Se busca alcalde/sa para Valparaíso

Jorge Sharp representó el principal triunfo del Frente Amplio en las municipales de 2016, al lograr la alcaldía de Valparaíso con el 53,7% de los votos.



Valparaíso vive una de las peores crisis de su historia, y Jorge Sharp no solo fue incapaz de revertirla, sino que la agravó severamente. Lo primero que se derrumbó fue su promesa de renovar la política. Su “alcaldía ciudadana” terminó siendo la vieja bolsa de empleo para militantes y amigos que quisieron instalar en liceos y escuelas, como denunció Sylvia Eyzaguirre en este diario en abril de este año.

Pero los escándalos no pararon ahí. Hace un mes la Contraloría General de la República inició un juicio de cuentas contra la Corporación Municipal que preside Sharp, para recuperar 930 millones de pesos destinados a educar niños vulnerables que fueron “desviados” para otros fines. La situación es tan grave, que seis concejales del oficialismo y la oposición, presentaron una querella por malversación de caudales públicos y solicitaron la destitución del alcalde.

Además de estas prácticas, propias de la vieja política que hundió a Valparaíso, Jorge Sharp tuvo una gestión deplorable. No logró aprobar el nuevo plan regulador, desaprovechó los fondos de desarrollo regional, no ejecutó ninguna inversión relevante y deja un centro patrimonial más deteriorado que como lo recibió. La situación socioeconómica también es crítica, ya que los campamentos aumentaron un 37% en su período y se cerraron oficinas y locales comerciales, elevando el desempleo.

Es cierto que el alcalde la tenía difícil. La mochila que heredó era pesada, pero en vez de centrarse en soluciones, Sharp usó a Valparaíso para escalar a ligas mayores, lo que le quitó foco en la ciudad y lo expuso a conflictos permanentes. En apenas tres años el alcalde se peleó con el Pacto de la Matriz que lo llevó al municipio, con su partido, ocho de diez concejales, el Intendente, la prensa, empresarios y pequeños comerciantes que no le perdonan su actitud ambivalente con la violencia del estallido.

Por estas razones, veo difícil que Jorge Sharp siga al mando de Valparaíso. Incluso si no prospera su destitución, ha generado un clima de polarización que le impedirá liderar cualquier acuerdo para salir del pozo. Aunque el alcalde acuse conspiraciones políticas cada vez que se le crítica, los hechos están a la vista: basta caminar por el plan, o leer los informes de la Contraloría, para concluir que la ciudad requiere un cambio urgente.

Valparaíso necesita un alcalde o alcaldesa que se dedique por completo a su gente y no use el municipio como botín o trampolín político. Requiere una persona que hable menos y haga más, que condene el vandalismo, pueda formular proyectos y sea capaz de implementarlos sumando voluntades, en vez de conflictos y peleas. La tarea no es fácil pero la historia nunca lo ha sido con nuestro querido Pancho, que se juega en la próxima elección, mucho más que cuatro años de gestión municipal.

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