La derecha inicia a tropezones su despliegue por el Rechazo

Chile Vamos y el Partido Republicano pactaron que esperarían ver el borrador de la nueva Constitución para tomar una postura ante el plebiscito de salida. Pero Kast y Ossandón se salieron del acuerdo para desplegarse abiertamente por el Rechazo, lo que generó un quiebre en la estrategia del bloque.




“No se cumplió el acuerdo”. La frase fue unánime en el almuerzo de bancada de los senadores UDI el miércoles pasado.

La incomodidad expresada por los parlamentarios ese día era concordante con la molestia de los miembros de las directivas de Chile Vamos luego de una semana marcada por el anuncio de dirigentes del gremialismo, de RN y de Evópoli de que votarán y se desplegarán por el Rechazo en el plebiscito de salida.

Los dirigentes incumplieron así un pacto expreso adoptado por el bloque con el Partido Republicano de no adelantar una postura oficial sobre el plebiscito a la espera de la propuesta final de la nueva Constitución. El diseño de la derecha apuntaba a que sea la sociedad civil la que esté en primera línea y no los políticos.

La puerta la abrió el senador de Evópoli Felipe Kast, quien anunció una gira nacional por el Rechazo, además de desplegarse por redes sociales con la creación de videos criticando el devenir de la Convención Constituyente.

Esto le generó críticas tanto en su partido como en el resto de Chile Vamos. Después, en la semana, otros parlamentarios se fueron descolgando del acuerdo. Primero, un grupo de diputados UDI, entre los que se contó a Juan Manuel Fuenzalida, Henry Leal, Daniel Lilayu y Eduardo Cornejo, entre otros, pidieron no esperar el texto final.

A ellos se sumaron los senadores Manuel José Ossandón (RN), Kenneth Pugh (RN), Sebastián Keitel (Evópoli) y la alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei (UDI), que también han expresado su preferencia por el Rechazo.

En el sector reconocen que la presión por salir de una vez con una postura clara ante el plebiscito es cada vez más fuerte y en todos los partidos se siente el apuro de las bases. Por eso reconocen que será cada vez más difícil evitar que otros dirigentes se descuelguen del acuerdo de esperar a un texto final de la Constitución para salir a decir Rechazo.

“Existe molestia, porque hay una falta de respeto a los constituyentes que fueron los primeros en reclamar que se tomen posiciones cuando aún no terminan su trabajo. Había un acuerdo interno y lamentablemente algunos no lo han querido respetar”, dice el senador UDI y vicepresidente, Gustavo Sanhueza.

De ahí que por esos días en el Senado hubo una serie de recriminaciones entre los propios parlamentarios. Uno de ellos fue el presidente de la UDI, el senador Javier Macaya, quien habló con Felipe Kast para transmitirle su malestar por desalinearse de la estrategia.

Otro que lo hizo fue el jefe de bancada de los senadores UDI, Iván Moreira, quien le recriminó a Kast. “Le dije que al hacer esto van a querer hacerlo los demás. Nosotros teníamos un acuerdo por razones estratégicas. Él me contestó que me respetaba la opinión, pero que consideraba que como había votado Apruebo él podía tener la capacidad de esfuerzo en convocar a votar Rechazo a todos aquellos que como él aprobaron”, dice Moreira.

La molestia con Kast fue transversal, desde la UDI hasta el Partido Republicano. Algunos lo atribuyeron a la disputa inevitable que se dará dentro de la derecha por quién será el líder del Rechazo, mientras que otros lo adjudican como un intento desesperado del senador por seguir marcando la agenda en La Araucanía, la circunscripción que representa.

Como sea, desde el resto de las colectividades le enviaron una queja formal a la presidenta del partido, Luz Poblete. También se cuestionó su capacidad de interlocutora válida para las negociaciones en la derecha y de ordenar sus filas.

Consultada por los descuelgues en la estratregia, Poblete asegura que “consideramos que en las campañas de cara al plebiscito los protagonistas deben ser las personas más que los políticos. Respetamos las posturas personales que tiene cada uno de los parlamentarios del sector, porque creemos en la libertad y en el rol que debe cumplir cada uno, pero mantenemos el compromiso de tomar una definición una vez terminado el texto”.

El tema incomodó, pues dentro de los análisis que se hacen, es que la mejor estrategia para el Rechazo es romper el tradicional eje izquierda vs. derecha que se da en todas las elecciones.

La idea es que en esta oportunidad vayan saliendo distintas figuras de centroizquierda por el Rechazo y no la derecha, que en el plebiscito de entrada ya estuvo por esa opción, por lo que volver a repetir la preferencia aparece como menos creíble ante el electorado.

En ese sentido, desde Chile Vamos han sostenido que le hace un favor al Apruebo que figuras de la derecha aparezcan desplegándose y disputándose la campaña.

