Por David NogalesLa IA avanza más rápido que sus resultados: estudio detecta aumento de la adopción y caída del retorno
Las empresas duplicaron en tres meses la adopción de la inteligencia artificial, pero el retorno financiero comprobado cayó 7%, según KPMG.

La adopción de inteligencia artificial en las empresas se duplicó en solo tres meses, pero el retorno financiero comprobado no logró seguir ese ritmo. Así lo revela el segundo Global AI Pulse de KPMG, un estudio que recoge la mirada de 2.145 líderes senior en 20 países y que fue publicado el 2 de julio.
De acuerdo al reporte de la auditora, la proporción de empresas en fase de adopción activa aumentó de 13% a 22% respecto de la primera medición del estudio, correspondiente al primer trimestre de 2026.
En el mismo periodo, las empresas que declaran haber alcanzado un retorno comprobado bajaron levemente de 8% a 7%, lo cual supone que el escalamiento de la tecnología y al demostración de su valor financiero avanzan a velocidades distintas.
La confianza empresarial, en tanto, sí registra un salto. El 76% de los líderes consultados asegura que la IA ya está entregando valor de negocio significativo, doce puntos más que en la primera medición, y el 79% mantendría la inversión en IA incluso ante una recesión.

“En marzo veíamos a las empresas tomando impulso para escalar la IA. Tres meses después, ese impulso se tradujo en una adopción mucho más masiva, pero el retorno comprobado se mantuvo casi plano. Eso nos dice que el cuello de botella ya no está en decidir si se invierte en IA, sino en la estructura interna que permite traducir esa inversión en resultados financieros concretos”, sostiene Diego Balestra, socio líder de Consultoría de KPMG Chile.
La responsabilidad, el punto ciego
El estudio identifica un desajuste entre patrocinio ejecutivo y responsabilidad operativa. El 75% de los encuestados declara que su CEO lidera activamente la agenda de la IA y la considera una prioridad estratégica, pero solo 24% identifica al CEO o al comité ejecutivo como responsable último de las decisiones basadas en IA. El resto reparte esa responsabilidad entre distintos ejecutivos, comités o equipos.
Esa diferencia tiene un correlato directo en los resultados. Las organizaciones con responsabilidad claramente definida reportan retorno comprobado a una tasa tres veces mayor que aquellas donde esa responsabilidad no está clara, según KPMG.
“Las compañías que están logrando resultados consistentes son las que entendieron que la propiedad ejecutiva y la responsabilidad operativa son cosas distintas. Definir quién puede intervenir sobre un resultado de IA, quién revisa la calidad de los datos y quién administra el costo del sistema es hoy tan relevante como la inversión inicial en la tecnología”, agregó Balestra.
El costo entra a la agenda ejecutiva
El acceso a modelos de menor costo es el factor que más creció entre las variables que influyen en la estrategia de IA de las empresas, con un alza de 7 puntos en el trimestre.
El 49% de las organizaciones ha replanteado, retrasado o reducido el despliegue de agentes de IA cuando el costo esperado terminó superando el valor generado.
Pese a esto, la visibilidad sobre esos costos sigue siendo baja: solo el 35% de las empresas tiene visibilidad total y monitoreo activo de sus gastos en IA, mientras el resto opera con información parcial, tardía o fragmentada.
El impacto es significativo, ya que las organizaciones con control completo sobre sus costos de IA tienen cinco veces más probabilidades de reportar retorno comprobado que aquellas que no lo tienen, precisa el estudio.
El factor humano
Según el reporte de KPMG, escalar la IA también implica cambios profundos en cómo trabajan las personas.
El 78% de los líderes espera que la fluidez en el uso de IA se vuelva más relevante y que los roles de quienes no desarrollen esas capacidades cambien. El 71% dice estar avanzando bien hacia una fuerza laboral plenamente integrada entre humanos e IA, 11 puntos por encima del trimestre anterior.
El reporte concluye que las organizaciones con mejores resultados comparten tres capacidades, más allá de su nivel de inversión en IA: definen con claridad quién es responsable de cada resultado, dan visibilidad completa a los costos de operar la tecnología y priorizan la inversión en las capacidades que sostienen valor de largo plazo por sobre casos de uso aislados.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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