Las siete estocadas de Luka Tudor

El miércoles se cumplen 25 años del día en que el ex delantero de la UC marcó siete goles a Antofagasta, récord individual absoluto de Primera. Este es el relato de aquel inolvidable 8-3 en la voz de su protagonista. Y de su antagonista, el arquero Marco Cornez.


No hay un solo día en que a Luka Tudor (49) no le recuerden su exhibición protagonizada la mañana del 21 de noviembre de 1993 en San Carlos. Tampoco en que a Marco Cornez (54) no le recuerden al delantero cruzado. Y así han pasado ya 25 años.

Un cuarto de siglo de un encuentro inolvidable librado entre Universidad Católica y Antofagasta en el feudo cruzado. De un 8-3 autoritario presenciado en directo por 11.322 espectadores. De un récord histórico de voracidad que forma parte todavía del imaginario colectivo del hincha chileno. Las bodas de plata de un festín sin precedentes con dos invitados.

Son las cinco de la tarde en la comuna de Vitacura y sobre el césped de la cancha del Estadio Croata, el ex arquero Marco Antonio Cornez, leyenda viva de Palestino, Universidad Católica y la selección chilena, hace inventario. Una polera de guardameta, un par de guantes y siete balones dentro de un saco. Todo está listo y se diría que incluso el calor es el mismo que aquella mañana en San Carlos de hace 25 años.

15 minutos después, caminando con paso sosegado, y tres veces el volumen de entonces, aparece Luka Tudor, contrastado goleador de la Roja y del conjunto de la franja, su ex compañero, su amigo, su rival y su verdugo implacable. Son los dos protagonistas de un capítulo imprescindible de la historia del balompié criollo y están aquí, en compañía de La Tercera, para contarlo. Tras desafiarse mutuamente con la mirada, se funden en un abrazo. Y el partido del récord de goles, el del gallito histórico entre Luka y Marco, ha comenzado.

“Es un bonito recuerdo para mí porque en ese tiempo Almada era el nueve titular del equipo. Había sido el goleador de la Copa Libertadores tres meses antes y yo había tenido, para variar, varios problemas físicos. Y aunque ya me había recuperado y estaba bien físicamente, Almada era el titular”, comienza a explicar, a modo de contextualización general, Luka Tudor. “Pero hubo un problema en el camarín, se pelearon Almada con Vázquez, esa es la realidad, y ahí me tocó jugar. Y está claro que aproveché mi oportunidad”, prosigue.

De manera que tras varias jornadas alejado de la oncena titular, el ariete de ascendencia croata, repatriado del fútbol europeo, fue de la partida ante Antofagasta. Un conjunto sólido que contaba bajo los palos con un viejo conocido de la precordillera, un guardameta con el que había coincidido en las filas de la UC durante cuatro años y que no podía imaginar lo que estaba a punto de suceder en su regreso a casa. O tal vez sí, pues en opinión del ex arquero, las cosas comenzaron a torcerse aquel día antes incluso de que echase a rodar la pelota. “Es que hay que partir por el principio. Era un partido importante para nosotros jugando de visita. Y llegando al estadio ya nos encontramos con un problema, que el árbitro no nos deja jugar con la camiseta nuestra”, empieza a relatar Cornez. “Y dije yo: ‘Algo está pasando acá, aquí hay algo oscuro’. O está arreglado el utilero nuestro, o no sé, pero llegamos a San Carlos y el utilero no nos había traído las camisetas de recambio”, continúa. “Y al árbitro no se le ocurrió nada mejor que pedirnos que jugáramos con la camiseta alternativa de la Católica. Y entonces entró Luka al partido y el Luka estaba jugando con los reservas, como si fuera un entrenamiento. Se liberó de tensiones, empezó a jugar a piacere y claro, hizo el primer gol y en 15 ya me tenía tres”. “¿A los 15?”, interpela Tudor, incapaz de contener la risa ante la extravangante narración de los hechos de su interlocutor. “A los 15”. “Nooo, sácale el IVA”, protesta de nuevo el goleador. “A los 15 me tenía tres y la gente empezó a tirar los cojines a la cancha. Era un escándalo San Carlos”.

Con tres derechazos inapelables tras habilitaciones de Lepe y Barrera, por partida doble, en los minutos 10, 16 y 19 de encuentro, arrancó el festín goleador de Luka Tudor en el feudo cruzado. “Eso ya era muy bueno para mí porque no estaba siendo titular y dije: ‘Bueno, tres goles en el primer tiempo, lo que pase ya da lo mismo”, recuerda el delantero. Pero ni el descuento de Antofagasta ni la llegada del entretiempo lograron apaciguar la desatada ira goleadora de Tudor.

“En el segundo tiempo, como veo que la motivación de este era muy grande y yo sabía que el Luka, jugando con la reserva, podía hacer muchos goles, le digo a Juan Umaña: ‘Juanito, anda donde el Luka y métele una patada’. Y va y le mete una tremenda patada”, vuelve a arremeter Cornez. “Sí, pero porque vos le dijiste”, exclama Tudor. “Claro, porque yo le dije. Bueno, y llega esta patada, Luka hace cinco volteretas para atrás, cinco para adelante y el estadio se enoja, se viene abajo y expulsado Juan Umaña. Y ahí empieza el show del segundo tiempo donde nos hace cuatro”.

