Progresiva destrucción de los liceos emblemáticos

La fuerte caída en la matrícula de los principales establecimientos de la comuna de Santiago es en buena medida fruto de la violencia desatada, la que irresponsablemente ha sido apoyada por algunos centros de apoderados.




En medio de los cuestionamientos e interrogantes por la sorpresiva decisión del gobierno de extender las vacaciones de invierno en los colegios, uno de los argumentos en contra de esta medida ha sido la necesidad de hacerse cargo de las brechas que se han exacerbado tras la extensa suspensión de clases debido a la pandemia. En ese sentido, se vienen a la mente principalmente los casos de establecimientos de educación especial, de escuelas rurales aisladas y con dificultades de conectividad o en general aquellas que atienden mayoritariamente a niños y adolescentes de mayor vulnerabilidad social.

Sin embargo, a los establecimientos que en los últimos años han experimentado un retroceso significativo, corresponde sumar también a un grupo quizás impensado: los liceos emblemáticos de la comuna de Santiago. Otrora insignias de la educación pública de calidad, destacando por su excelencia y por ser importante fuente de movilidad social para niños de todas las comunas de la región, hoy estos se encuentran atravesando por una grave crisis, sin que pueda culparse de ello a la pandemia. Así lo evidenció un reportaje de este medio, según el cual éstos reciben hoy el menor número de estudiantes desde el retorno a la democracia, en tanto que desde la llamada movilización “pingüina” de 2006 exhiben una pérdida de un tercio en su matrícula.

Las constantes paralizaciones y utilización de estos establecimientos como tribuna para luchas políticas e ideológicas han terminado por dañar gravemente lo educativo, ahuyentando a un número significativo de familias. Asimismo, la legitimación de la violencia ha dejado como víctimas a los estudiantes que llegaron buscando una educación pública de excelencia, pero que en el último tiempo han terminado por ver conculcado un derecho tan básico como es poder educarse en un ambiente propicio.

Así, resulta difícil negar que la violencia y la politización extrema han resultado ser una combinación en extremo perjudicial para estos liceos y sus estudiantes. Y por qué no decirlo, para la educación pública en general. Y, lo que es peor, lamentablemente dicha situación no parece que vaya a superarse en el corto plazo, pues días atrás este mismo medio dio cuenta del rol que algunos centros de apoderados están cumpliendo en avivar y eternizar los conflictos. A partir de ellos, señala el reportaje, han surgido liderazgos políticos, pugnas judiciales con las autoridades y conflictos de tinte ideológico que no parecen tener solución. Mientras haya agrupaciones de padres que no solo estén a favor, sino que directamente participen y promuevan las tomas y la violencia, o bien que utilicen a los estudiantes para sus objetivos políticos -como acusó la ex directora del Liceo Darío Salas-, tendremos que seguir viendo hundirse a la educación pública.

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