Brasil ante un “escenario alarmante” que amenaza a sus vecinos en la región

Foto: AFP

Mientras el Presidente Jair Bolsonaro llama a sus compatriotas a dejar de “lloriquear”, la OMS advierte que la situación “es muy seria”. “La preocupación también gira en torno a los vecinos de Brasil”, asegura.




Después de dos días consecutivos de muertes récord por el Covid-19 en Brasil, el Presidente Jair Bolsonaro pidió el jueves a sus compatriotas que dejen de “lloriquear” y sigan adelante, la más reciente declaración en que minimiza la gravedad de la pandemia y critica las medidas de distanciamiento social.

“Basta de quejas y lloriqueos. ¿Cuánto tiempo más durará el llanto?”, dijo Bolsonaro a una multitud en un evento en Sao Simão, al suroeste de Goiás. “¿Cuánto tiempo más te quedarás en casa y cerrarás todo? Nadie puede soportarlo más. Lamentamos las muertes, otra vez, pero necesitamos una solución”, añadió, al ironizar sobre las nuevas medidas de aislamiento social impuestas por varios gobernadores.

Río de Janeiro reimpuso restricciones en bares, restaurantes y playas a partir del viernes para, según su alcalde, Eduardo Paes, “evitar que se repita el genocidio” de 2020 en la capital carioca. El estado de Sao Paulo, el más rico y poblado, regresó este sábado, por dos semanas, a la “fase roja”, que prohíbe la apertura de centros comerciales, restaurantes y salas de espectáculos. En Brasilia y en los estados de Mato Grosso, Pernambuco, Rondonia y Acre, entre más de una decena, la actividad ya se redujo a los servicios esenciales o se limitaron los horarios de apertura de los comercios, con eventuales toques de queda nocturnos. Incluso, los estados más ricos y con más infraestructura, como Paraná y Santa Catarina, están en “alerta crítica” de ocupación de camas UCI.

Y es que la situación es crítica. Con récords de muertos, hospitales al borde del colapso y una campaña de vacunación en cámara lenta, Brasil vive la fase más mortífera de la pandemia sin una estrategia nacional para contenerla, asegura France Presse. “Por primera vez desde el inicio de la pandemia se verifica en todo el país un agravamiento simultáneo de diversos indicadores”, señaló esta semana la prestigiosa Fundación Fiocruz, vinculada al Ministerio de Salud. El total de víctimas fatales de Covid-19 supera los 263.000, un balance superado solo por Estados Unidos, y los 10,9 millones de contagios (con un peak de 87.134 casos diarios el 7 de enero pasado).

Soldados del Ejército brasileño efectúan labores de desinfección contra el Covid-19 en el Cristo Redentor de Río de Janeiro. Foto: AFP

Se trata de un “escenario alarmante”, con un aumento de casos y muertes, altos niveles de síndromes respiratorios agudos graves (SRAG) y una ocupación de más del 80% de camas en las unidades de cuidados intensivos en 19 de los 27 estados brasileños, explicó la institución. Hasta el viernes, el promedio móvil de los últimos siete días era de 1.423 decesos diarios, una cifra que hasta febrero se mantenía cerca de los 1.100. Desde enero, el país no ha logrado bajar de los 1.000 fallecidos al día, como ocurrió entre junio y agosto de 2020, durante la primera ola. El miércoles, Brasil registró el récord diario de muertos: 1.840.

La tendencia al alza en el número de nuevos decesos por Covid-19 llega a tal nivel, que Brasil superó el índice de EE.UU., considerando la proporción de habitantes de cada país. Con las 1.840 muertes registradas el miércoles, el país sudamericano tenía ese día un promedio móvil de 6,3 nuevos registros de defunción por cada millón de personas. En cambio, durante la misma jornada, en EE.UU. se contabilizaron 2.468 nuevos fallecimientos, lo que representa 5,5 muertes por millón, considerando también la media móvil, destacó Folha de S. Paulo. A la luz de las cifras, según el diario paulista, la tendencia es que la diferencia entre los dos países se amplíe, ya que en Estados Unidos las muertes están disminuyendo, mientras que Brasil viene registrando récords seguidos de nuevos decesos por Covid-19.

Se trata de un fenómeno que preocupa a la Organización Mundial de la Salud (OMS). Su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió el viernes a Brasil que la situación sanitaria “es muy seria” y urgió a las autoridades a tomar “medidas agresivas” para atajar el nuevo rebrote de la pandemia. “La situación es muy seria y estamos muy preocupados. Las medidas sanitarias que Brasil tome deberían ser agresivas, al mismo tiempo que avanza en la vacunación”, dijo el jefe de la OMS.

“La preocupación no gira tan solo en torno a Brasil, sino también en torno a los vecinos de Brasil, es casi América Latina en su conjunto, muchos países, excepto dos más o menos”, alertó Tedros. “Si Brasil no se lo toma en serio, afectará a todos los vecinos y más allá, así que esto no solo trata de Brasil, creo que atañe a toda América Latina”, señaló. El director de la OMS comparó la situación de Brasil con otros países, donde se observaron “tendencias a la baja” y dijo que en el gigante sudamericano la situación era “al alza o simplemente estable”, por lo que Brasilia “tiene que tomarse esto muy, muy en serio”.

