Educación

El rector que triunfó en Sanhattan, pero se fue a estudiar filosofía a España: “Una universidad sin humanidades y sin artes pierde el alma”

El exsubsecretario de Educación Superior está impulsando “Finis Transforma”, el nuevo modelo formativo de la U. Finis Terrae, el que promueve el valor de las artes y las humanidades como disciplinas que permiten desarrollar la sensibilidad, la expresión y el pensamiento crítico. "La formación de carácter general es la que está más acorde a los tiempos que corren", afirma.

Juan Eduardo Vargas, rector de la Universidad Finis Terrae. Foto: Pedro Rodríguez.

La trayectoria de Juan Eduardo Vargas Duhart, ingeniero comercial de la Pontificia Universidad Católica de Chile, es poco común. El rector de la Universidad Finis Terrae desde abril de 2025 tuvo una promisoria carrera en el ámbito financiero, llegando a desempeñarse como socio gerente de Finanzas Corporativas de LarrainVial. Pero en 2008 decidió dar un giro copernicano a su vida: se fue a España, donde nació en 1970, a estudiar filosofía en la Universidad de Navarra, de la cual egresó en 2010 con un Master of Arts en esa disciplina. Y aunque a su regreso retomó el cargo en la influyente corredora de bolsa, en 2013 ingresó al sector de la educación superior, empezando como vicerrector de pregrado en la U. del Desarrollo, para luego, en 2018, asumir como jefe de la División de Educación Superior y como el primer subsecretario del ramo desde 2019 hasta el término de la segunda administración de Sebastián Piñera

Fue en este último cargo en el que Vargas adquirió una mirada sistémica de la educación superior, liderando las últimas grandes transformaciones del sector: además de poner en marcha la nueva institucionalidad definida por la ley 21.091 -incluyendo la implementación de la propia subsecretaría-, ideó junto al DEMRE el nuevo sistema de acceso a las universidades y el reemplazo de la PSU por la PAES en sus versiones regular y de invierno.

“Menores recursos van a tener un impacto en la calidad de la educación superior”

¿Cuáles son los desafíos fundamentales que enfrenta el sistema de educación superior hoy día?

Desde que dejé la subsecretaría en 2022 ha habido una cierta evolución, que hace pensar que los desafíos también han ido cambiando. Sin embargo, permanecen algunos que son los que siempre escuchamos, entre ellos, el financiamiento. Lamentablemente, esto es una arista que no ha logrado ser cerrada y que impide que nos centremos en aquellos aspectos de la educación superior relevantes pensando en el futuro. Entonces, desde ese punto de vista, apremia poder cerrar el tema del financiamiento para así poder abocarnos con mayor libertad a otro tipo de cuestiones, como las que empiezan a emerger: qué hacer frente a la irrupción de la tecnología o de la inteligencia artificial; cómo planteamos la discusión del eventual acortamiento de carreras; cómo se proyecta a futuro un sistema de educación superior que tiene, por una parte, a un subsistema universitario y, por otra, un subsistema técnico profesional. A ello sumo la alerta sobre la poca rentabilidad que tendrían ciertas carreras, particularmente las técnico-profesionales, que ha informado la Fiscalía Nacional Económica. Para mí, estos son desafíos que debiésemos discutir, pero idealmente partiendo por acotar la discusión del financiamiento.

Juan Eduardo Vargas, rector de la Universidad Finis Terrae. Foto: Pedro Rodríguez. PEDRO RODRIGUEZ

Luego del cambio de gobierno, en el cual se impulsó un nuevo sistema de financiamiento, el FES, y el reemplazo del CAE, no está muy claro en qué está la discusión sobre el financiamiento. ¿Cuál es su análisis?

Yo creo que hay dos grandes temas con respecto al financiamiento: el sistema de crédito, que será el CAE o el que lo reemplace, y la gratuidad. Con respecto al primero, al CAE, hago ver que en los últimos tres gobiernos, de signos distintos, se presentaron diversos proyectos de ley que buscaban reemplazarlo. Y en ese sentido, más allá de que lo que se está haciendo ahora, que me parece correcto, en relación a buscar que el CAE se cobre, creo que hace sentido pensar en un nuevo sistema de crédito, en el que ya hay un consenso transversal, en términos de que sea contingente al ingreso, con una tasa de interés subsidiada. El CAE tiene una serie de deficiencias, entre ellas una mala prensa, que hacen necesario insistir en su reemplazo.

¿Y qué propone Ud. sobre la gratuidad?

No hay que engañarse, la gratuidad tiene problemas en su diseño e implica tal cantidad de recursos, estamos hablando de 2.700 millones de dólares este año, que es insostenible en el tiempo, es inviable. Entonces, si no le ponemos coto, si no hacemos algún tipo de rediseño, más temprano que tarde, la gratuidad, tal como la conocemos, se va a acabar. Y para muestra un botón: tanto este gobierno, a través del proyecto de ley de reconstrucción, como en el gobierno anterior con el FES, se ha buscado cambiar el diseño de la gratuidad. Creo que ha llegado el momento, aunque no sea políticamente correcto, de sentar las bases para que permita una discusión al respecto. Hay que recordar que desde el inicio, aquellos que empujaban la gratuidad siempre estuvieron de acuerdo en que hubiese algún tipo de retribución por parte del estudiante beneficiado por la gratuidad, mediante un impuesto al graduado. No se pensaba que no hubiese algún tipo de retribución, porque se tenía conciencia del nivel de gastos que implicaba.

