Sebastián Carrasco: la historia del basquetbolista chilote que triunfa en Argentina
A sus 26 años, el deportista nacional ha acumulado victoria tras victoria en su carrera en el básquetbol profesional. Luego de ganar cuatro de las últimas cinco ligas nacionales de Chile con la U. de Concepción, el fin de semana pasado repitió la hazaña en Argentina, donde triunfó junto a Gimnasia y Esgrima en la Liga Nacional de Básquet y se convirtió en el primer chileno en ser el MVP de las Finales del certamen.

“¡Ahí está justamente el chileno, con la bandera, el MVP! Hoy Carrasco fue clave, una serie bárbara, pero hoy fue determinante”. Ese relató marcó el cierre de la Liga Nacional de Básquet 2025/26 de Argentina, disputada el fin de semana pasado entre Asociación Atlética Quimsa y el Club Gimnasia y Esgrima de Comodoro Rivadavia, donde el deportista nacional, Sebastián Carrasco, de 26 años, encabezó la ofensiva al anotar 19 puntos y fue condecorado como el Jugador Más Valioso (MVP) de las Finales.
No son pocos los hitos a destacar de la final del campeonato más importante de básquetbol de Argentina. Por primera vez en la historia, un chileno fue considerado el mejor jugador en la serie decisiva de la liga, un título que solo había sido otorgado a extranjeros provenientes de Estados Unidos. Además, Gimnasia y Esgrima obtuvo el primer lugar en el torneo a 20 años de la última vez en que se repitió la hazaña, en una copa que el plantel cestero de Boca Juniors se había adjudicado en las últimas dos ediciones.

“¡Chileno, chileno, chileno!”, vitoreó la hinchada de “La Magia Verde”, al tiempo que Carrasco, ataviado con la bandera tricolor a modo de capa, recibió el Balón de Oro por su desempeño. De esta manera, el jugador se repitió el mismo plato que el año pasado, cuando jugaba para la Universidad de Concepción y fue el MVP de las Finales de la temporada 2025.
Luego de triunfar en el extranjero, para muchos es claro que su carrera aún no topa el techo, una trayectoria que comenzó en su ciudad natal, Ancud, en el seno de una familia cestera.
Ancud, ciudad del básquetbol
“Tuve la suerte de alcanzar a ser parte de esta generación que se juntaba a jugar afuera (en la calle)”, dice Sebastián Carrasco sobre su infancia en Ancud, en la isla de Chiloé, en conversación con La Tercera. De esos días lo que más recuerda es cuando regresaba a su hogar cubierto de barro por jugar fútbol o básquetbol con sus amigos del barrio, en partidos que muchas veces se disputaban bajo la lluvia.
En esa casa lo esperaban sus papás, una pareja de profesores de quienes fue hijo primogénito, el año 2000. Tanto su madre, docente de Biología, como su padre, de Educación Física, impulsaron desde pequeño sus aficiones deportivas. Según Carrasco, la primera vez que le dio bote a una pelota de básquet fue a los cuatro años.
De acuerdo con su papá, Héctor Carrasco, el baloncesto es una tradición familiar: “Yo también jugué básquetbol profesional en la Universidad de Concepción. Y cuando llegué a trabajar a Ancud también lo hice aquí. Sus abuelos también practicaron el básquet, fueron seleccionados”. Sebastián complementa que su madre también lo practicó de joven, al igual que su tía, que “fue preseleccionada”.
Cuando tenía siete años, Héctor Carrasco pedía prestado el gimnasio del Liceo Domingo Espiñeira –del que es inspector general– para entrenarlo a doble turno, es decir, durante la mañana y la tarde. Refugiados de la lluvia, esos entrenamientos desembocaron en su clasificación a las series menores de ABA Ancud, con apenas nueve años de edad. En ese tiempo ya jugaba en la posición que ocupa al día de hoy, de base.

“Tuve la suerte de estar en una ciudad muy de básquet”, dice Sebastián. “La vida para mí era ir al Gimnasio Fiscal a ver jugar al equipo adulto”. De esos partidos recuerda la “buena dupla” que conformaban Pedro Sandoval y Marquis Johnson, y a Sebastián “Chapa” Suárez. En esos años, también apoyaba a los Boston Celtics en la NBA, aunque luego se pasó a los Golden State Warriors, donde su jugador favorito es Stephen Curry hasta el día de hoy.
A los 14 años, Carrasco fue llamado a formar parte del plantel adulto de ABA Ancud y logró ser compañero de sus ídolos. En esa época, además, comenzó a considerar el dedicarse profesionalmente al básquetbol, en parte por una conversación que tuvo con “Chapa” Suárez.
“Mira, Sebita, esto es fácil. Si estás acá tienes dos caminos: o te entrenas y buscas ganar lo más que puedas y ser mejor, o puedes ser un tipo flojo y no entrenar. Escoge una o la otra”, le dijo Suárez, recuerda Carrasco. “Y ahí me abrió los ojos y dije: no, tengo que entrenarme. Tengo que llegar a ser lo mejor que pueda. Eso se va a retribuir”.

