Política

Sebastián Hurtado, historiador: “Probablemente, a partir de ahora, el recurso a la fuerza de Estados Unidos, o la amenaza de su uso, será más frecuente en América Latina”

Académico de la USS y especialista en historia de Estados Unidos, Hurtado afirma que la operación norteamericana en Venezuela no es excepcional: "Estados Unidos ha intervenido históricamente en América Latina antes de Trump". Ahora, sin embargo, advierte la intención de desplegar una política exterior más vigorosa y frontal.

08-01-2026 Entrevista Sebastian Hurtado Historiador de la USS Foto: Gustavo Pineda GUSTAVOPINEDA

Las señales fueron ambivalentes. Al mismo tiempo que desplegaba un asedio naval y militar sin precedentes sobre Venezuela, el gobierno de Donald Trump se mostraba reacio a comprometerse en acciones militares en el extranjero. A ello se debe, en parte, la sorpresa de la comunidad internacional ante la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el sábado pasado, sostiene el académico Sebastián Hurtado, especialista en historia de Estados Unidos. Desde su punto de vista, la operación no fue una sorpresa absoluta, pero sí presentó elementos inéditos.

Estas acciones han formado parte del repertorio histórico de Estados Unidos: la posibilidad de intervenir militarmente en el Caribe o en América Central. Lo han hecho antes. Lo novedoso es que esta es la primera vez que ocurre en América del Sur.

Académico de la Universidad San Sebastián, Hurtado subraya que el escenario posterior al ataque a Venezuela está marcado por la incertidumbre. Por lo mismo, los análisis no pueden ser concluyentes.

En ese marco, distingue planos y perspectivas: con un lente de corto alcance, se observa que la administración de Donald Trump está enfrentando el caso venezolano de manera distinta a como lo hicieron Joe Biden y Barack Obama. Pero con un lente de mayor alcance pueden reconocerse antecedentes históricos, considerando que la dictadura venezolana ha sido catalogada como un adversario desde el punto de vista del interés nacional de Estados Unidos.

Y desde esta perspectiva, reconoce varios factores que explicarían el ataque:

El régimen de Maduro ha generado una situación de inestabilidad para buena parte del continente: ha producido una ola migratoria y ha favorecido ciertas prácticas criminales. No sabemos si ello ocurre exactamente en los términos que plantea el sistema de justicia norteamericano, pero es bastante claro que el gobierno de Maduro está coludido con grupos criminales en diversas partes del continente. Todo esto, además, al amparo de un discurso ideológico antagonista de Estados Unidos.

A ello se suman el fraude electoral, el fracaso de una salida negociada y otros elementos desde el punto de vista de la hegemonía y la seguridad nacional estadounidense: “La relación con potencias adversarias y extracontinentales, particularmente Rusia, China e Irán”, así como la presencia de agentes cubanos, añade el académico.

—Y ahí entra a tallar más directamente la doctrina Monroe. Esta sostenía que Estados Unidos no iba a permitir que potencias extracontinentales intervinieran, y mucho menos que recuperaran el poderío que alguna vez tuvieron en el continente americano. Donald Trump está asumiendo explícitamente —y eso es bastante novedoso— una postura interpretativa dura de esa doctrina. Habla de un “corolario Trump” y, luego, de manera más jocosa, de la “doctrina Donroe”.

Tras la invasión a Irak y Afganistán, recuerda Hurtado, Estados Unidos quiere “evitar a toda costa ese tipo de empresa militar y política, lo que en inglés se denomina nation building:operaciones costosas en recursos materiales, en vidas humanas y, además, ineficaces. El trauma de Vietnam aún pesa mucho en Estados Unidos".

¿Cuál es el precedente más próximo?

La intervención en Panamá, en 1989, respondió a un cálculo según el cual la operación debía ser relativamente inocua en términos de costos y conducir a un resultado plausible. Nadie quería a Noriega en Estados Unidos; el costo de invadir Panamá y sacarlo del poder era relativamente bajo, y el objetivo podía alcanzarse mediante una operación limitada. Hoy, el presidente terminó operando en ese sentido, aunque con su retórica bombástica y su estilo característico.

Trump ha hablado de obtener petróleo de Venezuela, de conducir los asuntos del país, pero sin señalar que el horizonte final sea una estabilización institucional o democrática.

En el escenario actual se abren dos posibilidades, dice: “Esta es una operación imperial colonial de Estados Unidos, que quiere apoderarse de Venezuela para explotar sus recursos naturales sin importar el régimen que gobierne. O esta es una operación con un diseño estratégico más o menos sofisticado, que entiende que un cambio de régimen solo se puede hacer por la fuerza, pero que esa fuerza puede limitarse si los miembros del régimen entienden que más les conviene a ellos ser los conductores de ese cambio. Esa parece ser la estrategia del secretario de Estado, Marcos Rubio”.

