Opinión

El paso en Norcorea de Trump

(REFERENCIAL) En junio pasado Trump se reunió con Kim Jong Un en la zona desmilitarizada entre Corea del Norte y Corea del Sur. (Foto: Reuters)

Ha sido un paso corto y breve, pero significativo. Más bien inesperado, pues nunca un Presidente Norteamericano, había pisado territorio de Corea del Norte, en la zona desmilitarizada entre ambas Coreas. Un lugar emblemático en el paralelo 38, que los divide desde el armisticio de 1953. Altamente custodiado y en que los militares norcoreanos, se vigilan entre sí, más que hacia el sur, donde no hay riesgo alguno de que alguien intente traspasar la línea divisoria de ambos, salvo los propios guardias. Unos simples adoquines de pocos centímetros que demarcan una de las fronteras más custodiadas y militarizadas del mundo. Se han reanudado, y por tercera vez, los encuentros entre Tump y Kim, pero ahora en la propia Corea del Norte.

Por sobre el hecho mismo, este paso indica que todavía las conversaciones pueden continuar, a pesar de que no hay constancia de que Kim ha renunciado del todo, a su programa de misiles, incluidos los con armas nucleares, ni existan controles internacionales a tal programa, ni que se hubieren levantado las sanciones norteamericanas vigentes, o las que se han decidido por las Naciones Unidas. Todo ello, seguramente, ha hecho que Kim aceptara en su suelo, el breve encuentro con Trump. Jamás lo reconocerá, pero lo necesita imperiosamente, ya que la situación económica del país, sigue siendo frágil y pleno de carencias, y su inclusión en el mundo, no se materializa y sigue siendo un país aislado. China le ayuda y casi la totalidad de su intercambio comercial, se hace en la frontera con China, aunque sigue siendo insuficiente para sus necesidades. No arriesga elecciones como Trump, pero puede aliviarlo.

Trump, también busca capitalizar este paso, ya que uno de sus pretendidos logros con un adversario que, hasta que comenzaron los encuentros, parecía inevitable que podía continuar indefinidamente. Un pragmatismo que lo ha llevado a hacer este gesto, sorpresivo y tal vez sólo protocolar, sin largos preparativos y negociaciones diplomáticas dilatadas, pero efectuado buscando más efecto que resultados concretos. Ha podido reactivar lo que parecía, nuevamente, condenado al fracaso y a endurecer las sanciones, con la consabida vuelta a las acusaciones propagandísticas de parte y parte. Un breve respiro entre tanta pugna norteamericana con China, en lo comercial, o con Rusia, en lo estratégico, o con Irán que se agudiza. Todavía sin un ganador claro, Trump o Kim, ni menos superada en el corto plazo. China ya lo destacó, y a Rusia no le quedará otra que aceptarlo y apoyarlo, aunque no le entusiasme.

Por sobre la aparente poca trascendencia de estos gestos, definitivamente, resultan más alentadores que el continuar la confrontación, sin destino, ni resultados para los dos países, y tal vez sólo beneficioso para terceros, que siempre han intentado sacar provecho de ella. Lo hemos reiterado en comentarios anteriores, Kim no arriesga su poder ni su control, pues vive en otra realidad, por más que algunos busquen facciones o debilidades internas. Lo único que podría condicionarlo de verdad, es seguir aislado, sancionado y controlado internacionalmente en sus programas militares. Una población hambrienta, es lo que menos necesita.

Para Trump, por su parte, tampoco le es indiferente, ya que puede mostrar un alto pragmatismo negociador, aprovechable para una campaña eleccionaria hacia el 2020, que se augura sumamente dura, y donde los Demócratas procurarán, con todas las armas políticas a su mano, derrotarlo, haga lo que haga; pero al menos sin un conflicto evidente con Corea del Norte. Su vecino, Corea del Sur, el principal objetivo en una hipotética conflagración, así como Japón y otros países de la región, ciertamente podrán respirar más aliviados, sin temor a los misiles de Kim, que tantas veces los sobrevolaron, con los riesgos de un error, al no contar con la tecnología depurada y segura para estos ensayos.

Trump no tiene, en lo inmediato, un enemigo más en Corea del Norte, en la casi siempre confrontacional política exterior que ha venido practicando. Nada es seguro, ni se han resuelto las grandes divergencias y problemas que los mantienen alejados los últimos cincuenta años. Pero no empeora y se abren posibilidades de progresar en una situación tradicionalmente conflictiva.

No es posible pedir mucho más, por ahora, y dependerá de cómo se materializa en resultados este breve acceso hacia el suelo de su tradicional enemigo, ciertamente aceptado y acompañado por su máximo líder. En definitiva, un simple paso, y tal vez no más que eso, pero promisorio si se sabe aprovechar.

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