La realidad a la que despertó Nabila

Ha pasado poco más de un mes desde que Nabila Rifo fue brutalmente atacada en Coyhaique. Aunque recuperó la conciencia hace algunas semanas y es capaz de ponerse de pie, todavía no recuerda qué fue lo que le pasó, no sabe que su ex pareja está en prisión preventiva, ni tiene la noción de haberse transformado en un emblema de la lucha contra la violencia de género.

Las personas que caminan frente a la Posta Central no pueden evitar los comentarios. Al ver los afiches amarillos, los letreros de cartón y los cientos de mensajes que están pegados en la reja que separa el hospital de la vereda recuerdan que a una mujer del sur le arrancaron los ojos y casi la mataron a golpes. Algunos preguntan si ella está aquí, otros se detienen a leer los mensajes que diversas agrupaciones le han dejado, pero casi todos reaccionan de alguna manera. Lo hacen porque saben que a Nabila Rifo, la coyhaiquina de 28 años, alguien le jodió la vida. 

Adentro de la Unidad de Cuidados Intensivos, en una habitación exclusiva para ella, Nabila ha recobrado la conciencia paulatinamente en las últimas semanas. Después de un par de operaciones reconstructivas, las fracturas en su cráneo y las heridas de su rostro han experimentado evidentes mejorías. El fiscal regional de Aysén, Pedro Salgado, y su adjunto, Luis Ernesto González, lo corroboraron entre lunes y miércoles de esta semana en sus reposadas conversaciones con ella. Junto al equipo multidisciplinario de la Asistencia Pública -médicos, enfermeras, psicólogos-, incluso la vieron ponerse de pie y dar algunos pasos apoyada en una auxiliar. En esas tres entrevistas, los fiscales intentaron generar un vínculo con Nabila y estimularon memorias de su vida previa al ataque. No quisieron entrar en los detalles de lo que sucedió la noche del 14 de mayo, para no causarle angustia en su delicada situación, ni necesitaron contarle por qué tiene parches en los ojos, pues el equipo médico le había informado una semana antes que había perdido la visión para siempre. 

Durante estos diálogos, ella preguntó por sus cuatro hijos, por su madre y cuatro hermanos, así como también por Mauricio Ortega (41), el hombre que hasta hace poco era su pareja. Todavía nadie le ha comentado que él está en prisión preventiva y es el único formalizado por el salvaje ataque que la dejó hospitalizada a miles de kilómetros de su casa. Por recomendación de los especialistas, los fiscales prefieren esperar un tiempo más para obtener un testimonio judicial fidedigno o, eventualmente, prescindir del mismo si no están las condiciones para que entregue una versión consistente.

“Puede que llegue, como puede que no llegue. Está en un contexto de la violencia intrafamiliar, así que no debe extrañar. Lo más importante es su bienestar. Esta investigación se va a terminar en algunos meses, pero ella tiene 28 años, le queda una vida por delante”, comenta el fiscal Salgado.

 Como Nabila aún no sabe exactamente qué fue lo que le pasó, tampoco tiene idea de cómo ha cambiado la realidad en que vivía. No recuerda que la Presidenta Michelle Bachelet la visitó en la Posta Central, ni sabe que ella conoció a su familia en             Coyhaique y acordó patrocinar proyectos de ley para endurecer las penas en contra de los agresores de mujeres. Tampoco sabe que ahora es un símbolo para muchas mujeres chilenas, que cientos de personas se han movilizado en todo el país, indignadas por lo que le sucedió, ni que se han realizado manifestaciones afuera del hospital donde descansa. Y menos sabe que en alguna de esas manifestaciones, una mujer, Daniela Meza, dejó unos versos en su honor:

“Nuestras muertes van mostrando con títulos de pasión, como una gran promoción que los ojos va tapando. Alguien nos está matando, tiene huellas y pisadas, e impunidad amparada, mientras que nada nos libra de la bala que calibra la vida como si nada”.

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Cecilia Orellana es amiga desde hace largos años de Noelia Ruiz, la madre de Nabila. Junto a otra vecina de Coyhaique, Nancy Hernández, han organizado una campaña para ayudar económicamente a su amiga, que ha debido hacerse cargo de los cuatro hijos de Nabila, además de sus propios cuatro hijos: Carolina, Elvis, Katherine y Daninza. Si la situación era precaria antes, ahora es crítica, pues el hogar se mantenía con ingresos inferiores al sueldo mínimo. Los fondos recaudados han sido depositados en la cuenta corriente de Ruiz, pero Orellana explica que desde ahora quieren que las donaciones sean realizadas a la cuenta de Nabila, para preparar su regreso. El problema es que no tienen su número de cuenta y el lugar donde podrían encontrar los datos, el hogar que ella habitaba junto a Ortega, en calle Lautaro 1030, está cerrado por las autoridades. 

“Hemos sabido bien poco de Nabila, así que estamos preocupadas. Al menos, los niños están mejor, hay psicólogos que los están atendiendo”, cuenta Orellana, aludiendo a la intervención que la Unidad Regional de Atención a Víctimas y Testigos (Uravit) ha realizado en el hogar de la madre de Nabila.      

