Palestino

Sebastián Méndez: “Soy un lector compulsivo; me gustan Bukowski y Nietzsche”

Apasionado, idealista e intelectual. En vísperas del inicio de la segunda rueda, el atípico DT de Palestino se sincera. Revela sus filias y sus referentes literarios, y reflexiona sobre la vida, la política y el balompié.


Fue un central rudo, irreductible, a fines del pasado siglo y la primera década de éste. A caballo entre sus dos patrias, Galicia y Argentina, transcurrió su carrera como jugador, que tuvo admiradores confesos de la talla de Maradona y enemigos públicos del peso de Falcao. Dirigió como DT a siete equipos, clasificó al modesto Godoy Cruz a la Libertadores y cruzó la cordillera el 15 de mayo para tomar las riendas de Palestino.

En vísperas del reestreno del cuadro tetracolor en el torneo (hoy, en Collao, ante Universidad de Concepción), Sebastián ‘El Gallego’ Méndez (41) recibe a La Tercera en La Cisterna. Con un invicto de siete encuentros, barba espesa, gorro de lana y una frontalidad genuina, el técnico transandino, padre de tres hijos, amante del café negro, los autores de la Generación Perdida y un tipo de fútbol del que no era el mejor exponente como jugador, se confiesa.

Su primera experiencia como DT fuera de Argentina. ¿Un paso adelante o una aventura personal?
Un poco de las dos, porque hay que tener valor para salir de tu zona de confort, pero éste es un fútbol donde se trata de jugar, donde se le concede importancia a lo táctico, y ese es un buen escenario para crecer.

Este año se cumplen 40 del último título de Palestino. ¿Es posible volver a pelear esas metas?
No lo sé. Nosotros lo que buscamos es que nuestros equipos sean competitivos. Creo que ha habido una mejoría en estas ocho semanas de trabajo, que de momento lo estamos siendo y que vamos a llegar a serlo mucho más.

¿Cuáles son los objetivos?
La primera meta es ponernos en puestos de América. No estamos lejos, pero tampoco de la gente de abajo. Yo pienso que no hay que ponerse techo, porque uno solo se limita cuando piensa así. Tampoco se trata de pensar algo que sea imposible, pero entrar en América lo veo factible, no lo veo como una utopía.

En un medio que gusta de rótulos, a usted ya lo han tildado de bielsista. ¿Le incomoda?
Yo no soy bielsista, soy admirador de Marcelo desde que lo tuve como entrenador, a los 20 años, y mis manifestaciones de cariño y admiración hacia él fueron siempre. Pero no tengo nada que ver con Bielsa en la manera de jugar. Nuestros equipos suelen tener más posesión, pueden jugar más directo. No sé si menos audaz es la palabra, pero los equipos de Bielsa se posicionan más en la cancha, más adelante, y eso te quita espacios. Y a mí me gusta más la generación de espacios y el llegar que el estar. Eso en cuanto a lo futbolístico, porque después imitar a Bielsa es imposible. Marcelo es único en su manera de transmitir, entrenar y vivir el fútbol. Me puedo declarar admirador, pero también me encanta Klopp y no soy Klopp, evidentemente. Y tampoco lo pretendo. Creo que el error es caer en eso, en tratar de imitar.

Dice que no es bielsista, pero da la impresión de que basta sólo con la etiqueta para encontrar trabajo en Chile. ¿Lo ve así?
No, porque las entrevistas de trabajo no son en referencia a Bielsa. No creo que en Chile te contraten por admirar a Bielsa. Y tampoco creo que Bielsa sea la verdad absoluta. Ha ganado, pero también perdió. La repercusión tiene que ver más con el modo. Igualar a los poderosos con un equipo más pequeño es seguramente su mayor virtud.

¿Y cómo juegan sus equipos?
Juegan rápido, tratando de tener una presión alta y dándole valor a la tenencia de la pelota, pero sabiendo discernir cuándo el ataque tiene que ser más directo y cuándo más elaborado.

El Mundial puso de manifiesto que se puede ganar también sin tener la posesión del balón…
Me parece que todos los equipos del Mundial, salvo Bélgica, que presionó más alto, esperaron en zona dos. Todos. Ninguno salió. Se priorizó el orden sobre la presión y el contragolpe sobre la elaboración. Pero no creo que estas tendencias vayan a ser definitivas.

¿Le gustó Argentina?
Poco, no jugó bien, no me gustó. Y tampoco creo que decir esto sea despiadado. Fue muy desprolijo todo. En cuatro años pasaron cuatro entrenadores y tres presidentes de federación. Y fue mucha presión para Messi. La comparación con Maradona ya hartó a todo el mundo. Pretender que Messi sea Maradona sería lo mismo que pretender que Maradona fuera Messi.

¿No fue simplista señalar a Sampaoli como el único responsable?
Sí. Errar un gol o que el arquero erre y echar la culpa a Sampaoli es lo más simple del mundo. Creo que todos tienen responsabilidad.

Regresando a su ideario. Dígame algo en lo que sea inflexible…
No transo con la falta de respeto, la desidia y el no involucrarse. Lo demás siempre es conversable.

