Busco candidatos constituyentes



Por Alejandro Reyes, abogado

¿Qué características debieran tener los convencionales para hacer una buena Constitución Política? Algunas encuestas señalaron que personas con conocimientos constitucionales, bien preparadas, independientes (no militantes) y ser personas comunes y corrientes.

¿Qué nos interesa? Que la Convención haga un buen trabajo, una Constitución de calidad, con alta legitimidad, que ofrezca estabilidad por varias décadas. Para ello necesitamos buenos Convencionales. En esto los partidos políticos, los independientes y los electores, debemos ser sumamente responsables.

¿Tiene sentido que los convencionales sean personas comunes y corrientes? En mi opinión no. Si así fuera bastaría con hacer un sorteo para seleccionar al azar puras personas “comunes y corrientes”. Se hacen elecciones precisamente para elegir entre distintas alternativas y seleccionar a los que mejor representen nuestras ideas, que sean confiables, capaces, etc. Elaborar una Nueva Constitución es un proceso demasiado importante y delicado para dejarlo en manos de “comunes y corrientes”.

¿Es razonable que los convencionales sean puros independientes (no militantes de partidos)?

No lo creo. No existen independientes que sean ángeles inmaculados. Solo hay candidatos humanos, todos imperfectos, pecadores, subjetivos, con luces y sombras e inclinaciones naturales a sus ideas, su manera de ver el mundo, la política, el país.

No hay “independientes” que vivan en el limbo de las ideas o en la nada del pensamiento. Por ejemplo, el Presidente de derecha don Jorge Alessandri, que también participó en la Constitución de 1980, fue siempre “independiente”; y Alejandro Guiller, candidato presidencial de la Nueva Mayoría en 2017, ha sido siempre “independiente”. ¿Alguno de ellos cumple el perfil de lo que usted cree es un “independiente”? No. ¿Usted cree que va distinguir bien las posiciones entre candidatos “independientes” que por primera vez aparecen? Al menos le resultará difícil.

Los chilenos están aburridos de los partidos políticos y sus disputas de poca monta, vacías de contenido. Hay hastío que se repitan siempre las mismas caras, las malas prácticas, la corrupción sin sanción. Viven encerrados en una burbuja y perdieron el “cable a tierra” del contacto directo y cotidiano con su electorado. Y “cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto”. Entonces, votar por independientes en realidad es un castigo de la ciudadanía a los partidos y políticos actuales, y un deseo y una oportunidad para renovar las caras y sanear la política. Lo comparto. Pero para algo tan importante como la Constitución, antes de aplicar el criterio simple de si es independiente o militante, debo considerar otras características personales en los candidatos: sus virtudes, sus habilidades, sus conocimientos, sus propuestas de contenido para la Constitución.

Lo deseable es que los constituyentes sean personas honestas, transparentes, confiables, que actúen de buena fe; que den preeminencia al interés general por sobre el particular; que sean prudentes, haciendo una justa valoración de cada principio, derecho, valor o institución para ponerlos en un adecuado equilibrio o en una justa preferencia. Se requieren personas tolerantes y pluralistas.

Como habilidades, deben ser empáticos; capaces de escuchar y dialogar razonablemente; hábiles para negociar y mediar; creativos para buscar soluciones alternativas; con liderazgo para gestar propuestas, aglutinar posiciones y defender ideas.

Como conocimientos, es conveniente que haya un grupo transversal con conocimientos y experiencia en materias constitucionales; otros con conocimientos de historia de Chile; otros de economía; algunos científicos que pongan contextos probables de futuro; y algunos especialistas en materias de salud, educación, vivienda y urbanismo, previsión, medioambiente, mujer, que distingan lo posible de lo imposible.

Este candidato ideal no existe, es sólo un sueño. Pero algunos pueden tener varias de dichas cualidades. Otros casi ninguna. Que no lo pillen volando bajo. Revise qué pasa con el suyo.

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