La nube de fuego que interrumpió 12 vidas en Renca
Un conductor próximo a jubilar, una pareja en moto, una guardia que volvía a casa, trabajadores en ruta y un joven migrante: 12 historias que coincidieron a las 8.06 del 19 de febrero, bajo una nube inflamable en el norte de la capital y que convirtió la rutina en una tragedia imborrable.

A las 8.25 del jueves 19 de febrero, los primeros carabineros de la 49ª Comisaría de Quilicura descendieron frente a la empresa Harting. Desde uno de sus vértices salía humo. El llamado hablaba de un incendio al interior del complejo industrial, pero al avanzar unos metros entendieron que el fuego no estaba en la bodega. Estaba en la calle.
A esa hora, la calzada que conecta la Autopista Central con Av. General Velásquez —en el límite comunal de Renca y Quilicura— concentraba el tránsito habitual de una mañana laboral. El tránsito era fluido, donde compartían la pista autos, camiones y motos que no pretendían presenciar la tragedia que les iba a suceder.
Diecinueve minutos antes, a las 8.06, un camión que transportaba gas licuado de la empresa Gasco volcó sobre esa conexión vial. La cisterna se abrió. El gas se liberó en una violenta nube blanca que se expandió en un radio de 150 metros. La deflagración fue tan rápida como devastadora. El combustible inflamado alcanzó a 37 personas, arrasó con más de 50 vehículos y rozó incluso a un tren de carga que cruzaba de norte a sur. Cuatro personas murieron en el lugar, incluido el conductor del camión. Con el paso de los días, la cifra ascendió a 12. Nueve personas continúan hospitalizadas tras el incidente. De ellas, cinco se mantienen estables dentro de su gravedad, aunque aún en riesgo vital, mientras que otras cuatro permanecen en unidades de cuidados intermedios.
A las 8.06 no había tragedia. Había rutina. Guardias terminando turno. Encargados de bodega entrando a trabajar. Paisajistas iniciando faena en las inmediaciones de la vía. Conductores avanzando hacia oficinas en Huechuraba. Diseñadoras cruzando la ciudad. La fuga de gas convirtió esa normalidad en una trampa invisible.

Probablemente el primero en morir fue el conductor del camión de gas, Pablo Celedón, de 65 años, padre de cuatro hijos y vecino de Padre Hurtado. Estaba próximo a jubilar y hacía solo unos días había regresado de sus vacaciones. Salió alrededor de las 3 de la madrugada rumbo al terminal de Gasmar, en Quintero, para traer el camión cargado con el combustible licuado. Se le realizaron chequeos rutinarios de alcohol, drogas y presión arterial, que los pasó sin problemas. Según declaran, Celedón era un chofer experimentado, con varias décadas de hacer rutas como la que lo llevó a su fin en la mañana del jueves pasado.
Tenía previsto regresar a la central de Gasco en Maipú, ubicada en Camino a Melipilla. El viaje de un punto a otro dura cerca de dos horas, después de recorrer alrededor de 170 kilómetros. De esos, su vida fue interrumpida cuando llevaba 141 kilómetros, solo le faltaban 28 para llegar a su destino.
Los otros tres fallecidos de esa mañana fueron buscados por sus familias en medios, redes sociales y en las afueras del Servicio Médico Legal. Con las horas, cada confirmación cerró la incertidumbre.
Nicolás Soto, de 26 años, se desplazaba en motocicleta junto a su pareja, Paulette Tello, también de 26 y la hija menor de ocho hermanos. Era técnica en Educación de Párvulos y se desempeñaba en un jardín infantil de Quilicura. Llevaban más de siete años de relación. La familia de Nicolás pidió ayuda para identificarlo por una placa metálica que llevaba en el tobillo. Paulette murió dos días después.
Andrés Arroyo, de 28, se dirigía a su trabajo en la empresa de telefonía Mundo. Su madrastra, Maribeth, comenzó a buscarlo el mismo jueves, cuando supo que su camioneta había quedado destruida en la carretera donde ocurrió la explosión en Renca. En televisión denunciaron la falta de coordinación entre autoridades y la sensación de estar “mendigando información”, para finalmente cofirmarles que el joven aumentó el saldo de víctimas fatales dejadas por la tragedia.