¿Hay algún jugador como usted en el plantel de Palestino?
No. Así tan duros no. Pero yo no era un jugador fácil de lidiar. Tampoco dentro del campo. Entiendo que el que es lobo adentro tampoco puede ser cordero afuera. Es muy difícil de conseguir. Pero siempre me brindé por el equipo, esa era mi mayor honestidad como jugador. Después no le podía dar futbolísticamente cosas que mis jugadores sí pueden dar. Yo no fui un buen jugador técnicamente, no me gustaba como jugador, pero sin embargo me encanta que mi equipo juegue bien.

Maradona dijo que le habría encantado jugar con usted…
Sí, pero por la entrega. Fue después de un partido de Libertadores. Salí a presionar, corrí mucho. Creo que Maradona hablaba de eso, porque jugó con jugadores cien veces mejores que yo.

¿Y con quién le habría gustado jugar a usted?
Con los mejores. Con Maradona, claro. Pero jugué con grandes jugadores. Con Mostovoi, con Karpin, con Milosevic. Y contra Ronaldo, Figo, Zidane…

Y contra Falcao… ¿Qué sucedió con él exactamente?
Él me fracturó y yo le pegué. No hay mucha más vuelta que eso. Jugué muchos partido, pero quedó ese recuerdo que tampoco me desvela. No tengo ningún problema con Falcao.

También han dicho que es un técnico obsesivo. ¿Es cierto?
No soy de los que mira 150 videos por día, pero sí soy obsesivo con los entrenamientos, el monitoreo de las cargas y la planificación. Y ahora que estoy sin familia acá tengo más tiempo para ser obsesivo.

Me consta que es un gran lector…
Sí, compulsivo y autodidacta. Todo lo que me viene a las manos, lo leo. Lo último que leí fue Siddhartha, de Herman Hesse.

¿Algún otro autor de cabecera?
Charles Bukowski me encanta. Lo empecé a leer a los 18 y con 41 me sigue gustando. Pero también me gusta Nietzsche y me gustó Saramago siempre, su historia de vida. Me gusta la gente interesante o los que yo considero interesantes. Cortázar, Borges… aunque es difícil leer a Borges. Y luego los escritores malditos; Capote, Hemingway, John Dos Passos, Henry Miller… A esos me los devoré a todos.

¿Es un hombre político?
Sí. De izquierda.

¿Por qué hay temor en el fútbol a emitir opiniones políticas?
Yo no le tengo miedo a pensar como pienso. Si alguien me pregunta si tengo una orientación política, sí, claro que la tengo. Vengo de una familia de clase media-baja y jamás podría ser un tipo de derecha, imposible. Si uno tiene dos dedos de cerebro se da cuenta de eso. Yo fui empleado siempre y mi padre igual, nunca pudo tener su panadería, siempre la alquiló. No es estar contra el poder ni nada de eso, es tener un poco de conciencia social y saber que no vivimos solos.

Palestino es un equipo con conciencia política. ¿Influyó también eso en su decisión?
Fue importante porque me gusta involucrarme. Me gusta saber a quién dirijo. Por mi formación y mi ideología, además, pegaba justo con lo que estaba buscando.

Pude leer que es muy cercano a Simeone. ¿Un ejemplo como DT?
Fue mi técnico en San Lorenzo y verlo ahora, peleándole al Madrid y al Barcelona con el Atlético, tiene un mérito increíble. El Atlético de Madrid tiene una historia muy rica, pero creo que la mejor época en la historia del club es ésta, y en eso tiene infinitamente que ver el Cholo. Él escribió las páginas más doradas. Fue importante como jugador, lo es como entrenador y debe estar entre las dos o tres personas más importantes en la historia del equipo. Y tiene sólo 48 años. La última vez que lo vi, cundo vino a ver al hijo a La Calera, me comentó que quería seguir en el Atlético, cosa que a mí me llama la atención y no.

¿Por qué le llama la atención?
Porque tiene muchas ofertas y podría dirigir incluso la selección. Pero también entiendo que tiene un compromiso con los jugadores y los jugadores con él. Griezmann dijo que se quedaba en el Atlético y si se te quedan los jugadores porque quieren seguir trabajando con vos, ¿cómo te vas a ir?

¿Y cuál es su grado de entendimiento con su plantel?
Tenemos buen diálogo. Uno sabe que la recepción es buena viendo el trabajo diario. Si ellos se entregan, es que está llegando. Y yo los veo entregarse.

El primer rival en la vuelta del torneo es el segundo clasificado. ¿Les servirá para saber en qué punto se encuentran?
Una buena medida fue La Calera (por Copa), que está tercera. Ese partido nos dio cierta pauta de en qué punto estamos. Las primeras tres fechas que vienen ahora son complicaditas, pero si conseguimos salir bien parados de esos partidos, el equipo va a crecer y mucho. Veremos cómo nos va, porque la Copa Chile es un torneo diferente y también la coyuntura. Hubo equipos que dieron vacaciones y nosotros no paramos.

¿Subestimaron la Copa los equipos grandes?
No. Uno planifica y después puede salir o no. Nosotros le dimos importancia porque no sólo significa un puesto en América sino también un título. Y quizás los grandes no lo ven así. Yo lo entiendo. Los grandes ven la Copa como un pasaje para América y los chicos lo vemos como la posibilidad de ganar un título. Creo que hay dos miradas y en base a eso uno le dedica más o menos.

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