Las razones tras los ataques de Pakistán a Afganistan que llevan a la región a un escenario incierto
Las relaciones entre los países vecinos se han deteriorado recientemente debido a las acusaciones de Islamabad de que el gobierno en Kabul alberga a los talibanes pakistaníes, conocidos como Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP). Este grupo militante ha asesinado a cientos de agentes de seguridad pakistaníes.

Pakistán lanzó ataques aéreos en la madrugada del viernes contra las dos ciudades más grandes de Afganistán, incluida la capital, Kabul, lo que intensificó meses de tensiones y escaramuzas fronterizas hasta convertirlas en un conflicto abierto.
Además de la capital, hogar de seis millones de personas, los ataques impactaron Kandahar —ciudad donde reside el líder supremo talibán, Haibatullah Akhundzada— y la provincia fronteriza de Paktia, según Zabiullah Mujahid, portavoz del gobierno talibán.
El gobierno paquistaní lanzó los ataques horas después de que tropas afganas embistieran contra posiciones fronterizas pakistaníes, según funcionarios afganos y pakistaníes. Los funcionarios afganos describieron el ataque como una represalia por los ataques pakistaníes de principios de semana.
“Nuestra paciencia se ha desbordado”, declaró el ministro de Defensa de Pakistán, Khawaja Asif, en redes sociales. “Ahora es una guerra abierta entre nosotros y ustedes”. Según informó The New York Times, estos ataques se producen mientras ambos países se preparan para las consecuencias en el comercio y la movilidad de personas que tendrían los posibles ataques militares estadounidenses en Irán.

Al menos un depósito de municiones fue bombardeado en Kabul, según afirmó un oficial militar afgano al diario The New York Times. El medio pakistaní informó que un depósito de municiones en Kandahar también fue bombardeado.
Además, ambas partes afirmaron haber matado a decenas de combatientes en los enfrentamientos fronterizos. Esta mañana, al menos cuatro puestos de control fronterizos afganos fueron destruidos por las fuerzas de Pakistán en el valle norteño de Arandu, según información publicada por Al Jazeera.
A la vez, según el director general de Relaciones Públicas Interservicios de Pakistán, Ahmed Sharif Chaudhry, hasta el momento, 274 talibanes afganos han muerto y más de 400 han resultado heridos. Al mismo tiempo, Kabul afirmó que 55 soldados pakistaníes murieron y 19 puestos de avanzada fueron capturados.
Tehreek-e-Taliban Pakistan
Las relaciones entre los países vecinos se han deteriorado recientemente debido a las acusaciones de Pakistán de que el gobierno afgano alberga a los talibanes pakistaníes, conocidos como Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP). Este grupo militante ha asesinado a cientos de agentes de seguridad pakistaníes en los últimos años, y en noviembre se atribuyó la responsabilidad de un atentado suicida que mató a una docena de personas en un tribunal de Islamabad, la capital de Pakistán.
Pakistán afirma que los talibanes permiten que el TTP se entrene y opere libremente en Afganistán, desde donde lanzan ataques a lo largo de la montañosa frontera de 2.570 kilómetros. Los talibanes niegan albergar al grupo y acusan al gobierno de Pakistán de intentar desviar la culpa de sus propios fallos de seguridad interna.
Además, la presencia de los talibanes pakistaníes y el resurgimiento de otros grupos en Afganistán, incluyendo Al Qaeda, ha alarmado a países de toda la región. El gobierno de Afganistán se enfrenta a la presión de China y Rusia para frenar a los grupos militantes que operan en el país.
Según el Consejo de Seguridad de la ONU, el gobierno afgano ha proporcionado armas al TTP, incluyendo rifles y drones. Naciones Unidas también señaló en un informe publicado este mes que “Al Qaeda seguía gozando del patrocinio de las autoridades de facto”, refiriéndose al gobierno afgano liderado por los talibanes.

Desde octubre del año pasado, Pakistán ha mantenido cerrados los principales cruces fronterizos con el país gobernado por los talibanes, reabriendo sus puertas solo de forma intermitente para expulsar a los afganos que viven en Pakistán. Como consecuencia de esto, la suspensión del comercio y la expulsión de más de un millón de afganos solo el año pasado han perjudicado las economías de ambos países.
La creciente hostilidad de Pakistán hacia los talibanes en los últimos meses representa un cambio radical respecto a décadas de apoyo tácito al grupo. Los líderes talibanes afganos residieron en el sur de Pakistán durante la guerra liderada por Estados Unidos en Afganistán. Tras la toma del poder por los talibanes en 2021, el gobierno pakistaní los apoyó inicialmente, e incluso se habló de la posibilidad de que Afganistán se uniera a un corredor económico entre China y Pakistán.
Eso parece descartado ahora.
“Esto no es un gobierno”, declaró el teniente general Ahmed Sharif Chaudhry, portavoz militar pakistaní, sobre los talibanes en una entrevista reciente con el medio estadounidense. “Son señores de la guerra. Afganistán es un espacio donde se asienta una milicia no estatal”.
Lo que está ocurriendo ahora, según analistas consultados por el medio catarí Al Jazeera, es mucho más peligroso, sin un marco establecido para contenerlo.
No es una sorpresa
El TTP lleva más de una década librando una rebelión contra el Estado pakistaní. El grupo exige la imposición de la ley islámica de línea dura, la liberación de miembros clave arrestados por el gobierno y la revocación de la fusión de las zonas tribales de Pakistán con la provincia de Khyber Pakhtunkhwa, entre otras demandas.
Otro importante grupo armado, que según Pakistán se beneficia de refugio en Afganistán, es el Ejército de Liberación de Baluchistán (BLA), una organización oficialmente designada como “terrorista” por varios países y organismos internacionales.

