Bruno Nervi, presidente de la Comisión Nacional del Cáncer: “Uno de esos tres chilenos que muere por hora lo hace sin oportunidad, en una lista de espera”

El oncólogo advierte que esta patología será cada vez más común y, por esta razón, sostiene que el principal objetivo del sistema sanitario debe ser diagnosticar y tratar oportunamente. "No hay que tener temor a que aumente la carga de cáncer, acá lo importante es que lleguemos a tiempo", dice.


El oncólogo Bruno Nervi, jefe del Programa de Cáncer de la UC y presidente de la Comisión Nacional del Cáncer, alza la voz para afirmar que uno de los desafíos más grandes que afecta a la salud por estos días son los tumores. “El cáncer llegó para instalarse como la primera causa de muerte”, afirma en forma tajante.

Además, advierte que la pandemia va a tener consecuencias graves para la enfermedad, pues el retraso en los diagnósticos y su posterior tratamiento fueron mortales para muchos pacientes: “El hecho de proteger a quienes se contagiaron de Covid-19 congeló el sistema de salud para que nadie muriera sin un ventilador mecánico y sin una oportunidad. Algo maravilloso para los que enfermaron de coronavirus, pero desastroso para los que estaban enfermos de cáncer”.

Y a raíz de lo sucedido en estos años, ¿cuál es el panorama del cáncer en el país?

El cáncer es una enfermedad asociada al envejecimiento. No es raro que cuando hay éxitos sanitarios como el tratar mejor la diabetes o la hipertensión, la expectativa de vida aumente. La de los chilenos aumentó desde la década de los 70, pues subió de 64 a 80 años. Esto habla de la muy buena salud pública que tenemos en el país. Ahora que las personas tienen una mayor expectativa de vida, la gente no muere de infartos, tenemos más tiempo para enfermarnos de cáncer. Hoy, hay 60 mil diagnósticos de cáncer en el país y se mueren 28 mil personas, es decir, casi la mitad. Entre la mitad y un tercio del país va a tener cáncer y hoy uno de cada cuatro certificados de defunción dicen cáncer. Si preguntas en la calle, un 70% tiene un familiar de primer grado con cáncer, esto nos toca a todos. Pero el cáncer sí se puede prevenir.

¿Cómo?

Se puede prevenir disminuyendo los factores de riesgo. Los factores de riesgo más importantes son modificables. El 60% de los cánceres se asocian a obesidad, y es porque la obesidad y el sobrepeso generan inflamación y eso se asocia el cáncer. También está el tabaquismo como un factor de riesgo, asociado al cáncer pulmonar. Dentro de la OCDE, Chile junto con México son de los países con más obesidad. Además, somos de los que tienen más tabaquismo y alcoholismo. Entonces, el cáncer sí se puede prevenir, pero hay que educar a los niños y tener políticas que permitan que las personas puedan tener dietas más sanas.

¿Se puede curar?

Sí, cuando se llega a tiempo. Uno puede llegar a tiempo haciendo tamizajes en situaciones de alto riesgo. Por ejemplo, mamografías desde los 40 años; Papanicolaou desde que se parte la actividad sexual; la colonoscopía desde los 45 años, y el antígeno prostático después de los 50. Esas cuatro medidas están demostradas que ayudan a diagnosticar precozmente. Lo otro, cuando alguien tiene síntomas, tenemos que llegar rápido. Hoy se mueren tres chilenos por hora de cáncer en Chile y estimamos que uno de esos tres chilenos que muere por hora se muere sin oportunidad, en una lista de espera o sin haber recibido tratamiento.

¿Cómo afectó la pandemia?

Antes de marzo de 2020, Chile diagnosticaba cerca de 5.000 casos al mes, pero en marzo de 2020 diagnosticamos 2.500. Por lo tanto, en abril de 2020 había 7.500 personas con cáncer esperando ser diagnosticadas, pero solo detectamos a 2.500, porque las personas no se atrevían a ir o porque no tenían dónde ir. Chile, muy generosamente, para proteger a quienes se contagiaron de Covid-19 congeló el sistema de salud para que nadie muriera sin un ventilador mecánico y sin una oportunidad. Algo maravilloso para los que enfermaron de coronavirus, pero desastroso para los que estaban enfermos de cáncer. Eso hizo que tuviéramos una acumulación de pacientes con cáncer muy grande. Un trabajo que hicimos junto a Fonasa y un grupo de Harvard, y que publicamos en The Lancet, estimaba que iban a morir siete mil chilenos extras a esos 28 mil que mueren todos los años, solo atribuible al atraso de diagnóstico. Y eso es lo que ocurre hoy.

Según Estadísticas Vitales 2019 del INE, por primera vez desde que hay registros en el país, los tumores ocupan el primer lugar en causas de muerte, desplazando a las enfermedades del sistema circulatorio.

