¿Quién toma el timón?: El lío de dar con mayorías en la Convención

Se dijo que a las izquierdas fragmentadas en la Constituyente les podría costar atar los 2/3, pese a la minoría derechista... y aquí estamos. Ante el alud de polémicas propuestas, sube la presión para que socialistas y frenteamplistas confluyan y hagan valer liderazgos para conducir. ¿Por qué les cuesta tanto rearticularse si son parte del mismo gobierno entrante, al que le inquieta el desenlace del proceso?




Quedan cinco meses menos dos días para que se agote la vida de la Convención. En uno y algo asume el presidente Gabriel Boric y su ministro de la Segpres, Giorgio Jackson, tomará este fierro ardiente. El 4 de julio estarán raspando los cuatro meses en el poder. La presión revive el asunto de una incierta prórroga, el gobierno entrante se jugará la piel en el plebiscito de salida. Y el verano ha incrustado preguntas: ¿Qué diantres les pasa al Colectivo Socialista (CS) y al Frente Amplio (FA) que no están jugando en equipo? ¿Quiénes conducen esto?

¿Están peleados a cuchillo, no confían entre sí? No. ¿Entonces? Es un lío de varias capas que los mismos delegados reconocen que ha de desenredarse muy luego. Hablamos de dos de los grupos del ala izquierda más poblados y llamados a bajar la pelota al piso ante la atiborrada germinación de normas. Esta semana se apilaron 1.266 iniciativas por tramitar. Solo llegarán al articulado las que en el pleno cuenten con 2/3 (103 votos). Por mientras, tal profusión de creatividad y participación impacta dentro y en derredor de la Constituyente.

Aunque ninguna de las propuestas tenga aún el pase asegurado y ni siquiera han sido votadas en particular (las indicaciones las modificarán), basta que algunas hayan salvado las vallas de sus comisiones y lleguen a un titular para hacer más ruido. Limitar la duración de los jueces, salirse del Ciadi, caducar derechos de agua, nacionalizar el cobre, revisar tratados, abren polémicas que compiten con lizas de fondo político, como la incógnita de qué Parlamento tendremos.

Ahí la trabada pugna del unicameralismo versus bicameralismo tiene a socialistas y frenteamplistas en barcos distintos. Pero es solo una de las capas.

4 de enero 2022/Santiago Se suspenden la votación de la Presidenta de la convención FOTO: KARIN POZO/AGENCIAUNO

Las otras dan para una lista, según algunos: liderazgos que lucen diluidos o medio ausentes, heridas internas que quedaron del fracaso del CS y el FA en la elección de la mesa directiva durante enero, de ciertas rivalidades (nunca desconfianzas, insisten) de poder, de tironeos con otros colectivos al hacer alianzas (del centro a la izquierda son al menos siete), estilos de negociación, cierta falta de fogueo, entre otras.

Sumémosle a eso que el FA y el CS se describen mutuamente como carentes de cohesión interna, con fraccionamientos (que, a su vez, algunos desmienten o matizan de vuelta). Falta de conducción maciza es lo que más se repite.

Por mientras, el bloque del Partido Comunista les adelantó por la berma al lograr que le aprobaran la semana pasada su propuesta presidencialista en la Comisión de Sistema Político, hasta con votos de derecha, que en este último bloque reconocen que Marcos Barraza negoció hábilmente con ellos. La socialista no lo logró (se les cayeron votos de otros colectivos).

La inquietud que provoca que ambos bloques -17 convencionales en cada uno, menos la baja de Jorge Baradit en el CS- no se estén articulando como frente (salvo en comisiones como Derechos Fundamentales) para ir por los 2/3 es vox populi, pese a que sus partidos entrarán al gobierno. Y por si alguien lo olvida: el referéndum de salida es con voto obligatorio.

Como esto no puede salir mal, “La Moneda chica” está preocupada y lo ha hecho ver a los convencionales del FA, narran entre ellos; Boric y Jackson tienen aliados estrechos ahí. En el Partido Socialista también lo están. Todo muy informal, aseveran en el ex Congreso, pero la urgencia es clara: han de remar juntos. Y pronto.

Alguien ha de ceder

Lo dirán de distintas formas, pero es lo mismo. En ambos colectivos dolió y quedó como una lección haber quedado fuera de presidencia y vicepresidencia de la directiva, electa en enero tras un interminable cachacascán de votaciones papales. La primera cayó en manos, como se sabe, de los Movimientos Sociales Constituyentes (María Elisa Quinteros, que ahora prueba una dosis de amargura del cargo con el episodio de la renuncia de la asesora de comunicaciones Lorena Penjean) y de Independientes por una Nueva Constitución o Independientes No Neutrales (INN, Gaspar Domínguez).

La derrota de enero obligó a digerir autocrítica; harto se ha dicho sobre lo descoordinada y deficiente estrategia del CS, ellos dicen haber hecho el ejercicio. Entre los frenteamplistas, algo parecido.