La mediagua de Errázuriz 1433, en la Población Gabriela Mistral, apenas da abasto para la cantidad de personas que hoy viven en ella. Por eso, el gobierno regional está buscando un hogar temporal para Ruiz, sus hijos y nietos, mientras reconstruyen su casa a través de un subsidio para la vivienda, para darle condiciones mínimas de habitabilidad y también para adecuarla al impedimento visual de Nabila. La búsqueda de un arriendo para estos meses no ha sido sencilla. En algunos barrios de Coyhaique no ven con simpatía la atención mediática que la familia de Nabila llevaría consigo, así que la búsqueda aún continúa.

Algunos parlamentarios de la zona, como el diputado David Sandoval (UDI) y el senador Patricio Walker (DC), han realizado diferentes gestiones en favor de la familia. El ex presidente de la Cámara Alta, de hecho, le solicitó a la Presidenta Bachelet una pensión de gracia en nombre de Nabila, que actualmente está en trámite de aprobación junto a otra para su madre y una tercera asignación por invalidez para Katherine, su hermana menor. Estas tres subvenciones están siendo tramitadas en conjunto con la pensión de gracia para la viuda de Eduardo Lara, el guardia fallecido en Valparaíso el 21 de mayo.

Consultada al respecto por Reportajes, Noelia Ruiz se excusó de conversar. Su contacto con Nabila en este tiempo ha sido limitado. Durante las primeras semanas, la información que llegaba hasta el sur venía de la fiscalía o de una prima enfermera que recibió a Nabila en el Hospital de Coyhaique y luego la acompañó a Santiago. Recién por estos días su familia estará conociendo el detalle de las reuniones con los fiscales. “No es mucho lo que hemos sabido”, confirma escuetamente una de sus hermanas menores.     

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Mauricio Ortega está esperando un nuevo traslado, esta vez desde la cárcel de Cochrane de vuelta a Coyhaique. Antes, en su primera semana de reclusión, una manifestación ciudadana impidió que llegara a Chile Chico, y luego el alcalde de Cochrane pidió su expulsión. Su hermana mayor, Gladys Ortega, y su cuñado, el ex concejal UDI Franklin Hernández, lo visitaron el lunes. “Lo hemos visto llorar por ella y por los niños. Quiere que ella hable, para que diga que no fue él. Yo no me atrevo a creer que haya hecho esta brutalidad”, cuenta Hernández.

El 18 de mayo, Ortega fue capturado por Carabineros justamente en la parcela de su cuñado, ubicada en el km 10 de camino     Coyhaique Alto. En la audiencia de formalización, la fiscalía hizo pública su convicción de que Ortega es el más probable autor del ataque a Nabila y las posteriores querellas le imputaron los cargos de femicidio frustrado, lesiones graves y gravísimas y mutilación. Los indicios que lo acusan son las declaraciones de dos jóvenes testigos que miraban desde sus casas, la presencia de las llaves de su camioneta al lado del cuerpo, la violenta discusión que tuvieron esa noche -acreditada por testigos- y por los antecedentes previos de violencia intrafamiliar.     

El 5 de junio de 2015, Ortega había llegado hasta la antigua casa de Nabila, ubicada en calle Trapananda, armado de un hacha para derribar la puerta. De acuerdo al acta de formalización, incluso amenazó con matarla. “Con esa historia lo han dejado como un chacal, pero él usó el hacha para derribar la puerta, porque ella estaba con otro hombre. No quería agredirla directamente, sino entrar para llevarse a sus niños”, asegura Hernández.

En esa oportunidad, el proceso contra Ortega fue suspendido condicionalmente por petición de Nabila, por lo que éste sólo tuvo que cumplir con un tratamiento psicológico de seis meses, al cual nunca se sometió. “Mauricio tuvo otra pareja que dice que él nunca le levantó la mano”, agrega Hernández. 

La defensa de Ortega, encabezada por el defensor regional de Aysén, Fernando Acuña, apunta a una línea investigativa diferente, que, según dice, no se ha revisado. Tiene que ver con presuntas amenazas que Nabila habría recibido de una dueña de un club nocturno en el que ella habría trabajado tiempo atrás y que cerró tras descubrirse una supuesta red de trata de blancas. “Es una línea legítima de investigación que no se ve reflejada en la carpeta. Esta es una investigación con ‘visión de túnel’, enfocada en una sola persona”, dice Acuña, que espera pedir una rebaja de cautelares cuando aparezcan nuevos antecedentes.

El fiscal Salgado, por su parte, responde que no existe ningún antecedente en esa causa que vincule a Nabila con el local, ya que en el último tiempo ella estaba trabajando en la compraventa de muebles junto a Ortega. De hecho, tenían planeado un viaje de negocios a Tacna para agosto. “Esa denuncia la hizo una ciudadana colombiana”, comenta.

De acuerdo a diversas fuentes conocedoras de la causa, Nabila trabajó en un local nocturno de la ciudad, pero no está acreditado que lo haya hecho en el que actualmente está siendo investigado. 

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En el Ministerio Público calculan que podrían pasar hasta seis meses antes de que Nabila Rifo pueda recordar los hechos de la madrugada del 14 de mayo. Todo dependerá de cómo continúe su tratamiento psicológico, pues afirman que los recuerdos traumáticos también pueden ser eliminados. También se especula con que, dada su delicada condición, su testimonio podría ser objetado por cualquiera de las partes. 

La fecha de su alta médica todavía no se ve cercana, pues dependerá tanto de su evolución psíquica como física. Al menos en este último aspecto, Nabila podría completar su tratamiento en un par de semanas, cuando el equipo de la Posta Central la someta a una nueva operación para implantarle sus prótesis oculares, los ojos que el mundo verá en ella ahora en adelante.

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