La ONG Río en Paz cava tumbas en la playa de Copacabana como un acto simbólico. Foto: Reuters

Y los signos del agravamiento de la crisis sanitaria están a la vista. Se repiten las escenas que marcaron la primera ola de la pandemia en los primeros meses de 2020. Nuevamente comienza a registrarse congestión de carrozas fúnebres dentro del cementerio de Vila Formosa, en el lado este de la ciudad de Sao Paulo, considerada la necrópolis más grande de América Latina. Antes de la pandemia, el número de entierros en una mañana en Vila Formosa nunca superó los 20, comentan sus trabajadores a Folha de S. Paulo. “Este jueves teníamos 23 cuerpos de víctimas de Covid-19 esperando un entierro”, dice Wagner Amaro dos Santos, administrador de Vila Formosa 1. “Son cadáveres que llegan de noche, se quedan en una habitación específica de nuestra sala de velatorio y son enterrados en la mañana del día siguiente”, explica.

Tras batir récords de hospitalizaciones y muertes por Covid-19, el gobernador de Sao Paulo, João Doria, anunció la creación de un nuevo hospital de campaña, cuyos detalles se darán a conocer mañana. Durante la primera ola, ese estado brasileño montó un hospital de campaña en el estadio Pacaembú, con capacidad de 200 camas. Asimismo, el secretario de Salud de Sao Paulo, Jean Gorinchteyn, informó el viernes de una “operación de guerra” para recibir a los pacientes con coronavirus, que incluye la convocatoria de profesionales de la salud voluntarios. El estado de Sao Paulo registró el viernes la mayor tasa de ocupación de camas UCI para Covid-19 desde el inicio de la pandemia, con un 78,5%. El valor supera el récord anterior de 77,4%, registrado el 28 de mayo de 2020, durante la primera ola.

El repunte de la pandemia en Brasil, según los expertos, resulta de la falta de distanciamiento social durante las fiestas de fin de año y de las aglomeraciones del verano y el Carnaval, pese a que estas últimas estaban formalmente prohibidas. Algunos estudios apuntan igualmente a la nueva variante de coronavirus procedente de la Amazonía, denominada P.1, dos veces más contagiosa, detectada ya en 17 de los 27 estados del país (hasta fines de febrero) y que causa alarma mundial.

Esta emergencia “no es una sorpresa: se debe a no habernos preparado, porque este escenario estaba previsto. Sabíamos que había una nueva variante y debió haber un lockdown”, dijo a France Presse la vicepresidenta de la Sociedad Brasileña de Inmunología, Isabella Ballalai.

Rodrigo Gaete, doctor en Ciencias de la Universidad de Sao Paulo, comparte ese análisis, al señalar como una de las razones de la actual crisis sanitaria la “llegada de algunas variantes del virus que se muestran más transmisibles y que atacan rangos de edad más bajos y con mayor incidencia, como la variante P.1”, según explica a La Tercera. Pero también enumera otros motivos: “El retiro del sueldo de emergencia, que implica una baja adhesión a las intervenciones actualmente necesarias para quebrar la cadena de transmisión, como el lockdown, en conjunto con el agotamiento mental de las personas, las promesas de vacunas que aún no llegan efectivamente y la cultura de retomada de las actividades al iniciar el año, que resultan en una sistemática disminución del aislamiento social en todo Brasil, llegando a los menores índices desde el inicio de la pandemia”.

Para Domingos Alves, líder del Laboratorio de Inteligencia en Salud (LIS) de la Facultad de Medicina Ribeirão Preto, de la Universidad de Sao Paulo, “lo que se ve en Brasil hoy es la falta de política para la contención del virus, nunca la hubo”, comenta a La Tercera. “Desde noviembre, los científicos brasileños han estado alertando a los alcaldes y gobernadores. Entonces llegamos a una situación de ocupación de camas límite, de manera simultánea en todos los estados brasileños, y todavía tenemos una tendencia a no tomar medidas restrictivas para contener el avance del virus”, se lamenta. “Considerando que no hay una coordinación central de gobierno que invierta efectivamente en acciones para romper la cadena de transmisión, me parece muy poco probable que esta situación deje de empeorar”, advierte Gaete.

Mientras tanto, los políticos se lamentan. “Hemos perdido la guerra... Es como si una bomba atómica hubiera caído sobre Brasil”, dijo al portal UOL Renato Casagrande, gobernador de izquierda del estado de Espírito Santo, quien adjudica al comportamiento irresponsable de Bolsonaro buena parte de la actual crisis.

Luiz Henrique Mandetta, quien fue ministro de Salud de Bolsonaro hasta que fue destituido en abril pasado, le dijo al diario O Globo que el hecho de que Brasil no lanzara un esquema de vacunación rápida significaba que el promedio diario de muertes pronto podría aumentar a más de 2.000. Hasta el viernes, según el sitio Our World in Data, Brasil -con 210 millones de habitantes- había administrado 10,17 millones de dosis, lo que equivale al 4,78% de su población.

“No sé dónde terminará esto... El país corre el riesgo de convertirse en un gran Manaos”, advirtió Mandetta en referencia a la capital amazónica, que hizo noticia en enero después de que los hospitales se quedaran sin oxígeno debido a un aumento de Covid-19. Para el alcalde de Manaos, David Almeida, la nueva variante es incontrolable. “Esperen lo peor”, dice.

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