La teleserie del sistema político, especialmente el dibujo del nuevo Legislativo, luce como otra disputa de poder. Aunque en el CS, en el FA y en el PC no olvidan que solo sirven los 2/3 para llevar una norma al articulado final, eso sigue trabado y así los números no dan. Se habla de diversas conversaciones y negociaciones, pero solo se sabrá cuando se vote. Y hasta ahora no se ve que alguien ceda.

Los comunistas insisten en que “no vamos a soltar el unicameralismo, así lo perdamos”, y que buscarán alianzas, ya sea para los 2/3 o para el 1/3 de bloqueo. La fórmula del legislativo plurinacional que elimina el Senado aprobada en la misma Comisión de Sistema Político también contó con los votos del FA. La diferencia, sostienen los PC, es que aunque ellos también forman parte del gobierno de Apruebo Dignidad, primero le responden a su partido.

Los socialistas, a su vez, no van a transar con el bicameralismo; van a presentar indicaciones y pelearán por revivirlo en el pleno, cuando las comisiones despachen allá las normas (sesión que, por lo demás, iba a ser el 15 de febrero pero que se retrasará dado el alto número de propuestas).

Bajo esta ferretería jurídico-legislativa los convencionales FA y CS siguen conversando. Hay coordinadoras y coordinadores formales: Yarela Gómez y María José Oyarzún por el FA; Max Hurtado y Tomás Laibe por el CS. Y casi a diario los abogados FA Jaime Bassa y Fernando Atria se las ven con su colega socialista Ricardo Montero, entre otros.

Mucho se habla de que tienen la voluntad, que saben de la premura. Pero hasta ahora no cuaja. Y mientras más demore, subirá la presión -creen varios- para que el nuevo gobierno ordene esto.

Por ejemplo, los FA narran que esta semana se gastaron varias horas en sucesivas reuniones para llegar a un acuerdo en materia de formación de la ley -quórums de votación y otros- al que se subieron casi todos los colectivos, y que calificaron como “muy transversal”. Pero que “a última hora”, los CS se bajaron aduciendo que no podían firmarla al enmarcarse en un Congreso unicameral.

¿Los socialistas? No, señor, aseguran, nunca firmamos nada y, por lo tanto, no retiramos nada; solo fuimos a escuchar con disposición a conversar y eso no compromete nada. Y claro, habría sido contradictorio apoyar eso. ¡Ah! Y no era “tan transversal”, espetan.

Como sea, después de eso Atria declaró en los patios que dicho acuerdo podría anticipar un final feliz en lo del Legislativo. Así como él y Bassa están por el FA en la Comisión de Sistema Político junto a Constanza Schonhaut, los socialistas tienen a Montero (uno de los coordinadores) y al también abogado Pedro Muñoz. Los PC, a Barraza y Bárbara Sepúlveda. Los INN, a Patricia Politzer y Guillermo Namor. La derecha: Marcela Cubillos, Hernán Larraín, Cristián Monckeberg y otros.

En los próximos días sus 25 integrantes entrarán a despejar el lío del Legislativo en votaciones generales y particulares.

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Confiamos, pero...

Además de que las conversaciones estén presionadas por los plazos y con el cambio de mando encima, la cuestión de quiénes conducen esto en el CS y FA es otra veta. Respecto de los socialistas, basta levantar una piedra en la Convención para que salgan de diversos colectivos -FA, PC y otros- a describirlos como fraccionados y con disputas de poder.

Este comidillo pinta una rivalidad entre dos abogados: Montero y César Valenzuela, uno de los nuevos coordinadores de Derechos Fundamentales. El primero comenzó coordinando el CS (dejó el puesto cuando se fue a Sistema Político), se formó como jefe de gabinete de Jorge Burgos en Bachelet II y en su día estuvo en RD, cuando era movimiento. El segundo fue vocero de la Revolución Pingüina (2006) y en Bachelet II estuvo en la Subsecretaría de Prevención del Delito.

En otros colectivos insisten en que ello deviene a veces en baches para negociar con los socialistas (la vieja cuestión de si basta hablar con uno, dos o con la mitad del colectivo). En el FA reiteran que hay una “una conducción desconcertante de los socialistas” y que “tenemos que arrear con los bueyes que hay”.

Pero en el CS insisten en que no es así: que después del fracaso por la nueva mesa hubo varios episodios complejos, que ambos juristas no están en conflicto (aunque no falta quien allí lo describe como una “disputa virtuosa”), pero que a nivel de votación de normas siguen unidos y todo está “tranquilo”.

Ese “tranquilo”, precisan, alude al después de la renuncia de Jorge Baradit al colectivo (él y una minoría del grupo no militan en el PS), conocida esta semana, y que según él fue debido a “profundas diferencias con la orientación y la posición política que ha ido tomando el colectivo al interior de la Convención”.

Es comentado y sabido en el ex Congreso que a Baradit le disgustaba que el CS confluyera en ciertas ocasiones con la derecha cuando estimaba que se “corría el eje” más allá de la necesidad de armar mayorías. Una versión dice que cuando les anunció que partía (aunque seguirá votando con ellos las normas que propuso y apoyó) les dijo algo así como “compañeros, el socialismo no está acá. Ustedes pueden hacer lo que quieran; el problema es mío”.