Este movimiento ha estado librando su propia guerra contra Pakistán, buscando la independencia de la provincia de Baluchistán, una provincia rica en minerales naturales ubicada al suroeste de Pakistán y que también comparte frontera con Afganistán.
En este contexto, para los analistas consultados por Al Jazeera, los ataques del viernes no fueron sorprendentes, aunque su alcance no tenía precedentes.
Tariq Khan, un general paquistaní retirado que dirigió operaciones contra el TTP, dijo que esto es solo el comienzo. “No hemos visto el punto álgido, y habrá más por venir”, declaró al medio catarí.
Tameem Bahiss, analista de seguridad con sede en Kabul, afirmó que la crisis gira en torno a una única disputa sin resolver: la venia de Kabul de permitir operaciones al TTP en su territorio. “Las tensiones se han visto impulsadas en gran medida por las reiteradas acusaciones de Pakistán de que las autoridades afganas permiten que el TTP opere desde territorio afgano, algo que Kabul ha negado”, declaró.
Luego, Bahiss explicó que “mientras este problema central siga sin resolverse, los ataques continuarán. Desde la perspectiva de Islamabad, estas operaciones se enmarcan como medidas antiterroristas. Desde la perspectiva de Kabul, constituyen violaciones de la soberanía y la integridad territorial”.
Por otro lado, el investigador de seguridad de la Escuela de Estudios Internacionales S. Rajaratnam de Singapur, Abdul Basit, cuestionó la rentabilidad estratégica de la avanzada paquistaní. “No entiendo la lógica de cómo esto ayudará a combatir el terrorismo”, afirmó.
“Esto generará inestabilidad, y la inestabilidad es precisamente lo que anhelan las redes terroristas, incluyendo al TTP y otros grupos armados que han buscado refugio en Afganistán y, como resultado, se han fortalecido”, indicó el experto.
Talibanes limitados
Comparativamente, las opciones militares del gobierno afgano son limitadas ante las de Pakistán. Los talibanes no cuentan con fuerza aérea, y comparar los dos ejércitos convencionalmente es un error, afirmó Khan, el general en retiro.
“El sistema afgano lleva a cabo operaciones cinéticas mediante intermediarios, guerra de guerrillas y una guerra de desgaste. Pero si te ves envuelto en una guerra de desgaste, estás en el bando perdedor, independientemente de la capacidad nuclear o el poder aéreo que poseas, porque estás luchando en su territorio”, sostuvo el exmilitar.
Bahiss, por su parte, apuntó a la palanca más inmediata disponible para Kabul: los miles de puestos de seguridad fijos de Pakistán a lo largo de la extensa frontera montañosa. “Los talibanes han demostrado repetidamente que, en momentos de escalada, su respuesta preferida es atacar los puestos militares pakistaníes”, afirmó.
Basit, sin embargo, advirtió sobre las “opciones no convencionales” más amplias del gobierno talibán. “Tienen terroristas suicidas y una fuerza aérea de bajo presupuesto, compuesta de drones kamikaze. Creo que usarán ambas opciones masivamente, y parece que los centros urbanos pakistaníes sufrirán violencia en el futuro próximo”, afirmó, contraviniendo la idea de limitarse a los puestos fronterizos.
Sobre esto, el viernes por la tarde, el ministro de Información de Pakistán, Attaullah Tarar, confirmó los ataques con drones en tres ciudades pakistaníes, culpando al gobierno talibán. Añadió que se derribaron “pequeños drones en Abbotabad, Swabi y Nowshera”. “No hubo daños personales”, añadió en su mensaje en la red social X.
Otra variable es el propio TTP. La carta asimétrica más poderosa de Kabul podría ser su capacidad para restringir o relajar la tolerancia hacia las operaciones del TTP dentro de Pakistán. Pero, “hasta el momento, no ha habido pruebas públicamente verificadas de que Kabul esté brindando un apoyo militar amplio y abierto al TTP en respuesta a los ataques pakistaníes”, declaró Bahiss.
Verano sangriento
Ninguna de las partes parece tener una salida obvia a todo esto. La operación de Pakistán recibió el respaldo del presidente, el primer ministro y todo el espectro político, y el gobierno se comprometió a responder a cualquier ataque proveniente de suelo afgano.
Para los talibanes, al absorber los ataques en Kabul y retirarse se corre el riesgo de proyectar debilidad a los combatientes y a la población a la que gobiernan.
Sobre esto, el experto en seguridad, Basit, afirmó que el umbral de violencia se desplazó hacia arriba. “Esta ha sido una escalada gradual; no se ha dado marcha atrás en ningún paso, solo hemos avanzado. La tensión puede disminuir temporalmente, pero, en mi opinión, no hay vuelta atrás”.
“Nos preparamos para un verano sangriento en ambos países”, afirmó el investigador.
En otra línea, Bahiss afirmó que la trayectoria del conflicto dependerá de dos factores: la violencia dentro de Pakistán y la presión diplomática de la comunidad internacional.
“Si los ataques dentro de Pakistán continúan y no hay una intervención diplomática significativa, nuevas rondas de escalada siguen siendo una posibilidad real”, declaró.
Khan consideró la opción de la desescalada solo bajo los términos de Pakistán. Explicó que un resultado probable es que el gobierno afgano concluya que ya ha tenido suficiente, indique a sus aliados que se ha acabado y finalmente se siente a la mesa de negociaciones.
La segunda opción es que no acepten y continúen como están, en cuyo caso la respuesta de Pakistán también continuará.
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