visita frecuente entre los 80 y 90, “esa época media freak en la que era muy popular y nos presentábamos en estadios de allá”, recuerda con claridad sobre los días en que su obra musicalizaba teleseries locales y movía masas en el país. Una escena que espera poder repetir.

A su debut en el país en diciembre de 1987, con un show en el Court Central del Estadio Nacional donde presentó el aplaudido Still life (talking), le siguieron presentaciones en 1993 y 1996, en San Carlos de Apoquindo y el estadio Víctor Jara respectivamente, para dar paso a una ausencia de 25 años. “Lamento que haya pasado tanto tiempo pero apenas se pueda ir, allí estaremos”, asegura. “Estoy muy entusiasmado con la idea de volver a Chile, es una de las prioridades de mi lista. Porque ha pasado demasiado tiempo, pero además porque mis experiencias allá, si bien no han sido tantas, están entre los puntos altos de mi vida”.

Por ahora, a falta de giras y en medio de su productivo encierro, no todo es jazz, vanguardia ni virtuosismo en la rutina de Metheny, quien cuando no está trabajando en casa se da tiempo para sintonizar junto a sus hijos los éxitos del momento que ellos le muestran. “No es algo poco familiar para mí. La música pop no ha cambiado tanto en 50 o 60 años. Cuando piensas en el espectro completo de toda la música posible, la música pop tiene un patrón establecido”, diagnostica el artista, quien durante su trayectoria ha colaborado con estrellas como David Bowie y declarado su admiración por compositores populares como James Taylor y Joni Mitchell.

Hoy, desde el encierro doméstico y a partir de las sesiones de pop junto a sus hijos, destaca Drivers license de Olivia Rodrigo entre sus favoritos de los éxitos de moda en la era de Spotify.

“La escucho y realmente me gusta, en cuanto a dinámica, a la narrativa”, comenta. “Pero si tengo tiempo escucho a Coltrane, Charlie Parker, Bach, Miles Davis o Wes Montgomery. Lo que escuchaba cuando adolescente todavía me gusta mucho. De hecho, me siento afortunado de que eso haya sido lo que me gustaba a los 14 años, de haberle dedicado tanto tiempo a esta música”.

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