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Localidades costeras y secano interior: las zonas que corren riesgo por incendios en Chile

Cinturones de pueblos en el Gran Concepción y Valparaíso, además del secano interior de Maule, Ñuble y Biobío, son los sectores en peligro ante un siniestro de este tipo. Utilizando nuevas tecnologías y datos históricos, los centros de investigación del país han aumentado sus capacidades para predecir cuáles son las áreas más vulnerables al fuego.

En 2020, un estudio publicado por académicos nacionales en la revista Science of The Total Environment advirtió que tres millones de personas en Chile viven en áreas próximas a sectores boscosos inflamables, lo que se denomina interfaz urbano-rural. Eso ocurre, por ejemplo, en el caso de Quillón -localidad de Ñuble donde en la última semana el fuego arrasó con 1.854 hectáreas- que ha sido registrada como una de las “zonas críticas de ocurrencia” por el Laboratorio de Incendios Forestales de la Universidad de Chile en sus reportes anuales.

Los centros especializados en incendios del país han cartografiado múltiples zonas de riesgo en los últimos años. De acuerdo con Horacio Gilbert, académico del Centro de Investigación para la Gestión Integrada del Riesgo de Desastres (Cigiden R+), estos mapas se crean cruzando datos, como pendiente, condiciones de incendios históricos, vegetación, sequía, densidad poblacional, entre otros. “Si hay gente y hay vegetación, hay incendios”, afirma el investigador.

Incendio forestal en Las Condes

Estos laboratorios han implementado programas en base a inteligencia artificial, análisis satelital y cruce de datos históricos para detectar sectores en peligro. Para un estudio que desarrolla actualmente, Gilbert calculó que, entre 1985 y 2024, de 100 hectáreas quemadas, 70 se encuentran en las regiones del Maule, Biobío, Ñuble y la Araucanía.

Con este tipo de cartografía se identificó una larga franja desde la Región de O’Higgins hasta el Biobío como una de las áreas más vulnerables durante este verano. A esta demarcación se suman dos cinturones de localidades costeras alrededor de Concepción y Valparaíso, las cuales reúnen las condiciones para ser consideradas algunas de las áreas de mayor riesgo de siniestros por fuego en el país.

La directora del Observatorio Climático de la Universidad San Sebastián, Paula Santibáñez, afirma que la principal zona de riesgo de este verano es la Región de O’Higgins hacia el sur, en el secano interior, donde las temperaturas tienden a ser “incluso más altas que en la Región Metropolitana”. La denominación “secano interior” distingue el espacio entre la Cordillera de la Costa y el Valle Central, a unos 20 kilómetros de las playas. Y aunque el riesgo de incendio comienza en la Región de Valparaíso, el regadío de los terrenos agrícolas del centro del país disminuye el peligro de ignición, por lo que las zonas especialmente afectadas se encuentran más al sur, cerca del Maule.

Lejos de las viñas, la industria forestal arrecia y cubre grandes extensiones de terreno. De acuerdo con Santibáñez, el riesgo de incendio comienza a ser “muy crítico en Maule, Ñuble y Biobío”, y da como ejemplo las localidades de “Santa Juana, Cabrero, Santa Lucía, San Rosendo y Florida”. Según ella, el peligro en estas localidades está en la sequedad y el calor debido a la distancia del mar y el viento puelche.

Al alejarse de las playas, “la temperatura comienza a aumentar” y “baja la humedad”, explica Santibáñez. Además, el calor es aún mayor en las localidades donde la Cordillera de la Costa es más alta, ya que no llega la humedad del viento marino. Si se suman las fuertes ráfagas del seco viento puelche proveniente de la cordillera, se generan “bolsillos” de temperatura, afirmó la investigadora a La Tercera.

La cercanía a los monocultivos de pinos y materia vegetal inflamable es común en las localidades de la zona. De acuerdo con Constanza González, doctora en planificación urbana e investigadora de Cigiden R+, este problema es mayor cuando se considera que hay una “alta densidad de viviendas con una construcción que no es resistente al fuego”, por lo que las casas “se empiezan a quemar en cadena”, lo que “dificulta la evacuación”.

Incendio en Penco. Foto: Carlos Acuña / ATON CARLOS ACUNA/ATON CHILE

El observatorio de la USS publica reportes climáticos mensuales del país. Antes de los incendios de esta semana, el informe de enero indicó que habría “temperaturas levemente máximas por sobre lo normal” y menores precipitaciones en la zona centro sur del país. Esto se debe a que La Niña, el fenómeno natural que enfría las aguas del Pacífico, es débil este verano. Por este motivo, habrá más olas de calor junto a “días despejados y baja humedad”, lo que eleva “el riesgo de incendios forestales cuando coinciden calor, viento y material vegetal seco”, consignó el documento.

Un estudio publicado en 2024 analizó el efecto del cambio climático en el aumento de incendios en el país. El climatólogo de la Universidad de Santiago, Raúl Cordero, uno de sus realizadores, explica que “a pesar de La Niña” -que normalmente disminuye las temperaturas- la temporada “ha tenido olas de calor muy intensas”. “Lo anterior se explica por el empuje del calentamiento global”, dice Cordero.

