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Al cierre de la época de más calor, Conaf registra menos incendios y superficie afectada que la temporada pasada

Aunque el balance luego del período en que más siniestros ocurren muestra resultados positivos en estadística geográfica, la pérdida de vidas, la concentración del fuego en pocas regiones y las centenares de viviendas afectadas tensionan la evaluación de la temporada.

LUKAS JARA/ATON CHILE

Un total de 4.935 incendios forestales y 78.079 hectáreas consumidas va dejando la temporada 2025-2026 (se cuentan del 1 de julio al 30 de junio del año siguiente) tras el paso del verano, la etapa más propensa para el fuego, según el último balance entregado por la Corporación Nacional Forestal (Conaf). Las cifras representan una disminución del 20% en la cantidad de siniestros y del 13% en la superficie afectada en comparación con la misma fecha del periodo anterior, lo que configura un escenario que, a primera vista, sugiere una mejora en el control del fuego a nivel nacional.

Sin embargo, la lectura institucional y técnica de estos datos es más matizada. La directora nacional de Conaf, Aída Baldini, advierte que, pese al descenso estadístico, el periodo no puede calificarse como positivo debido a la magnitud de eventos específicos, la concentración territorial del daño y, especialmente, el impacto humano asociado.

“No quiero parecer dramática, pero la verdad es que esta temporada para nosotros realmente es una mala temporada”, señala Baldini, enfatizando que la evaluación no se limita a hectáreas o número de incendios, sino que incorpora variables como los 21 fallecidos en el incendio que afectó a Penco y Lirquén, y las más de 800 viviendas afectadas.

Penco y Lirquén sufrieron los mayores embates de los incendios durante esta temporada. Foto: Pedro Rodríguez / La Tercera

Uno de los elementos que tensiona el balance es la alta concentración de superficie quemada en determinadas regiones. La del Biobío lidera ampliamente con 32.522 hectáreas afectadas, seguido por La Araucanía (11.864 ha), Maule (11.042 ha), Ñuble (10.091 ha) y la Región Metropolitana (7.014 ha). En este último caso, Baldini puntualiza que gran parte del daño corresponde a pastizales, lo que, si bien reduce el impacto ecológico, no elimina el riesgo de propagación ni el costo operativo de los incendios.

La temporada que se va también estuvo marcada por grandes eventos que explican una fracción significativa del daño total. Entre ellos destacan Trinitarias, en Concepción, con 15.541 hectáreas quemadas; Rancho Chico, también en esa zona, con 7.321 ha; Perales, en Ránquil, con 4.544 ha; El Bosque, en Parral, con 4.200 ha; y Rucahue Sur, en Laja, con 3.857 ha. Estos incendios de gran magnitud refuerzan la idea de que la severidad de ciertos episodios sigue siendo un desafío crítico.

Por otro lado, la frecuencia de incendios forestales simultáneos tuvo también un punto crítico. Sobre todo el 30 de enero, cuando se registraron 83 siniestros en ese mismo día, el más crítico en términos de siniestros registrados.

Prevención, recursos y gobernanza

En términos operativos, la directora de Conaf subraya la relevancia del trabajo coordinado entre instituciones. “Sin Bomberos nosotros no somos nada”, afirma, destacando la articulación que lidera el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred), empresas forestales y cuerpos de Bomberos, especialmente en zonas de interfaz urbano-rural, donde se concentra el mayor riesgo para la población.

Desde el análisis técnico, el académico de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza de la U. de Chile y experto en incendios forestales, Miguel Castillo, plantea que la disminución observada responde a una combinación de factores de gestión acumulada y condiciones externas favorables. Según explica, las medidas de prevención a nivel local han contribuido a contener la propagación del fuego, aunque no necesariamente a reducir su ocurrencia.

“Las acciones locales han tendido a contener la propagación, no así reducir las igniciones”, indica Castillo, apuntando a que la causalidad sigue fuertemente vinculada al comportamiento humano. En esa línea, Baldini sostiene que el 75% de los incendios tiene origen en negligencias, como el uso de herramientas que generan chispas en condiciones de alta temperatura o labores agrícolas en periodos críticos.

LUKAS JARA/ATON CHILE

El componente climático también jugó un rol relevante durante la temporada. Castillo detalla que la menor humedad en la vegetación, asociada al déficit de precipitaciones en los últimos años, mantiene condiciones de alta inflamabilidad. No obstante, durante parte del periodo, especialmente entre mediados de febrero y la primera quincena de marzo, se registraron condiciones meteorológicas que limitaron la propagación de grandes incendios, lo que contribuyó a moderar el impacto global.

“El clima repercute tanto en el encendido como en la propagación, pero son planos distintos. Puedes tener condiciones favorables para incendios, pero si no hay ignición, no ocurre el evento, precisa el académico.

Otro aspecto que emerge del balance es el carácter no inmediato de las políticas de prevención. Castillo enfatiza que los resultados observados son, en gran medida, consecuencia de intervenciones desarrolladas en temporadas anteriores, particularmente en el ámbito de la silvicultura preventiva y las campañas de educación comunitaria.

En ese contexto, Conaf destaca programas como “Comunidades Preparadas”, orientado a sectores rurales y de interfaz, que según Baldini alcanza tasas de éxito cercanas al 99% en la reducción de riesgos en zonas intervenidas. La estrategia busca fortalecer capacidades locales para prevenir y enfrentar incendios, en línea con un enfoque que desplaza parcialmente el énfasis desde la reacción hacia la anticipación.

Incendio Forestal. Foto: Aton.

De cara a la próxima temporada, la corporación proyecta reforzar el componente terrestre del combate de incendios, aumentando el tamaño y eficiencia de brigadas, así como el uso de maquinaria pesada para la construcción de cortafuegos y manejo de combustible. La medida responde a la necesidad de optimizar recursos y reducir la exposición de brigadistas en labores que pueden ser mecanizadas.

Pese a los avances en equipamiento, capacitación y coordinación institucional, tanto autoridades como voces expertas coinciden en que el factor humano sigue siendo el principal determinante en la generación de incendios forestales.

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