En el CS hay al menos unas tres o cuatro voces que fuera de comillas dicen tomarse su partida con alivio. Pero más allá del casi puntual, en el FA y en el PC leen que lo ocurrido acusó uno de los flancos de ese colectivo: los costos del pragmatismo cuando se acercan a la derecha.

En el socialismo lo saben y después de lo ocurrido afirman que “la mayoría acá siempre hemos estado con que si las transformaciones son profundas, los votos son iguales y no hay límites para hablar con gente”.

En el mismo bloque otras voces hacen suya la tesis de otro integrante del CS, Patricio Fernández, quien ha dicho en sus columnas que como la Convención “es hija del estallido social”, pues “no reconoce liderazgos” y que quien quiera o parezca erigirse como uno es castigado.

El FA tampoco la saca fácil en comparación. Los socialistas insisten en que “cuando estamos juntos le va bien a un sector que quiere transformar el país, pero con responsabilidad”, pero -por eso mismo, dicen- les llevan la cuenta de sus débitos.

Ellos también describen a los frenteamplistas en dos lotes: uno que etiquetan como el de los “académicos”, Atria, Bassa y Christian Viera, y otro más inclinado al activismo y feminismo, aunque abundan impresiones de que Amaya Álvez no es ajena al primero.

Uno de las cuentas que más les cobran es que los ven algo erráticos y vulnerables a cierto tironeo político con los Movimientos Sociales Constituyentes y otros grupos inclinados a posiciones más maximalistas. Los describen como que se abren demasiado a ese lado y que “no le ponen bordes” o deslindes.

Y por eso, varias voces en el CS recurren a una figura parecida. Que mientras el gobierno entrante mira esto a largo plazo, varios de sus convencionales atienden a estar más anclados en la contingencia. Que los ven mucho más reacios que ellos a comprender que hay que llegar a acuerdos con la “derecha democrática” y que no entienden “ese pudor que tiñe de excesiva moralina la discusión”.

Uno de los socialistas dice que mientras Boric “entendió muy inteligentemente que tenía que bajarse del árbol después de la primera vuelta presidencial, acá el FA todavía no se baja del árbol”. Y que el mandatario electo “debería ordenarlos”.

En el FA retrucan que ellos no tienen un estilo vertical, sino que colegiado y colectivo. Que cuando Bassa o Atria hablan con Montero, no vuelven a bajarle línea a su gente. Que son deliberativos. ¿Lentos, quizá poco eficientes? Sí, lo admiten. Pero que el otro estilo, de llegar con un fardo cerrado, “mata” el diálogo interno.

Lo de “seguir en el árbol” dicen entenderlo, pero los CS “no ven que venimos de los movimientos sociales” y que si lucen tironeados es por eso. Pero eso no quiere decir, insisten, que mirarán para el lado ante normas que han incendiado el debate, como las aprobadas en la Comisión de Medio Ambiente (imaginen a Mario Marcel en Hacienda), y donde los socialistas los acusan de no haber puesto gente para moderar.

En eso parece haber confluencia, mal que mal. Los CS aseveran que de esa comisión “no vamos a dejar pasar nada”, que tienen una roja línea marcada y que si se tienen que echar a medio mundo encima, “no nos temblará la mano”.

Los FA dicen haber acusado recibo de haber dejado desguarnecida esa comisión. Atria ya dijo que “caducar inmediatamente las concesiones mineras en ciertos territorios es una regla que no toma en debida cuenta los efectos que pueda tener”. Bassa, dicen, también está apurando -esta semana- una estrategia para ponerles límites a normas maximalistas, como la nacionalización del cobre. Y abrir más juego con convencionales de derecha, con algunos de los cuales cenó hace unos días. Sus compañeros dicen que está dispuesto a ejercer liderazgo, pero no en la lógica protagónica que espera el CS y la derecha (donde algunos insisten que por haber sido vicepresidente tiene que tomar la batuta).

Tomás Laibe, vicepresidente adjunto de la mesa y coordinador CS, dice que “tenemos coincidencias profundas con el FA, pero tenemos que fortalecer ese trabajo para alertar sobre materias maximalistas y que te alejan del sentido común”. Pero que “es difícil tener un solo liderazgo claro o liderando nuestros colectivos, pero sí podemos construir coherencia y cohesión en el proyecto que queremos y ante las materias que dañan este proceso”.

¿Qué dice Bassa? Que “no hay tal dificultad ni vacío de poder. Existe un diálogo y articulación permanente entre constituyentes del FA e independientes y todos los demás colectivos, dentro y fuera de AD, tanto para las definiciones estructurales de la nueva Constitución como en el quehacer de cada comisión”.

Y que es “un trabajo que el FA lleva adelante de manera responsable y colectiva; nos importa mucho contribuir en la superación de las formas tradicionales de ejercicio del poder político, algo verticales y autoritarias. Tenemos la obligación de insistir en la deliberación y acercar posiciones en todas las materias, incluso en las que podamos tener diferencias importantes”.

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