El K2, la montaña salvaje que no quiere soltar a Juan Pablo Mohr

Imagen tomada este miércoles por uno de los encargados del rescate de Mohr y sus compañeros, desde el campamento base del K2. La visibilidad es mínima a mayor altura. Entre la bruma está la cima de la montaña y la zona donde se perdió la expedición.

El macizo del Himalaya es el segundo más alto del planeta, y también el más exigente y peligroso. En el montañismo más puro, alejado del comercial, se ha convertido en la invitación más atractiva. El chileno y sus dos compañeros de expedición desaparecieron cerca de la cima.




Para la historia quedó aquella foto de una fila tipo supermercado de decenas de personas esperando su turno para hacer cumbre en el Everest, a 8.848 metros sobre el nivel del mar. Una imagen que dio la vuelta al mundo, pero que en el montañismo más puro y deportivo, dolió. Hace años que el mítico macizo ya no es lo mismo. Se ha vuelto un objeto de marketing, en donde el que tiene dinero y puede pagar tiene opciones de conquista, sin haber dedicado su vida a esta actividad tan especial.

Ahí aparece entonces el K2. La montaña que sigue en altitud al Everest, con 8.611 msnm. No es la más alta, pero sí la más exigente. Y, por añadido, la más peligrosa. Ahí están hoy el chileno Juan Pablo Mohr, el pakistaní Ali Sadpara y el islandés John Snorri, cuyo último contacto con alguien se produjo el viernes pasado. El sábado se les declaró oficialmente desaparecidos y hasta el día de hoy la misión de búsqueda no ha tenido éxito debido a las duras condiciones del clima en esta época del año. Invierno en Los Himalayas.

Un dato decidor: desde 1953, año en que oficialmente se conquistó por primera vez el Everest, cerca de 9 mil personas se han parado en su cima. En el K2, en tanto, 377 escaladores han tenido éxito en su ataque a la cumbre, desde que se intentó por primera vez en 1954. Y 87 han muerto en el intento, según datos del Club Alpino de Pakistán. En otras palabras, por cada cuatro especialistas que han domado el K2, uno ha fallecido por enfrentar la travesía.

La fotografía que dio la vuelta al mundo, cuando decenas de personas hacían fila para llegar a la cima del Everest. Algo imposible en el K2.

En invierno, el K2 es mucho más peligroso. Los vientos pueden soplar a 200 kilómetros por hora y las temperaturas pueden alcanzar escalofriantes 60 grados bajo cero. Solo ocho expediciones han intentado un ascenso invernal y solo una lo logró, apenas el mes pasado, cuando 10 escaladores nepaleses llegaron a la cima el 16 de enero. Ese mismo día, sin embargo, se confirmó la muerte del escalador español Sergi Mingote, quien cayó cientos de metros mientras intentaba un ascenso sin oxígeno suplementario. Mingote era el compañero original de Mohr, en el desafío por la Cordillera Karakorum. El chileno decidió seguir pese a la dolorosa pérdida de su gran amigo, en homenaje a él. Así se unió a la cordada de Sadpara, un héroe del deporte pakistaní. Dos semanas después también cayó un alpinista búlgaro.

¿Por qué capta tanto interés entre los escaladores, entonces? Vanessa O’Brien, la primera mujer estadounidense-británica en alcanzar la cima del K2 y quien hoy participa activamente en la búsqueda de la expedición de Mohr, comenta: “La montaña apela al espíritu único de un alpinista, poniendo a prueba al escalador más fuerte”. Es más que pura adrenalina, aclara. “La única garantía en esta montaña es que algo puede salir mal”, ha descrito.

Los peligros

El K2 es una colección de desafíos naturales de pesadilla, uno más duro que el otro. Es la subida más fría y ventosa. En lugares a lo largo de la ruta, los escaladores deben navegar por paredes rocosas casi escarpadas que se elevan 80 grados, evitando al mismo tiempo avalanchas frecuentes e impredecibles. Las crestas de los glaciares y lanzar trozos gigantes de hielo. El estadounidense George Bell, en 1953, llamó al K2 la Montaña Salvaje. El apodo quedó para siempre.

La ruta de ascenso más popular de esta montaña es la Abruzzi Spur: 3.311 metros desde el Campamento Base a la cima. A lo largo de la senda hay una serie de obstáculos que parecen imposibles. La Casa Chimenea, la Pirámide Negra y el Hombro. Y después de eso, lo más difícil, el Cuello de botella, a 400 metros de la meta, un traicionero barranco empinado surcado por columnas de hielo glacial propensas a colapsar. El último contacto con Mohr fue en ese lugar, luego de que el hijo de Ali Sadpara, Sajid, se separara del grupo y regresara al Campamento 3 por problemas en su equipo de oxígeno.

Desde el gobierno pakistaní ya avisaron que la búsqueda de la expedición no se detendrá. Que se está esperando una ventana de buen tiempo para llegar hasta donde se espera, estén Mohr, Sadpara y Snorri. Las esperanzas son cada vez más escasas, pero mientras no se diga lo contrario, seguirán encendidas. Este combate con el mortífero K2 no ha terminado. Y pase lo que pase ahora, seguro vendrán otros escaladores a continuar la pelea contra la Montaña Salvaje.

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