Supimos a principios de 2022 que el cáncer se había transformado en la primera causa de muerte con los datos de 2019. Eso abre un problema, porque la disponibilidad de datos es lenta. Por lo tanto, un desafío para que el navegador de información pueda navegar bien es ver cómo podemos hacer para que los datos estén disponibles. Es la primera causa de muerte del país, pero ya era la primera causa en las cinco regiones más pobres.

¿Seguirá siendo la primera causa?

Totalmente. El cáncer llegó para instalarse como la primera causa de muerte, porque el éxito sanitario respecto de otras enfermedades crónicas que aprendimos a manejar mejor ya está instalado. La esperanza que tenemos es que si intervenimos en bajar los factores de riesgo, probablemente vamos a poder bajar la incidencia de cáncer en algún momento. No hay que tener temor a que aumente la carga de cáncer, acá lo importante es que lleguemos a tiempo. Hoy el desafío más grande es cómo hacemos para que los tratamientos alcancen a todos.

¿Cómo son las brechas?

El problema que tiene Chile respecto del cáncer no es un problema estrictamente económico. No es que nuestros pacientes se demoren mucho en ser diagnosticados o ser tratados porque no tengamos recursos. Hoy la sociedad civil y las agrupaciones de pacientes tienen una enorme responsabilidad de levantar la voz por las personas y por sus familias. El problema de Chile respecto de las brechas es que somos un país que tolera la inequidad. Toleramos y aceptamos estar en lugares de trabajo donde algunas personas tienen atención de Fonasa que es maravillosa, pero no tiene la posibilidad de hacerse cargo hoy del problema del cáncer, porque le falta infraestructura, estrategia, especialistas y datos a los tomadores de decisión para navegar correctamente.

¿Cuáles son las inequidades?

La primera tiene que ver con el acceso a especialistas. En Chile hay cerca de 150 oncólogos y debiéramos ser 400 de acuerdo a estándares de la OCDE. De los 150, hay 60 en Santiago, entonces la mitad de los especialistas están en la capital, por lo cual ya hay una mejor oportunidad en esta región. Otra brecha tiene que ver con el sistema de salud que te tocó. Uno nace en un sistema que condiciona tu sistema de salud y cuesta salir. El 20% que tiene salud privada tiene ventajas enormes con respecto al 80% que tiene un seguro público. Otra brecha importante tiene que ver con el nivel educacional. Hay varios estudios que han mostrado cómo los que fuimos a la universidad tenemos 10 veces menos riesgos de morir de cáncer que los que no fueron al colegio.

¿Qué medidas se pueden implementar?

Chile sí ha hecho cambios muy importantes en oportunidad desde el 2018 en adelante. A mí me toco implementar algo que no estaba buscando. En el 2012 un empresario conmovido por una situación dolorosa se dio cuenta de la brecha que había. Y a través del Banco de Chile nos donó un millón de dólares. En ese momento, el Hospital Sótero del Río les daba quimio a 10 personas al día. Con ese millón de dólares construimos junto al Sótero una unidad de quimioterapia y al año siguiente en vez de darles atención a 10 pacientes, ahora era a 60.

¿Cómo llegó a la Comisión Nacional del Cáncer?

En 2017 me tocó conocer a Emilio Santelices, quien fue nombrado ministro de Salud en 2018, y él tuvo la genialidad de reconocer que el cáncer era un problema muy importante y lo puso como prioridad en las estrategias del ministerio. Además, reconoció que esto no era solo una tarea del ministerio y que tampoco tenían todas las competencias necesarias para abordar un problema tan grande. Y al igual que en otros países, convocó a la sociedad civil y me pidió asumir como presidente del consejo asesor en materia de cáncer. En esa instancia construimos el plan nacional de cáncer.

¿En qué consiste ese plan?

Consiste en definir estrategias de prevención y de abordaje del cáncer en todas las etapas, que van desde la prevención hasta los cuidados paliativos de las personas que van a morir de esta enfermedad. Además, define la brecha. Por ejemplo, en ese momento había 17 máquinas de radioterapia en el país, pero de acuerdo a estándares internacionales tenía que haber 45. Además, el plan se compromete a que en 2028 no haya brecha de oportunidad.

¿Qué acciones hay que tomar ahora?

Hay tres cosas que son muy importantes que hay que hacer en este momento. Primero, hay una urgencia por los pacientes que hoy tienen cáncer y que, si no llegamos a tiempo, van a morir. Segundo, hay que desarrollar mejores estrategias que permitan asegurar la implementación del plan nacional de cáncer. Tercero, creo que es muy importante que la comisión nacional de cáncer logre congregar de una mejor manera todas las fuerzas de la sociedad civil para ponerlas al servicio de la ministra de Salud.

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