Por Rodrigo Fuentealba“La paciencia sobre la urgencia”: el revolucionario método formativo de la Noruega que amenaza a Inglaterra
Una política de Estado, sin clasificaciones y sin trofeos, los nórdicos eliminaron la competitividad entre los niños y se empeñaron en la felicidad. Realizaron un desarrollo integral en varias disciplinas deportivas antes de dar el salto al fútbol. Erling Haaland es el paradigma de ese proyecto.

Las caras ensombrecidas de los brasileños lo decían todo. El Scratch perdía 2-1 contra Noruega y era eliminado en los octavos de final de la Copa del Mundo 2026, una verdadera sorpresa ante una escuadra sudamericana plagada de estrellas y con Carlo Ancelotti en la banca, el técnico más ganador en la historia de la Champions League.
La pregunta es cómo el equipo de un país de 5,5 millones de habitantes, que volvía a un Mundial después de 28 años, acababa de vencer a los pentacampeones para alcanzar el primer partido de cuartos de final en su modesta bitácora planetaria.
Pero el contraste es claro. Los jugadores de la Canarinha son detectados a temprana edad para acelerar su desarrollo a través de academias especializadas en un solo deporte, el fútbol. Al otro lado, figuras como Erling Haaland, Martin Odegaard o Antonio Nusa crecieron en un entorno completamente distinto.
No es una mera casualidad, sino que responde a una ambiciosa política de Estado implementada por el Reino de Noruega. Desde 2007, la Norges idrettsforbund (NIF), organismo rector del deporte en ese país escandinavo, revisó los ocho “derechos” que había adoptado inicialmente en 1987 para proteger la participación, la seguridad y el disfrute de todos los niños que practican deporte.
Normas que son obligatorias para todos los entrenadores y clubes registrados en la NIF, y resultan casi inconcebibles para quienes están inmersos en la cultura de la captación de talentos, tan extendida en el deporte mundial.
Sin ambiciones
De acuerdo con la legislación del país europeo, los menores de nueve años solo juegan partidos de clubes locales. No hay listas de resultados, tampoco clasificaciones ni trofeos. La competición regional comienza a los 11 años, aunque los marcadores y el orden jerárquico de los equipos no se publica. En ese contexto, solo a los 13 años un atleta noruego puede participar en algo parecido a un campeonato nacional.
La explicación es simple, de los ocho puntos fundamentales de los niños establecidos por la Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU, dos se oponen a la cultura de los padres sobreprotectores en el ámbito deportivo: el dominio y la libertad de elección.
Esta última idea sostiene que un niño tiene derecho a probar varios deportes en lugar de ser encasillado en una sola disciplina, sobre todo, antes de tener la edad suficiente para elegirla por sí mismo. Para los jóvenes talentosos, existe la ventaja de aplicar las habilidades en la disciplina que elijan.
Haaland es el graduado más famoso de este sistema. Tenía seis años cuando se revisaron las reglas y, como su padre Alf-Inge contó a los canales oficiales del Manchester City, pasó los siguientes ocho años involucrado en balonmano, atletismo y esquí de fondo, además del fútbol. Al parecer, la federación noruega de balonmano lo quería antes de que él eligiera el balompié, a los 14 años.
Basta con observar la mecánica de sus goles para encontrar esas reminiscencias. Un salto para rematar de cabeza que emula disparar en el área de gol de balones largos en el handball, además de un remate con la potencia contenida y pausada de alguien que aprendió a generar fuerza de manera eficiente, tal como un esquiador en una montaña que castiga los movimientos innecesarios. Nada de esto reemplaza el entrenamiento futbolístico posterior, pero es plausible que los deportes que no abandonó precipitadamente aún estén presentes en sus piernas.
Resultados a la vista
Un claro ejemplo de lo que sucede cuando un país inculca la paciencia en la infancia por sobre la urgencia, que hoy lo tiene en cuartos de final para medirse a Inglaterra. Y Noruega tiene experiencia en este sentido. En febrero, encabezó el medallero de los Juegos Olímpicos de Invierno por cuarta edición consecutiva, con un récord de 18 medallas de oro, superando a países 60 veces más grandes.
La mayoría de los países siguen la versión del modelo brasileño, ampliada en todo el universo del fútbol: detectar el talento desde temprana edad y desarrollar el juego en torno a la posición que se presume que el niño ya domina. Pero el éxito de los nórdicos invita a preguntarse si la alternativa, proteger el derecho del niño a elegir, no será la mejor opción. Puede que sea raro legislar la paciencia, pero es aún más raro es ganar practicándola.
Derechos de niño que se escribieron para que pudiera jugar mal sin pasar vergüenza. Así, un niño de nueve años con el talento suficiente para el primer equipo podía seguir siendo simplemente un niño de nueve años. Lo que el mundo del fútbol recordará de esta selección es la victoria, pero, curiosamente, la alegría es lo que la ley pretendía proteger.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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