Por Francisco CorvalánInusual frío de verano: las razones del descenso de temperaturas y la amenaza de lluvias en la zona central
La irrupción de aire frío, el refuerzo de la vaguada costera y la presencia de una baja segregada han provocado máximas muy por debajo de lo habitual para enero. Expertos advierten que el fenómeno podría derivar en chubascos localizados, riesgo de aluviones en la cordillera y mayor turbiedad de los ríos que abastecen a Santiago.

En las últimas horas la zona central ha enfrentado un curioso fenómeno climático que ha sorprendido a sus habitantes: las bajas temperaturas en pleno verano. Este lunes la temperatura máxima alcanzó los 26 °C, muy por debajo de las cifras de la semana pasada, y a eso se suman mínimas de 13 °C que refrescaron a gran parte de la zona central.
Pero, ¿a qué se debe este fenómeno que incluso pronostica la presencia de precipitaciones para esta semana? Expertos adelantan que esto, incluso, podría generar riesgo de aluviones en zonas cordilleranas y turbiedad en los ríos.
Estas masas de aire frío, provenientes de latitudes más altas, están ocasionando una inusual disminución en las temperaturas durante el pleno verano, un contraste notable con las máximas registradas durante la semana anterior.
La jefa del Observatorio Climático de la U. San Sebastián, Paula Santibáñez, explica que esto se debe a un cambio a un régimen más marítimo. “Aumenta la influencia del aire costero y se fortalece la vaguada costera, que favorece nubosidad baja, neblinas y las típicas mañanas grises”, comenta. Además relata que con esto llega menos radiación solar al suelo durante el día y, por lo tanto, las temperaturas máximas descienden. Este efecto suele sentirse primero y más fuerte en la costa, y en algunos días puede avanzar también hacia los valles.
A esto se suma un factor adicional que explica que el descenso sea más notorio y no solo costero: la influencia de una baja segregada o un núcleo frío en altura. Esto es, según detalla el climatólogo y académico de la Universidad de Santiago, Raúl Cordero, una masa de aire frío a mediana altitud que usualmente se escapa de latitudes polares o semiantárticas.

“Ese contraste de temperatura provoca un flujo vertical de aire, que a su vez suele provocar formación de grandes nubes y a veces tormenta”, añade el académico. Esto tiene un efecto en la temperatura, pero además de eso provoca inestabilidad que da lugar a la formación de precipitaciones localizadas.
Esta ocurrencia de chubascos o tormentas aisladas se formaría especialmente hacia la precordillera y cordillera de la zona central. Según los pronósticos meteorológicos, se espera que la lluvia se deje caer durante el jueves de esta semana.
Ya sea la lluvia o las bajas temperaturas, la Dra. Karem Muena, jefa de Urgencias de la Clínica Dávila Vespucio, remarca que los cambios bruscos de temperatura, ya sea por el uso de aire acondicionado o por variaciones del clima, “no causan directamente el resfrío, pero aumentan la probabilidad de enfermar”.
En sus palabras, cuando una persona pasa de un ambiente cálido a uno muy frío, o viceversa, la mucosa de la nariz y la garganta se irrita y se reseca, por lo que disminuye su función protectora natural. “Esto facilita que los virus respiratorios ingresen y se multipliquen con mayor facilidad”, comenta la especialista.
Por otro lado, los cambios climáticos, descensos de temperatura, lluvia, viento, se asocian a mayor permanencia en espacios cerrados, mayor supervivencia de los virus respiratorios y un mayor contacto cercano entre personas.
Bajas segregadas
Según Santibáñez, en enero es relativamente habitual ver descensos de temperatura después de una ola de calor en la zona central, porque el verano alterna “bloques” muy cálidos con pausas en que aumenta la influencia del océano. “Cuando se refuerza la vaguada costera es frecuente que aparezcan neblinas y nubosidad baja en la mañana, con aperturas parciales en la tarde, y eso reduce la radiación que llega al suelo y modera las máximas, sobre todo cerca de la costa y en valles próximos”, añade.
Distinto es el componente de baja segregada. Ese tipo de sistemas, dice la experta, puede presentarse en verano, pero es menos frecuente que la vaguada costera como actor principal. Cuando ocurre, tiende a generar un cambio más marcado porque, además de refrescar, aumenta la inestabilidad, elevando la probabilidad de chubascos o tormentas aisladas, especialmente hacia la precordillera y cordillera.

Asimismo, Cordero menciona que se ha documentado que el número de días con influencia de bajas segregadas en verano se ha incrementado al menos en un 25% en los últimos años, “a pesar de estos días fríos, la tendencia general en el verano está hacia un calentamiento cada vez más notable”.
Además, el fenómeno trae consigo implicaciones adicionales, como la posibilidad de lluvias en áreas cordilleranas, lo que genera un riesgo incrementado de aluviones y sedimentación en ríos que alimentan la capital.
El aumento de turbiedad en los ríos, que lleva a la necesidad de restringir el uso del agua, es a menudo consecuencia de precipitaciones en la cordillera debido a estas bajas, comentó el climatólogo también. Con esto, Cordero alertó sobre la importancia de tener cuidado con los desbordamientos en épocas de lluvia. “Reflejan un patrón más amplio que no puede ser ignorado”.
En cualquier caso, Santibáñez manifiesta que esto no implica lluvia generalizada. ya que en verano estos eventos suelen ser irregulares y muy localizados, con sectores que reciben precipitación y otros muy cercanos que no. “Lo prudente es decir que el patrón puede repetirse, pero que la intensidad y los efectos locales, qué tan fuerte baja la temperatura y si hay o no precipitaciones, dependen de la trayectoria y profundidad de cada evento, y se afinan con los pronósticos de corto plazo”, concluye.
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