El primer gran obstáculo que Carrasco enfrentó fue una lesión en las rodillas a los 16 años, que implicó su retiro del deporte durante más de un año. El diagnóstico fue una osteocondritis disecante, con desprendimiento de cartílago en la pierna izquierda, y su ruptura en la derecha. La operación fue en Santiago y, aunque fue exitosa, el doctor le dijo que existía la posibilidad de que no pudiera volver a jugar.
De vuelta en Ancud, y en plena recuperación, un día de marzo de 2017 recibió una llamada de Galo Lara, el entrenador de la Selección Chilena de Básquetbol Masculino Sub 17, quien lo quería citar para el Campeonato Sudamericano. “Ese fue el llamado que me hizo clic. Me dije: ‘Tengo que recuperarme’”.
Días después, tomó un vuelo a Santiago para una recuperación intensiva, que fue un éxito. “Así pude volver, pude recuperarme y salimos campeones sudamericanos en Perú”, afirma Carrasco. “Fue de película”.
Básquet penquista
Cuando cumplió la mayoría de edad, Carrasco recibió una beca deportiva para estudiar Kinesiología en la Universidad de Concepción, de la mano de un contrato para ser parte del equipo de la institución.
“En la U. de Conce tuvimos un equipo muy bueno, muy ganador desde el principio. Y desde que llegué empecé a agarrar cada vez más experiencia y pude hacerme importante en el equipo”. Ese plantel estuvo compuesto por deportistas nacionales como Diego Silva y Carlos Lauler. Además, aprendió “mucho de lo que es la alimentación” y que “no es solo lo que haces en la cancha, sino que también lo que haces afuera”.
Santiago Gómez, entrenador del equipo penquista, afirma que “Sebastián es un jugador completo. Físicamente es bueno, es explosivo, es rápido. Es un jugador que tiene puntos en la mano, que hace jugar bien al equipo en su rol como base. Y la gran diferencia que tiene es una confianza en él que lo hace peligroso. Es un jugador altamente competitivo, al que le gustan esos momentos difíciles y le gusta asumir”.
En el básquetbol, la posición de base es la encargada de organizar el juego y planificar jugadas en la cancha. En palabras de Gómez, Carrasco es “todo lo que busca uno en un base moderno. Puede sacar rápido al equipo, jugar a media cancha, tiene tiros en transición, tiene jugadas de pick and roll para definir él”.
Por otro lado, su amigo y excompañero de equipo en la U. de Conce, Michael Rivera, afirma que tiene “mucho liderazgo, mucha energía, mucha garra, y esto te lo contagia como compañero”. Al igual que Gómez, agrega que Carrasco tiene “una mentalidad ganadora de siempre salir a competir y pararse de igual a igual, sin importar quién sea el rival”.
Entre algunas historias que comparte con él, recuerda la vez que se conocieron. En 2020, Rivera viajó desde el sur a las pruebas de ingreso al equipo. Pero no sabía que duraban dos días y se quedó sin alojamiento. Carrasco, que ya vivía en la ciudad, le ofreció que se quedara a dormir en su casa. “Fue un bonito gesto, lo ofreció sin conocerme”, agrega.
Junto a ese equipo, Carrasco ganó cuatro de las últimas cinco ligas nacionales de básquetbol. De esos años, el partido que más recuerda es el que disputaron contra Obras Sanitarias por la Basketball Champions League Americas 2023-24. “Fue algo histórico para el país, que un club chileno avanzara a octavos de final de la Champions, donde están los mejores de América. Ese partido me marcó, porque yo salí MVP de ese juego y ahí me habló quien hoy en día es mi representante”, afirma el chilote.
Con la ayuda de su nuevo agente, el ancuditano empezó a explorar las posibilidades de jugar en el extranjero. Y para 2025, cuatro días después de ganar la Liga Nacional de Básquetbol de Chile y ser condecorado MVP de las Finales, ese representante fue quien lo llamó para darle la noticia: tenía varias ofertas para jugar en Argentina, entre ellas, la de Gimnasia y Esgrima de Comodoro Rivadavia.
El chileno de Comodoro Rivadavia
A solo días del comienzo de la Liga Nacional de Básquet 2025/2026 de Argentina, Carrasco tomó tres aviones: de Concepción a Santiago, luego a Buenos Aires y desde ahí a Comodoro Rivadavia, en la patagonia argentina. La adaptación al ritmo de juego en el país transandino no fue fácil para el chilote. “Allá hay un nivel mayor”, dice Carrasco. “Jugar 20 minutos allá es como jugar 32 acá en Chile”, por lo que “al principio no fue fácil”, agrega.
Con el pasar de las semanas, dice que se fue sintiendo “cada vez mejor y adaptando al ritmo y a la exigencia de la liga de allá”. Uno de los cambios que experimentó fue que en Chile “siempre fuimos favoritos”, pero en Argentina se enfrentó a equipos con “un presupuesto tres o cuatro veces mayor que el nuestro” y con jugadores más caros, como Boca Juniors, San Lorenzo y el mismo Quimsa, contra quienes disputaron la serie decisiva.

En esa última serie –que se disputa al mejor de siete– Gimnasia y Esgrima se impuso con cuatro victorias por sobre las dos de Asociación Atlética Quimsa. En el sexto y último partido, el equipo de Carrasco ganó con un marcador final de 68-56, y el chileno fue elegido unánimemente el MVP de las Finales.
Desde la perspectiva de Gómez, su entrenador cuando jugaba en Concepción, “Sebastián todavía no tiene techo y seguramente va a seguir construyendo una carrera ascendente”. Ademas, dice que desde su anterior equipo lo seguirán apoyando para que “continúe construyéndose como un referente y un espejo para todo el básquetbol chileno. Y para todos los chicos que quieren ser hoy día Sebastián Carrasco”.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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