Educación

Cuando la innovación se vive, se aprende distinto

En AIEP contamos con una ruta formativa con sello de innovación y emprendimiento, que entrega una plataforma concreta de instrumentos para que el estudiante viva una inmersión integral durante su formación.

Felipe Chaparro, director nacional de Innovación y Emprendimiento de AIEP.

Durante años pensamos la innovación como una asignatura: un ramo, un taller, una charla motivacional que dura noventa minutos y luego desaparece del día a día. Pero la innovación no se enseña como una fórmula matemática; se entrena y adopta, como se adquiere un hábito, y eso solo ocurre cuando el estudiante la aplica, practica y adapta en el mismo terreno donde después va a trabajar.

Esa es la apuesta que venimos construyendo en la educación técnico-profesional: insertar la innovación de manera incremental en todo el proceso formativo, no como un anexo, sino como una forma de mirar los problemas y, sobre todo, de proponer soluciones. Cuando un estudiante de gastronomía rediseña de manera novedosa el flujo de un restaurante real; o uno de administración levanta un plan de negocios innovador para un emprendimiento de su barrio; o uno de tecnología automatiza con creatividad un proceso crítico de una pyme cercana, algo cambia: deja de ver la innovación como una palabra de moda y empieza a entenderla como una herramienta que él mismo puede activar. Ahí ocurre el verdadero empoderamiento: no el que se declara en un discurso, sino el que se experimenta resolviendo un problema real de forma innovadora y viendo su resultado.

Ese contacto con el territorio es clave. La innovación que solo se explica en el aula rara vez sobrevive al primer día de trabajo; en cambio, la que se vive en conexión con entornos reales, junto a un emprendedor, una junta de vecinos o una empresa local, deja una huella distinta, porque el estudiante descubre en carne propia el poder de transformación y de generación de valor que tiene como profesional.

En AIEP contamos con una ruta formativa con sello de innovación y emprendimiento, que entrega una plataforma concreta de instrumentos para que el estudiante viva una inmersión integral durante su formación, y que lo acompaña también como titulado. Un instrumento relevante de esta ruta son los Centros de Negocios Sercotec, política pública de la cual somos el operador más grande a lo largo del país con 13 centros, espacios donde miles de emprendedores y empresas de menor tamaño de diferentes regiones reciben asesoría profesional especializada. En estos espacios, estudiantes de las más diversas carreras viven la experiencia de crear valor, poniendo a prueba lo aprendido a través de proyectos de innovación disciplinares aplicados a problemáticas reales de los negocios, viendo de cerca sus dificultades y aportando soluciones concretas. No es una simulación: es innovación aplicada, con nombre, apellido y resultado.

Este esfuerzo cobra otro sentido si se mira el contexto país. Chile lidera hoy el Índice Global de Innovación en América Latina, en el puesto 51 de 139 economías, gracias a fortalezas como su matrícula terciaria y su institucionalidad. Pero ese liderazgo regional convive con una brecha estructural: nuestra inversión en investigación y desarrollo bordea el 0,4% del PIB, lejos del promedio de la OCDE, que supera el 2,6%. Esa distancia no se cierra solo con recursos: se cierra si universidades, institutos, empresas, gremios y gobiernos locales deciden movilizarse juntos detrás de este pilar, entendiendo la innovación como una responsabilidad compartida por todo el ecosistema productivo del país.

La educación técnico-profesional tiene un rol insustituible en esa tarea, porque forma a quienes estarán todos los días en la línea de producción, la sala de máquinas o liderando una pyme. Si logramos que esos profesionales tengan la capacidad de adoptar y adaptar la innovación como parte natural de su oficio, y no como un concepto abstracto, habremos dado un paso real hacia un país que no solo mida bien en los rankings, sino que transforme esas capacidades en resultados concretos de creación de valor para su gente.

*Felipe Chaparro, director nacional de Innovación y Emprendimiento de AIEP.

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