Fabián Carvallo, de 37, conducía un Kia Morning rumbo a su trabajo en Huechuraba. También estaba desaparecido, pero su familia confirmó que los notificaron el viernes sobre la identificación de su cuerpo.
Dos días después falleció Mónica Hidalgo, de 40 años, vecina de Isla de Maipo. Regresaba de su turno como guardia de seguridad. En 2010 había perdido a su esposo en un accidente laboral. Hace dos años murió uno de sus hijos.
Ese mismo día falleció Antonella Biaggini, de 27 años, diseñadora de vestuario y amante de sus perros, como se muestra en sus redes sociales. Pasaba por el sector en un Subaru Forester, inscrito a nombre de su padre, cuando ocurrió la tragedia.
El 22 de febrero se sumaron a la fatídica lista Ricardo Muñoz, de 54, y Cristián Pizarro, de 47, quien conducía otro camión que impactó por alcance. El lunes 23 murió también Luis Gustavo Romero, de 38 años. Iba en motocicleta rumbo a su trabajo como encargado de bodega. Tenía una consulta médica ese día, pero decidió asistir igual a desempeñar sus funciones. En uno de los videos difundidos del accidente se le ve intentando girar para escapar de la nube de aerosol inflamable antes de ser alcanzado por ella.
El 24 se confirmó la muerte de Julio Fuentes, de 63 años, quien se encontraba recibiendo atención en la Mutual de Seguridad. Fuentes realizaba labores de paisajismo en la intersección de las calles Lo Ruiz con Presidente Eduardo Frei Montalva, junto a tres hombres más. El día del accidente corrieron al escuchar la caída del camión, pero las llamas lo alcanzaron mientras sus compañeros lograron huir. Uno declaró que la tragedia pudo ser mayor: el hijo de Fuentes hacía el mismo trabajo, pero ese día fue destinado a otro punto.
El miércoles 25 falleció Luis Miguel Gómez, de 36 años y nacionalidad venezolana, la única víctima extranjera. El padre de una menor se dirigía hacia su trabajo en Quilicura en un furgón junto con Ricardo Muñoz, quien también murió a causa del fuego. Su exesposa relató en televisión que luego del accidente, Gómez salió del vehículo, pidió ayuda y consiguió un teléfono para comunicarse con ella por última vez. Le dijo que la amaba y que cuidara a su hija. La madre del joven también fue avisada del accidente y viajó a Chile lo antes que pudo. Alcanzó a estar con él los últimos días antes de su deceso en el Hospital del Trabajador.
La investigación
En los primeros minutos de ocurrida la tragedia, la atención se concentró en la eventual responsabilidad del conductor, por un supuesto exceso de velocidad. Sin embargo, el Ministerio Público no ha fijado una hipótesis definitiva. Hasta ahora no existe cifra oficial sobre la velocidad al momento del impacto. Las velocidades máximas están debidamente marcadas en la zona del accidente, pero con cambios que pueden ser abruptos. Si se viene del norte por la Autopista Central y se quiere tomar la salida hacia General Velásquez, la velocidad máxima permitida baja de 100 km/h a 50 km/h en pocos metros para tomar la curva hacia la derecha. Luego, el límite se establece en 80 km/h.
Eso sí, en la Fiscalía advierten que ese elemento no basta para explicar la magnitud del desenlace. Lo que genera mayores interrogantes es lo ocurrido después de la colisión con la barrera de contención. Según indican fuentes del Ministerio Público, no resulta totalmente comprensible que la cisterna se haya desprendido completamente del camión —como afirman testigos— ni que el estanque se haya fracturado para crear la filtración masiva del gas. Por ello, las diligencias apuntan también a examinar los restos del vehículo y del tanque. Se indagarán responsabilidades que podrían recaer en la empresa propietaria del camión: planes de mantenimiento, controles periódicos y protocolos de seguridad. Los equipos reconstruirán minuto a minuto la ruta entre Quintero y Maipú, revisando tiempos, detenciones y condiciones del traslado. También se examinará el contexto personal y laboral del conductor.

La indagatoria comenzó con la fiscal Macarena Cañas y luego fue asumida por el fiscal Francisco Bravo. La Unidad Regional de Atención a Víctimas y Testigos se encarga, al mismo tiempo, de mantener contacto permanente con las familias. Más allá de los testimonios, el eje estará en los peritajes especializados de Carabineros. De ellos dependerá establecer si se trató de un error humano, falla mecánica o una combinación de estos u otros factores.
A las 8.06 de ese trágico día todo era tránsito. Pero repentinamente, a las 8.25, todo era incendio. Entre esos 19 minutos se instaló una nube blanca que se tornó roja e interrumpió 12 biografías para siempre. Las vidas quedaron cerradas, pero la investigación sigue abierta.
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