La estrategia también es que fueron miembros de la sociedad civil quienes lo hicieran, ya que los políticos están perdiendo legitimidad.

Fuego interno

Las presiones de las bases de militantes hacen cada día más insostenible la situación, pues los propios parlamentarios reconocen en privado que reciben decenas de mensajes todos los días de parte de dirigentes que les exigen desplegarse ya por el Rechazo.

Ello lo perciben tanto en críticas por redes sociales, como en sus visitas a los distritos, a quienes les critican un supuesto “inmovilismo” por la campaña del plebiscito de salida.

En medio de este tira y afloja es que los partidos tendrán importantes instancias en las que se comenzarán a delinear y a tomar las primeras definiciones. Por lo pronto, los Republicanos tienen este sábado un consejo general y la próxima semana se espera que comiencen a abordar públicamente definiciones al respecto. La UDI sostendrá encuentros con sus convencionales y parlamentarios el viernes y el sábado, en lo que se espera que se aborde posiblemente alguna estrategia a seguir. Este encuentro se ha denominado “Match UDI” y la colectividad ya ha tomado algunas definiciones, como ceder su espacio de la franja televisiva a la sociedad civil.

Mientras que RN tendrá un consejo regional metropolitano, el cual si bien es de menor relevancia, posiblemente se toque el tema.

En las directivas han contenido las presiones y esperan dilatar lo más posible la definición oficial. Lo que se consigue, en palabras del diputado y secretario general de RN, Diego Schalper, “convenciendo a nuestros militantes de que instalar el eje derecha-izquierda no da cuenta de la realidad que muestra que hoy el juicio crítico del texto de la Convención es muy transversal”.

Para ello, los partidos han hecho un trabajo de contención con los propios parlamentarios y también con las bases, a las cuales les han pedido tranquilidad.

Y será más cercano a junio cuando las colectividades convocarán a más consejos generales, en los que someterán a votación de los consejeros si cada colectividad irá por el Apruebo o por el Rechazo.

Mientras, las distintas colectividades se encuentran realizando giras informativas en las cuales comentan con la ciudadanía cómo les pueden afectar en su vida diaria algunas de las normas aprobadas por el pleno de la Convención Constituyente.

Ello ha significado los primeros acercamientos hacia una campaña del Rechazo.

En búsqueda de un Plan B

En medio de esta tensión es que la derecha se ha debatido por otro tema: ¿Cuál debe ser la alternativa de cambio a la Constitución que se debe tener, en caso de que gane el Rechazo? Las opciones son varias, pero no hay consenso: reformas constitucionales desde el Parlamento, una comisión transversal de expertos, llamar de nuevo a una Convención Constituyente o revivir el proyecto de Michelle Bachelet suenan como elecciones.

Por estos días, los partidos de derecha se encuentran en conversaciones con sectores de centroizquierda, ya que se piensa que cualquiera sea la alternativa escogida debe salir de un acuerdo transversal con todos los sectores.

También se ha iniciado un proceso de escucha a la militancia mediante giras regionales, en las que las directivas han podido socializar cuál es la preferencia de su propio electorado. No se descarta que a futuro se puedan hacer encuestas para medirlo.

De todas maneras, en los partidos son conscientes de que será una definición que tendrán que tomar a medida que se acerque el plebiscito del 4 de septiembre y que del resultado de este dependerán las alternativas. Si gana el Rechazo por un margen acotado, será obligatorio sentarse a conversar sobre un Plan B, mientras que si esta opción arrasa, los cambios se reducirán.

Con todo, hay transversalidad en la opinión de que la Constitución debe cambiarse. En la UDI el propio Macaya ha dicho que ha dado por muerta la Constitución del 80, mientras que en el Partido Republicano su líder, el senador José Manuel Rojo Edwards, es autor de un libro llamado Ruta Republicana, en el que justamente se sugieren una serie de reformas constitucionales.

De hecho, fue el mismo Edwards quien propuso una reforma constitucional para que dentro de la papeleta del plebiscito de salida se encontraran otras opciones y que la gente eligiera alternativas.

“El cambio constitucional tiene que concluir en un plebiscito y hacerse buscando unir y no dividir a los chilenos”, dice Schalper.

Las opiniones son divididas dependiendo de a quién se le pregunte. Por ejemplo, el senador y presidente de RN, Francisco Chahuán, es partidario de que el Congreso haga los cambios, mientras que otros dicen que puede provocar cuestionamientos de que sean los políticos los que se hagan cargo de las reformas.

En algunos sectores de la UDI está sonando con fuerza la opción de que se genere una comisión de expertos. Ahí podrían participar referentes, como rectores de destacadas universidades.

Asimismo, otros dirigentes históricos, como el extimonel Pablo Longueira y el senador Moreira promueven que se haga una nueva Convención, pero sin las reglas del actual órgano constituyente, que fue regido por escaños reservados.

Ese será un debate futuro que amenaza con tensionar a la derecha.

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