Pablo Gallardo: La micro de sus sueños

Comenzó cobrando $ 60 mil por modelo. Hoy los vende en más de $ 550 mil.

Hizo de un hobby su profesión y hoy se dedica 100% a hacer maquetas de los coloridos buses y “liebres” que han recorrido Santiago en las últimas décadas. Sus modelos incluso han viajado a países como Brasil, Costa Rica y Uruguay.


El ingeniero mecánico Pablo Gallardo Ávalos (51) se define como el único maquetista de buses que se dedica profesional y diariamente a esto. Asegura que nació con el don artístico y el amor por los vehículos, especialmente por las “micros”. Desde pequeño, donde iba observaba las máquinas para posteriormente retratarlas. “Vivíamos en una casa sin ventanas a la calle y con un patio interior. Ese mundo oculto hacía que yo me concentrara en crear juguetes”, cuenta el artista desde su taller en Pedro Aguirre Cerda. Primero fue un hobby, pero en los 90, cuando pudo acceder a los materiales necesarios para realizar sus diseños y pasados sus 25 años, comenzó a profesionalizarse en la especialidad. Aprendió a pintar, utilizar los pegamentos y manipular el plástico de alta intensidad (PAI) para realizar la carrocería y el policarbonato o PTG para simular las ventanas y parabrisas.

En 2001 lo despidieron de la empresa donde trabajaba, lo que lo motivó a dedicarse exclusivamente a la elaboración de sus “micros”. “La gente me decía ‘por qué no los vendes’, y cuando uno queda sin nada hay que buscar las habilidades que uno tiene”, agrega.

Así fue como de a poco comenzó a vender sus diseños.

La primera máquina que comercializó fue la clásica micro amarilla de los años 90: una Manquehue 85 del recorrido 110. Como no existía internet, la llevó a una juguetería en la Galería España, donde la entregó por concesión. “Se vendió y me dieron un porcentaje, que era menos de la mitad. Pero el vender una me dio seguridad”.

No volvió a encontrar empleo como ingeniero mecánico y decidió hacer su propio negocio. En un comienzo, Gallardo cuenta que por falta de materiales y detalles, las maquetas eran muy sencillas y no se demoraba tanto en construirlas. Por cada bus cobraba entre 50 mil y 70 mil pesos. No obstante, cada vez les agregaba mayor complejidad y detalles. Luego se percató de que sus autobuses estaban siendo revendidos.

En un comienzo realizaba una maqueta por semana. Actualmente, cobra como mínimo 550 mil pesos por maqueta y vende entre uno y dos buses por mes.

El valor aumenta dependiendo del diseño y los detalles que desea el cliente, como luces, puertas que abren o ruedas que giran.

Gallardo también ofrece realizar la mantención de sus modelos. Así, sus clientes llevan las maquetas a su taller para que Pablo las pinte y les aplique distintas mejoras.

No es fácil

Según Gallardo, en Chile no existe una valoración adecuada del modelismo, especialmente en su rubro. “La gente dice: ‘este señor junta autitos’. Interpretan esta labor como si uno jugara, y no valoran la profesión”, explica.

Esto lo ve reflejado incluso en la misma industria del transporte. Solo seis empresas de buses le han comprado diseños, y no más que un par de modelos.

No obstante, sí hay conocedores. Sus principales clientes son personas que sienten cariño por estos vehículos, ya sea porque les recuerdan algún recorrido que les marcó la infancia y juventud o porque sus familias se han dedicado al rubro del transporte.

El maquetista apunta que en otros países se valora mucho más esta actividad y se ponen en valor los trabajos artísticos como el que realiza. Cuenta que en Europa, Argentina, Brasil, Colombia y México hay museos dedicados al tema y se realizan encuentros entre exponentes de este rubro. Recuerda que en Alemania hicieron una ciudad en miniatura y todo era controlado por computadores. “Hasta los vehículos se movían. Si se hiciera eso acá en Chile, lo más probable es que nadie iría”, considera.

Su trabajo soñado

Las aspiraciones de este ingeniero no son tan ambiciosas. Sueña con hacer una colección auspiciado por alguna empresa de transporte público y crear una muestra completa de modelos de todas las épocas y diseños. Esto con el fin de exponerla en un lugar público, para que las personas puedan ver sus obras de manera gratuita. “Sería bonito hacer algo en el Día del Patrimonio, por ejemplo”, plantea.

No solo eso: también le gustaría que las empresas se interesaran en poner en el hall de sus edificios una vitrina con las maquetas de sus máquinas más emblemáticas.

“Me gustaría seguir vivo para siempre y seguir haciendo micros toda la vida”, concluye.

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