Sin embargo, el académico advierte:

—Hasta ahora Trump ha hablado de obtener petróleo de Venezuela, de conducir los asuntos del país, pero sin señalar que el horizonte final sea una estabilización institucional o democrática.

¿El objetivo inmediato era el petróleo?

Da la impresión de que sí, pero eso abre varias posibilidades. Trump está bastante obsesionado con bajar el precio del petróleo, y las empresas estadounidenses con las que ha tenido contacto no han favorecido esa postura, por razones evidentes. En ese sentido, una contribución repentina de petróleo venezolano sería funcional a ese objetivo.

Pero la industria petrolera venezolana requiere mucha inversión.

Sí. Para que Venezuela vuelva a producir en cantidades suficientemente significativas como para alterar el mercado mundial —e incluso el estadounidense— se requiere una inversión muy alta y tiempo. Es un trabajo de mediano o largo plazo. Por otra parte, también está sobre la mesa que una parte importante de la presencia extracontinental en Venezuela —Rusia, China y, en parte, Irán— estaba asociada a esa producción petrolera. Privar a esas potencias de ese recurso es una consideración estratégica. El petróleo no sería solo un fin económico, sino también una forma de limitar a los adversarios.

Si se cierra la llave del petróleo a Cuba, ¿el régimen podría caer?

El régimen cubano ha sobrevivido situaciones extremadamente críticas durante mucho tiempo. Siempre les digo a mis estudiantes que las fuerzas de seguridad son las que tienen el sartén por el mango. En Cuba —y también en Venezuela— las fuerzas de seguridad están con el régimen, porque este les garantiza su situación económica, pero también su seguridad frente a la incertidumbre de lo que podría venir después.

Pero de todos modos le va a afectar.

Sin duda. La caída del régimen es una posibilidad, entre otras cosas porque, a diferencia de otras épocas, la mística revolucionaria que funcionaba como pegamento social bajo el liderazgo carismático de Fidel Castro, o incluso de Raúl Castro, ya no existe. Ahora bien, hay que ser cuidadosos: si esto viene acompañado de otra acción estadounidense similar a la de Venezuela, puede tener efectos propios. En Cuba, aunque a nadie le gusta el régimen hoy, tampoco es evidente que la población esté dispuesta a que el cambio venga de la mano de Trump o de Estados Unidos.

El presidente de Colombia, Gustavo Petro REMITIDA / HANDOUT por PRESIDENCIA DE COLOMBIA PRESIDENCIA DE COLOMBIA

Trump habló de actuar también en Colombia y México. ¿Cuál es su plan maestro?

Mi impresión es que Trump habla muy fuerte y que, en algunos casos, a ese discurso le sigue una acción decisiva, como se vio en Venezuela y en Medio Oriente. En otros casos, en cambio, el hablar fuerte es un instrumento de negociación para obtener objetivos sin llegar al uso extremo de la fuerza. No parece realista pensar que Trump vaya a actuar militarmente en Colombia o México, entre otras razones porque no hay disposición en esas sociedades a aceptar una intervención y porque se trata de regímenes legítimos desde el punto de vista institucional y constitucional. Pero el mensaje es claro.

Petro y Claudia Sheinbaum, sin duda, han entendido que el escenario continental es distinto desde que llegó Trump, y más aún después de lo ocurrido con Maduro.

Uno de los temores que se despertaron es que Trump realice nuevas intervenciones en América Latina.

Estados Unidos ha intervenido históricamente en América Latina antes de Trump. El caso de Panamá es muy ilustrativo. La diferencia es que en esa época esas acciones venían envueltas en un lenguaje distinto: el fin de la Guerra Fría. El régimen de Noriega no se había enquistado en el Estado panameño como Maduro en Venezuela, y la catástrofe social tenía otra magnitud. Pero la lógica es similar, incluso la justificación del narcotráfico y el enjuiciamiento en Estados Unidos. Antes, Estados Unidos también intervino en Granada, en República Dominicana y, antes de la Segunda Guerra Mundial, en varios países centroamericanos.

Trump declaró que “este es nuestro hemisferio”. ¿Qué quiere decir eso?