Una gran acción individual de Rodrigo Barrera dio lugar al cuarto gol de Tudor en el minuto 48, y un cabezazo impecable del delantero, marcando los tiempos en el aire, al 5-2 parcial, a los 52 minutos de juego. El acierto goleador del ex mundialista Sub 20 comenzaba a adquirir ribetes de auténtica gesta. “La cuestión es que yo no sabía que había varios jugadores que tenían seis goles en un partido”, desclasifica el recordman chileno, autor también del 6-2 en el minuto 69, el sexto en su cuenta particular, tras beneficiarse de un error en el despeje de Cornez hacia el corazón del área. “Y ahí es cuando Horacio Rivas, defensor de Antofagasta, que era una de las defensas menos batidas del campeonato, por cierto, me dice que si hacía un gol más era el récord. E hice el séptimo. Me quedó una pelota de una jugada medio reboteada del Pindinga Muñoz, enganché hacia afuera y metí un sablazo arriba que Marco no pudo hacer nada. Marco no tuvo nada que ver en ninguno de los goles, como mucho en uno”, sentencia el delantero. Y el extraordinario guardameta surgido de las divisiones inferiores de Palestino, interrumpe: “A ver, si me hacen ocho goles algo de responsabilidad tengo que tener. Un poco de complicidad. Pero hay que darle un mérito también a los centrales, que ese día no llegaron. Algo pasó, no sé si se quedaron en Antofagasta, pero algo pasó”, subraya, sarcásticamente. Y ambos estallan en una sonora carcajada.

Aquel derechazo al ángulo, acaecido en el minuto 86 de encuentro, inatajable para Cornez, convirtió oficialmente a Luka Tudor en el futbolista con mayor capacidad goleadora en un solo partido de toda la historia del balompié chileno. Una marca de siete tantos que no ha podido ser emulada hasta el día de hoy, y que pudo ser aún mayor si el delantero no hubiese cedido a su compañero Barrera un lanzamiento penal provocado por el propio Tudor en el minuto 53 del duelo. “Él tuvo una generosidad muy grande en ese partido, y cuando a mí me hicieron el penal, que no tenía idea del récord, me nació de corazón decirle: ‘Tíralo tú’. Y bueno, lo echó fuera y ahora me dicen: ‘Podrían haber sido ocho’. Pero el récord era siete”, manifiesta Tudor. ‘No, si son ocho me tiro del cuarto piso”, masculla entre dientes Cornez.

El postrero tanto para la UC del Chamuca Barrera y el descuento final, ya en el tiempo de adición, logrado por Antofagasta, dio forma al resultado final, un recordado 8-3 que coronó a Tudor y persiguió a Cornez durante algún tiempo. “Es que ese partido no terminó ahí, terminó en Antofagasta. Porque yo llego a Antofagasta indignado, con los diarios hablando de los ocho goles, y llegando al estadio paso donde están construyendo una torre de diez pisos. Y ahí se juntan tres gallos, tres trabajadores y me gritan: ‘¡Marco!. Y yo miro, me doy vuelta y me dicen: ‘¡Buena, Super8!’. Y yo que era mecha corta subo a encarar a estos tipos y nos fuimos casi a los combos”.

Mientras reconstruyen, un cuarto de siglo después, aquel encuentro decisivo para ambos por motivos bien diferentes, a Luka Tudor y a Marco Cornez se les ilumina el rostro. Y vuelven a embarcarse en otro viaje en el tiempo. “De verdad te digo que el último ya no lo festejé por respeto a vos”, manifiesta de pronto el delantero. “Las palabras de Luka están reflejando claramente que le estaba haciendo goles a su ídolo”, contraataca Cornez. “Pues a mí, por un lado, me habría gustado que fuera otro el arquero”, afirma Tudor. “No, hueón, no habría sido lo mismo. Si le haces siete goles a un arquero que no conoce nadie, no tiene ningún brillo”, enfatiza el guardameta. “Pero se los hice a uno que salió con la Maripepa Nieto”, bromea el delantero. “No, eso es un mito”, culmina Cornez, bajando la vista al suelo.

Y cuando el sol comienza a declinar sobre el irregular césped del Estadio Croata, llega el tiempo de los balances, del discurso final de estas particulares bodas de plata.“Estaba imparable Luka aquel día, y lamentablemente me tocó a mí que liberara todo ese potencial anotador. Y parece que ahí se acabó todo”, sentencia el arquero, riendo, para después continuar: “No, la verdad es que la historia me deja contento, porque si los siete goles me los hubiera hecho una persona desconocida habría tenido rencor. Y hoy tengo felicidad. Esto ha sido un triunfo de los dos, porque él ha disfrutado con esta humillación y yo también le he sacado provecho. Porque cuando yo parto mis clases teóricas de fútbol, tengo una foto con cinco balones y digo: ‘Mira, aquí hay cinco de los siete que me hizo el Luka’. Y rompo el hielo”.

Y Luka, el de los récords, toma para finalizar la palabra. “Ojalá este récord no sea batido. No voy a andar con falsa humildad. Ojalá no sea batido porque qué bueno estar en la historia de algo, y más en la profesión que uno hizo, que es el fútbol. Y creo, además, que es difícil que se pueda volver a hacer. Es un recuerdo imborrable, que deportivamente debe ser el más importante por la magnitud que tuvo, y que además comparto con el Marco, con el que tenemos una gran amistad. Porque además ya sabes cómo es el chileno, que se cumplieron las bodas de plata y todavía te dicen eso de: ‘Ah, te arreglaste con Marco’. Y es cierto, pero eso lo desclasificaremos otro día a cambio de más plata”, culmina. Y ambos ex futbolistas, víctima y verdugo de una velada histórica, rompen a reír. Y rejuvenecen de golpe 25 años.

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