¿Le preocupa la situación financiera que enfrentan algunas instituciones de educación superior?

Sí, me preocupa. Porque más allá de que las instituciones finalmente se van a adaptar y van a hacer los cambios que sean necesarios para ceñirse a los ingresos, eso tiene efecto en la calidad. Entonces, si finalmente los aranceles regulados, que es el monto que pasa el Ministerio de Educación a las instituciones, disminuyen en el tiempo, aquello va a significar una menor calidad. Y contra eso es que levanto la voz para hacer ver que la discusión puede ser económica, y está bien, efectivamente hay recursos involucrados que pueden tener un mejor destino desde el punto de vista de la educación escolar o educación media o parvularia, pero no hay que dejar de tener en consideración que menores recursos van a tener un impacto en la calidad de la educación superior.

¿Qué papel le cabe al Estado en términos del financiamiento hacia las universidades y qué solución vislumbra?

Soy realista, y si me pongo en los zapatos de las autoridades actuales, mi mirada es crítica respecto de la gran cantidad de recursos que se destinan a la educación superior. Chile ostenta un récord a nivel mundial. El porcentaje de recursos públicos para la educación superior nos coloca a la cabeza de los países, no solamente de la OCDE, sino que a nivel mundial. Si fuésemos un país inmensamente rico, podría ser, pero cuando eso finalmente va en detrimento de otras necesidades más acuciantes, o incluso de otros niveles educativos, como la educación escolar o parvularia, que tienen un mayor impacto social, sin duda el actual financiamiento a la educación superior debe ser rediseñado. El Estado no puede seguir incrementando los recursos, pero sí podemos pedirle a los privados, a las familias, que hagan un esfuerzo adicional para que la calidad se mantenga. Esto es lo que siempre se ha discutido como copago. Es necesario mantener el copago, uno razonable.

“Una universidad sin humanidades y sin artes pierde el alma”

“Finis Transforma” es el nuevo modelo formativo que está impulsando el rector de la U. Finis Terrae, el que promueve el valor de las artes y las humanidades como disciplinas que permiten desarrollar la sensibilidad, la expresión y el pensamiento crítico.

¿No parece este modelo algo contraintuitivo respecto del predominio de las tecnologías como herramientas para el mundo que viene?

Nosotros creemos que una formación que se ancla en las artes y en las humanidades provee una serie de habilidades a los estudiantes que les van a permitir desarrollar habilidades que el día de mañana les van a facilitar su inserción y su movimiento en el mercado laboral. Puede sonar un poco contraintuitivo, quizás en tiempos de inteligencia artificial, pero es un poco lo que hemos visto que funciona; y es también parte de mi propia experiencia, debo decirlo, pero estamos convencidos de que esa formación de carácter general finalmente es la que está más acorde a los tiempos que corren.

Llama la atención que adopten este enfoque cuando el desarrollo del conocimiento está cada vez más especializado.

El conocimiento hoy en día está, prácticamente, a un clic de distancia; está en todas partes. Entonces, creo que se valora de un profesional el que conozca la última teoría respecto de la ingeniería. Sí, puede ser interesante, pero mucho más se va a valorar el que tenga un pensamiento crítico, capacidad de análisis, de mirar interdisciplinariamente un problema y de trabajar en equipo. Eso para mí va a ser mucho más importante, mucho más difícil de conseguir que el conocimiento que va a estar a un clic de distancia o con la ayuda de la inteligencia artificial aún más cerca.

¿Qué opina de la mirada de las actuales autoridades en que se aprecia cierto desdén hacia las artes, las humanidades o aquello que no cree empleo?

Está bien que la población se informe y que vea cuáles son las perspectivas de empleabilidad y que se tenga en consideración. Pero, las artes y las humanidades, que son ejemplos de disciplina, nos ponen un poco en el corazón de lo que verdaderamente es el hombre. Me parece demasiado importante que las universidades las puedan mantener. Una universidad sin humanidades y también sin artes pierde de alguna manera el alma. Estoy convencido de que ese es el camino que debe seguir esta universidad, y en general las universidades que busquen ponerse a tono con los tiempos. Más que ir corriendo detrás de la tecnología, deben pensarse a sí mismas en términos de qué queremos hacer, a quién queremos formar hacia adelante. ¿Puede medirse el impacto, el valor de una Gabriela Mistral solamente por la cantidad de ingresos que pudo haber tenido como profesora? Evidentemente, este tema va mucho más allá. Es importante que como sociedad también nos entendamos y busquemos qué queremos efectivamente: ¿queremos solamente la rentabilidad a toda costa? Hay algo más profundo, algo que nos hace más humanos, más personas, de lo cual no debemos alejarnos.

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