De acuerdo con los expertos, la gran cantidad de combustible vegetal en la zona es uno de los principales peligros. En ese sentido, a comienzos de diciembre una vecina de Los Ángeles denunció grandes extensiones de pastizales en las calles, según consignó el diario La Tribuna. Y a mediados de diciembre, producto de un incendio, el alcalde de aquel municipio solicitó el retiro de una gran cantidad de materia seca.

Incendio estructural en cerro El Litre. Foto: Sebastian Cisternas/ Aton Chile. SEBASTIAN CISTERNAS/ ATON CHILE

Jaime Carrasco, doctor en Sistemas de Ingeniería y uno de los creadores del software de predicción de incendios Cell2Fire, presenció lo mismo que la residente de Los Ángeles en su visita a la región. Según él, “hay mucha carga de combustibles superficiales”, a lo largo de “toda la zona de Concepción”. Esto se debe a que “hay mucha biomasa disponible producto de las plantaciones forestales”, explica.

Luego de días de calor prolongado, esas “ramitas pequeñas, hojas y troncos caídos quedan disponibles para entrar en combustión”, y transmiten el fuego a las ramas superiores, que son los “combustibles aéreos”. En su experiencia, cuando el fuego alcanza la copa de los árboles, se genera un incendio de “gran magnitud” y es “difícil que actúen los cortafuegos”.

Los cinturones costeros

El director alterno de Cigiden R+ y académico de la Universidad Técnica Federico Santa María, Jorge León, comentó a La Tercera que los “cinturones de zonas de interfaz que rodean áreas metropolitanas importantes como Concepción o Valparaíso están identificados hace mucho tiempo como áreas potenciales de riesgo”. De acuerdo al investigador, el calor extremo aumenta el peligro, y “por eso todos los veranos explotan este tipo de incendios tan violentos”.

En la historia reciente de Chile, las afirmaciones de León encuentran sustento en los megaincendios de la zona centro sur en 2017 y de Valparaíso de 2024, tragedias cuya cifra total de fallecidos fue de 11 y 139 personas respectivamente.

Valparaíso en enero de 2025, a un año del megaincendio. Foto: Dedvi Missene Dedvi Missene

Respecto a estos cinturones, León explica que “son ciudades costeras donde el paisaje cambia abruptamente en la península costera”. En estas zonas, las plantaciones forestales, “activas y en otros casos abandonadas”, están próximas a barrios residenciales y “no se estudian las técnicas” para construir, asegura. Además, el académico afirma que las pendientes de las quebradas playeras son “aceleradores de fuego”.

De acuerdo con León, este tipo urbanización no solo se emplea en el Gran Valparaíso, sino también en la séptima región, en lugares “como Constitución, que tiene sectores habitacionales en los cerros en exposición directa a zonas de interfaz”, y en Concepción Metropolitano. En esa ciudad, Santibáñez complementa que “la topografía es más elevada”, entonces “la temperatura tiende a ser un poquito mayor” y el viento costero “tiene menor efecto”.

Constanza González, que reside en Concepción, asegura que “es muy frecuente” que las zonas costeras no estén preparadas para incendios. Ella diferencia la situación de las ciudades como ”Penco, Tomé, Talcahuano, Lota, Viña, Valparaíso” a las que se ubican en el interior, como Santa Juana, donde “ha habido muchas parcelaciones” y “harta gente se ha ido a vivir” sin saber “qué hacer en caso de un incendio o cómo prevenirlo”.

Miguel Castillo, investigador del Laboratorio de Incendios Forestales de la Universidad de Chile, asegura que Quillón fue catalogado como crítico “desde el primer minuto”, pero “la información no baja como uno quisiera”. Con su equipo, han identificado más de veinte “zonas críticas de ocurrencia”. Entre estas, destaca Laguna Verde, la localidad costera de Valparaíso, donde dice que “no hay agua” y las “parcelas de agrado están ocluidas en el entramado de la vegetación”, además de que “hay poca capacidad de respuesta”.

La infraestructura de respuesta

“Se alega que Conaf o Senapred no llegan a tiempo”, dice Castillo. Pero el académico reconoce que esto evidencia un problema mayor. Aunque las instituciones “han fortalecido sus capacidades”, ya no “dan abasto para estos grandes incendios”, afirma. Más que un asunto de infraestructura, el investigador señaló a La Tercera que los siniestros de gran magnitud “se inician sin posibilidad alguna de control en su mayoría, lo que desbarata cualquier tipo de respuesta”.

El académico de la USS y ex gerente de Áreas Protegidas de Conaf, Eduardo Katz, dice que “la tecnología humana no da abasto”. “Hoy día en un incendio grande puedes tener 10 helicópteros, pero si tuvieras 30 helicópteros tendrías el mismo problema”. Por lo tanto, Katz comenta que hay que cambiar “cómo está distribuido nuestro territorio”, mediante un “sistema mixto entre plantaciones forestales, bosques nativos, cultivos, cortafuegos”, por lo que ayudaría contar con “una ley de fomento forestal”.

Incendio en Viña del Mar en septiembre de 2025
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