Columna de Paula Walker: Las y los líderes para Chile



Un diputado tiene dificultades para controlar su ira y golpea a sus colegas. Lo hace públicamente, frente a las cámaras. A uno lo golpea en un oído y al otro en la cara. Un diputado, del Partido Republicano, dice que por suerte las personas electoras no saben (antes de votar) de algunas actitudes (de los candidatos), pues si así fuera “probablemente no habrían votado por nosotros”. Máxima sinceridad. Una diputada, que prometió tomar palco frente al nuevo gobierno, utiliza el episodio descrito para sacar cuentas alegres y echarle la culpa al “texto constitucional” que “divide al país”. Máximo aprovechamiento.

Dos caminos distintos tenemos frente a nosotros este 4 de septiembre, cuando votemos obligatoriamente. Un camino es transparente, el otro es una declaración de compromisos en el aire. Si gana el Apruebo, hay una nueva Constitución con una hoja de ruta que el gobierno desplegará en los próximos tres años, además de cientos de proyectos de ley a discutir en el Congreso, donde las fuerzas de cada lado están empatadas. El texto contiene acciones inmediatas para implementar, otras a 6 meses, un año, 18 meses, 2 años, 3 años, 4 años y 5 años. Si gana el Rechazo, las promesas escritas en papeles (sin ningún timbre ni sello) estarán nuevamente en manos de grupos de interés, donde algunos cumplirán su palabra, otros no. Habrá una derecha más democrática que otra. Habrá diputados y diputadas que no darán sus votos para un nuevo proceso, o lo harán con muchos peros, y otros volverán a votar para repetir el proceso igual.

¿Qué lideres y lideresas va a necesitar Chile para enfrentar el tiempo que viene? ¿Queremos personas en el Parlamento que golpeen a sus adversarios? ¿Queremos ministros o ministras que se nieguen al diálogo y no revisen sus errores? ¿Queremos lideres políticos, sociales, empresariales o espirituales que se atrincheren en sus creencias y se nieguen a cualquier cambio? Máxima reflexión para buscar, exigir y votar por liderazgos que conversen con este tiempo.

Una verdad evidente fue revelada tras el proceso constituyente: Chile no es un solo país sino muchos chiles, con verdades incómodas, con mayorías silenciosas y aburridas del abuso. El proceso constituyente y el texto de una nueva Constitución han sido observados por el mundo: intelectuales, científicos, artistas, comunidades internacionales saludan con admiración lo que hemos construido. Personas expertas reconocen en el texto innovaciones sociales que juntas, bajo la forma de una Constitución, son una buena oportunidad para enfrentar el futuro incierto: derechos sociales, reconocimiento a las diversidades, ambientes digitales, más participación, bienes naturales públicos, una nueva manera de repartir el poder político, una Contraloría más fuerte, derechos a las personas mayores, etc. Deberemos exigir más a nuestros líderes y lideresas para conducir un tiempo nuevo, que mire hacia adelante y que no se quede pegado en ese pasado desigual que todos conocemos.

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