Por Martín CifuentesAnimar con inteligencia artificial
La inteligencia artificial está transformando los procesos de animación a nivel global. Mientras las instituciones chilenas ajustan su enseñanza para integrar estas herramientas, expertos advierten que la creatividad, la sensibilidad cultural y la autoría siguen siendo irremplazables.

En grandes estudios internacionales, el uso de algoritmos de machine learning se concentra en la optimización de procesos técnicos —como simulación, previsualización y renderizado—, acelerando etapas intensivas en tiempo y recursos. Ese cambio comienza a sentirse también en Chile, donde la industria y las instituciones de educación superior están ajustando sus prácticas formativas.
La irrupción de la IA ha modificado la manera en que se concibe el trabajo en animación: tareas antes rutinarias, como el rigging o la rotoscopía, hoy se realizan con mayor rapidez gracias a software automatizados, liberando tiempo para lo que sigue siendo insustituible: la narrativa, la estética y la construcción de experiencias visuales.
Cómo hacer animaciones con inteligencia artificial
Desde la formación, el desafío no es solo técnico. “Muchos softwares de trabajo gráfico y postproducción ya incluyen herramientas de IA, por lo que resulta fundamental que los estudiantes conozcan su uso, posibilidades y limitaciones”, plantea Álvaro Ceppi, director de la Escuela de Cine y Animación de la Universidad Diego Portales. La institución ha puesto el acento en la transparencia y la responsabilidad: cuando un alumno utiliza IA en un proyecto, debe declarar en qué etapa la incorporó, reforzando la noción de autoría y trazabilidad del proceso creativo.
Una aproximación distinta se observa en Inacap, donde el foco está puesto en la velocidad con que cambian las demandas de la industria. Para Álvaro Castro, director sectorial académico de Tecnología Aplicada, el desafío no se limita al debate ético, sino a la capacidad de adaptación curricular. “Hemos desarrollado una identidad innovadora y tecnológica que nos desafía a estar siempre a la vanguardia”, señala, subrayando la necesidad de actualizar mallas y competencias casi en tiempo real.
En la UNIACC, en tanto, la discusión se plantea desde el momento en que estas herramientas deben incorporarse al proceso formativo. El animador digital y docente Jorge Alveal advierte que la IA puede ser un apoyo relevante, pero solo después de que los estudiantes consoliden una base artística sólida. “La visión autoral y el razonamiento crítico son habilidades humanas irremplazables”, sostiene, reforzando la idea de que la tecnología amplifica capacidades, pero no sustituye la creatividad.
Creatividad que no caduca
Pese al impacto de la IA en los procesos técnicos, los especialistas coinciden en que las habilidades blandas siguen siendo el núcleo del oficio animador. Creatividad, pensamiento crítico y sensibilidad cultural continúan siendo competencias que ningún algoritmo reemplaza. Al mismo tiempo, surgen alertas como la posible estandarización estética de las producciones o el uso de bases de datos sin consentimiento de los autores.

Desde el punto de vista económico, la animación chilena se consolida como un nicho exportador dentro del sector servicios. De acuerdo con el informe No Cobre No Litio de ProChile, entre enero y noviembre de 2025 las exportaciones de servicios de animación alcanzaron US$ 37 millones, con la participación de 21 empresas. Esta cifra se inserta en un contexto más amplio en el que las exportaciones totales de servicios del país sumaron US$ 2.839 millones, con un crecimiento interanual de 12,7%, siendo Estados Unidos el principal mercado de destino.
El dinamismo del sector también se refleja en su visibilidad internacional. En junio de 2025, Chile participó en el Festival de Annecy y su mercado MIFA, el principal encuentro mundial de animación, con producciones en competencia oficial y una delegación apoyada por el Ministerio de las Culturas y ProChile. A ello se suman hitos que han marcado la trayectoria reciente del sector, como el Óscar obtenido por Historia de un Oso y la nominación al Óscar de Bestia, reconocimientos que consolidaron la visibilidad internacional de los creadores nacionales.
Para Ceppi, este escenario abre la posibilidad de pensar en una animación chilena con rasgos reconocibles, del mismo modo que hoy se identifican tradiciones como la japonesa o la francesa. Una identidad que puede dialogar con herramientas de IA sin perder de vista la autoría, el contexto cultural y las historias que se narran desde el territorio.
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