Viniendo de Trump puede significar algo superficial, como una exigencia de respeto simbólico, por ejemplo, renombrar el Golfo de México como “Golfo de América”. O puede tener un sentido estratégico más profundo. La administración Trump, más allá de que él sea una figura larger than life, sigue siendo una administración: hay un equipo, un aparato de seguridad nacional y un aparato diplomático. Existe, dentro de una tradición republicana de política exterior, la percepción de que la penetración de potencias extranjeras en América Latina —en países como Venezuela, Nicaragua o Cuba, y en menor medida Bolivia o Argentina por otros medios— va en desmedro de la hegemonía estadounidense. Y que esto sería el resultado de la inacción de gobiernos anteriores, principalmente demócratas, aunque no exclusivamente.

Creo que eso es lo que está en juego: el despliegue de una política exterior vigorosa, de la cual, desde esa perspectiva, Estados Unidos no tendría por qué avergonzarse. En ese sentido, “este es nuestro hemisferio”, es técnica y espiritualmente bastante cercano a lo que la doctrina Monroe propuso desde 1823. El mundo de 2026 es distinto, por supuesto, pero el marco ideológico sigue ahí.

08-01-2026 Entrevista a Sebastián Hurtado, historiador de la USS Foto: Gustavo Pineda GUSTAVOPINEDA

¿En qué queda el derecho internacional?

Históricamente, Estados Unidos no se ha abstenido de actuar militarmente por una adhesión dogmática al derecho internacional, sino porque, en su evaluación del interés nacional, ha determinado que el medio adecuado en cada caso sea diplomático, militar, en coalición o unilateral.

El peor escenario

¿A qué riesgos se enfrenta Trump?

El escenario más negativo para Estados Unidos sería que, para sostener esta nueva realidad, fuese necesaria una invasión militar y la presencia de tropas estadounidenses en Venezuela. Porque una invasión, aunque cuente con apoyo de parte de la población venezolana, también generaría oposición: eso es una guerra. Ese sería el peor escenario, ya que contradice lo que Trump prometió y lo que muchos de sus adherentes creen. Además, provocaría un problema continental más amplio, porque abre la posibilidad de un control imperial colonial, que no sería bienvenido en América Latina.

Agrega:

—Si Trump pretende apropiarse del petróleo y utilizar esos recursos, se le abre un flanco importante, porque la Constitución es clara: el Ejecutivo solo puede gastar lo que aprueba el Congreso. Eso no es interpretable y podría ser un punto en el que incluso su propia coalición no lo apoye incondicionalmente.

Otro riesgo, más especulativo pero concebible, es que el triunfalismo tras el éxito de la operación lleve a pensar: “Podemos hacer esto con Ortega”, “podemos hacer esto con Díaz-Canel”, o algo similar. No lo creo, pero no es descartable. Trump está orgulloso de la operación.

¿Es el regreso de la ley del más fuerte?

Eso, en rigor, siempre ha ocurrido. No ha sido distinto en el mundo posterior a la Guerra Fría ni en el mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Las potencias más fuertes se han comportado de acuerdo con su percepción del interés nacional en el largo plazo, pero también en función de las contingencias del momento. Hasta ahora no había aparecido un desafío al interés estadounidense en América Latina de la magnitud que representa Venezuela. Se puede sostener que la interpretación estadounidense es extrema. Pero nadie puede negar que Venezuela es un adversario de Estados Unidos, que existe penetración de otros adversarios en ese régimen y que, por lo mismo, la respuesta debía ser decidida en algún nivel.

¿Estados Unidos se va a convertir en el comisario de la región?

Probablemente, a partir de ahora, el recurso a la fuerza de Estados Unidos, o la amenaza de su uso, será más frecuente en América Latina. Cuánto efecto tendrá eso en una transformación efectiva está por verse. Si de esto resultara, por ejemplo, la caída del régimen cubano y una transición, se transmitiría el mensaje de que este tipo de acciones produce efectos. Pero esto es la continuación de una historia larga, con antecedentes no tan lejanos. No lo veo como un cambio conceptual del tipo que algunos sugieren.

¿Qué pasa si se mantiene la dictadura en Venezuela?

Si Venezuela se convirtiera de facto en algo así como una colonia de Estados Unidos, donde lo único que importara fuera el interés económico estadounidense, sin cambio de régimen ni beneficios para la sociedad venezolana, entonces sí estaríamos ante otro escenario. En ese caso, Estados Unidos estaría actuando como lo hace Rusia, como actúa Vladimir Putin, como eventualmente podría actuar China en Taiwán, o como actuó en su momento en el Tíbet. Eso sería distinto, porque Estados Unidos no ha actuado históricamente de ese modo: su recurso a la fuerza, aunque vigoroso y brutal en algunos casos, en el balance general ha tendido a promover cierto tipo de sistema institucional.

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