Sacar la basura

Gabriel Boric llega al Congreso Nacional para la ceremonia del cambio de mando presidencial.




Uno de los primeros posteos en Twitter del Presidente Gabriel Boric hizo referencia a un texto del político español Iñigo Errejón respecto a que la verdadera revolución se da al día siguiente de tomar el poder, cuando hay que sacar la basura, entre otras tareas mundanas que, al final del día, son importantes en la evaluación del gobierno. Los medios mirarán ese día a día. En muchas de las acciones en La Moneda Chica el mandatario ha delineado el rumbo táctico del gobierno y como enfrentar los acuciantes problemas de gestión que hereda.

Pero la verdadera tensión no estará en la gestión diaria, donde las competencias de los ministros y ministras elegidos están fuera de toda duda, y su equipo estrecho fue capaz de ganar tres elecciones complejas. Será la capacidad de mantener el relato de cambio en aguas turbulentas, el verdadero desafío. Este gobierno es un cambio radical de ciclo por donde se lo mire, no solamente porque lo integra una nueva generación y nuevas fuerzas que terminaron con el bipartidismo de los últimos 30 años, sino porque se da en el medio de una profunda discusión sobre el país que tendremos en lo que queda de siglo XXI. De manera curiosa, es más parecido entonces al gobierno de Alessandri, que al gobierno de Allende o a los de Bachelet.

El presidente tendrá en sus primeros meses el problema fundamental de la Convención. Más allá de los extremos con que algunos de los convencionales buscan ganar aplausos en redes sociales y notoriedad, hay serias dudas sobre si la Convención logrará terminar su cometido en el año planificado, y en especial si incluirá los cambios para dar base a un gobierno transformador. Al respecto, en una entrevista hace semanas atrás el ministro Jackson hizo ver que mucha de los cambios que propondrá este gobierno requieren una nueva constitución, como es el caso de la reforma de pensiones o la reforma de salud.

Muchos imprecarán al presidente para que ordene las filas de sus convencionales, como si fueran estos los tiempos que con un llamado se cuadra la tropa. El Congreso será otro asunto importante. Los aliados del socialismo democrático tendrían el control de ambas cámaras en el inicio de la nueva legislatura. Pero no querrán ser actores secundarios, ni permitir de manera tan simple que los convencionales busquen desplazarlos. Por tanto, también presionarán al gobierno para adelantar la agenda legislativa y no esperar a una nueva Carta Magna. Ese dilema es un problema por resolver por la nueva Segpres y definirá el rumbo del primer tiempo.

Por otro lado, las expectativas son enormes. Si bien el presidente ha tomado conciencia de ello hasta tal punto que no ha modificado la frase existencial de Camus de su cuenta de twitter, la presión por cambios urgentes será pan de cada día. Prueba de ello es el anuncio del retiro de las querellas por ley de seguridad del Estado contra los imputados del estallido social, y con ello bajar la tensión de quienes pedían el fin de las prisiones preventivas.

En la Macrozona Sur, con el regalo maldito que dejó el gobierno de salida al extender el estado de excepción, también las comunidades pasarán sus boletas. En Hacienda, donde las autoridades salientes madrugaron al ministro Marcel con la extensión del IFE laboral, será una tarea dura mantener la línea de flotación. La tarea de pedirle a las personas que tengan paciencia esperando una nueva constitución y que se pueda enviar una reforma tributaria para ordenar la caja y ejecutar el programa, es un problema mas complejo que mantener las calles limpias y seguras.

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