El giro que espera lograr la nueva norma de intervención de inmuebles patrimoniales

Patrimonio, freirina, iglesia, Francisca Jiménez

El documento entrega claridad sobre cómo se debe recuperar este tipo de construcciones, ya que antes no existía un marco definido. Esto generaba un desincentivo para que se repararan estas obras, por cuanto se les cambiaba completamente su estructura y/o existían trabas para el financiar este tipo de proyectos.




Establecer criterios para intervenir, analizar y mejorar su respuesta ante los sismos de los edificios patrimoniales es parte del paso que dio la Subsecretaría del Patrimonio, el Consejo de Monumento y el Instituto de la Construcción, tras presentar la nueva norma enfocada en construcciones de reconocida importancia histórica.

Desde el gobierno explican que la tarea del nuevo documento es dar pie a que se puedan analizar e intervenir de forma clara y detallada diversos edificios patrimoniales. Esto, para rehabilitar su infraestructura y así resguardar la integridad de este tipo de inmuebles junto con la seguridad de sus visitantes.

Los autores de la iniciativa explican que el interés por mejorar las construcciones patrimoniales era bajo o se les intervenía mucho su estructura original. “Era una nebulosa saber cómo tratar responsablemente estos inmuebles y hacía que simplemente no hubiera profesionales disponibles para hacerse cargo de este tema, porque no había ningún respaldo sobre cómo debían actuar. Pero esta norma les da seguridad a ellos”, dice el presidente del comité de la norma de construcción patrimonial del Instituto de la Construcción, Sergio Contreras.

Por otro lado, con esta norma las aseguradoras y bancos tienen un mayor respaldo para entregar protección o financiamiento para estas obras, dado que hoy existe una norma que establece las condiciones con que se debe intervenir el diseño estructural de los edificios patrimoniales para repararlas, rehabilitarlas o resguardarlas. Antes, la única garantía que tenían estas entidades para otorgar recursos era el valor del suelo en donde se encontraba el inmueble, lo que generaba que no se dieran recursos suficientes para llevar a cabo el proyecto, según explican los autores de la norma.

Pero quienes participaron en dicho trabajo, dicen que no fue fácil redactar el documento, ya que estas construcciones no solo enfrentan el problema del paso del tiempo, sino que el de los temblores y terremotos, que cada cierto tiempo afectan al país. Así que la norma involucró la evaluación de su estado tras los movimientos telúricos y cómo responderán a otros.

Por otro lado, el seguimiento del comportamiento de cada material también significó un largo proceso que comenzó por el 2011 y culminó este año con la publicación de la norma. Antes solo existían pasos para intervenir adobe -tras un debate que pasó de que no se podía hacer nada a dar opciones- para recuperar los inmuebles construidos con dicho componente que se vieron afectados por el terremoto del 2010. Ahora se suma la albañilería, madera, hierro, acero y hormigón.

En esa línea, el subsecretario de patrimonio cultural y presidente del Consejo de Monumentos, Emilio De la Cerda, apunta que la nueva norma ha “cambiado completamente el paradigma de la normativa sismorresistente en Chile al incorporar todo el stock patrimonial construido y ahora se dan muchas posibilidades para recuperar eficientemente ese patrimonio”.

Según datos recopilados por la Subsecretaría de Patrimonio Cultural, en Chile existen 1.078 monumentos históricos (inmuebles). 3.717 inmuebles de conservación histórica, 146 zonas típicas y 208 zonas de conservación histórica (ver infografía). Dentro de este grupo de construcciones que hoy se verían favorecidas por la norma, van desde las iglesias de madera características de Chiloé hasta el Palacio de La Moneda. Mientras que la zona del país en donde más se concentran este tipo de inmuebles son la Región Metropolitana, seguida de la de Valparaíso y la del Biobío.

Mirada a la norma

El académico de la escuela de Arquitectura UC y experto en patrimonio, Dino Bozzi, dice que la norma es algo que esperaban hace mucho tiempo quienes trabajan en esta área. “Apunta a respetar criterios que permiten cuidar una expresión original del edificio y explica que hay materiales que se entienden mejor con otros”, dice.

Además, Bozzi sostiene que este trabajo da pie a estudiar de forma acabada la historia de los edificios y cómo han respondido sus estructuras al paso del tiempo y de los sismos. Otras de las ventajas que destaca es que los cambios que se hagan en las estructuras deben ser reversibles, según dicta el documento.

La norma ya fue publicada por el Instituto Nacional de Normalización y en el trabajo de su elaboración también participó el Ministerio de las Culturas y el aporte técnico de diversos profesionales desde la cartera de Obras Públicas y universidades, entre otros.

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