Las 10 claves del programa económico de Jair Bolsonaro

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El foco del programa económico del candidato de derecha está en retomar el crecimiento. El desafío es mayor considerando dos años de recesión y la abultada deuda pública que se arrastra. Apertura, simplificación y reducción de gastos son términos que se repiten entre las ideas que defiende la candidatura. Y el mandato del programa es claro: “Necesitamos lograr un superávit primario ya en 2020”.


En dos semanas más, Brasil tendrá nuevo presidente, y a la luz de los resultados de la primera vuelta y de las encuestas que ya circulan para el balotaje, el candidato de derecha, Jair Bolsonaro, se alza como la figura que liderará el destino de la tambaleante economía brasileña.

Todo un desafío para un candidato que abiertamente reconoce que no es un tema que maneje. Pero para suplir su falta de conocimiento, eligió al economista Paulo Guedes para lograr el balance.

Guedes, que estudió en la Universidad de Chicago y fue fundador de Pactual (hoy BTG Pactual), será el próximo ministro de Hacienda.

Desde esa posición, Guedes deberá mejorar la situación fiscal, revertir la creciente deuda pública que llega al 77% del PIB, retomar el crecimiento y empujar reformas estructurales en temas tributarios y de pensiones.

El foco, de acuerdo a lo que se lee en el programa, es claro: “Necesitamos lograr un superávit primario ya en 2020” y “nuestra estrategia será adoptar las mismas acciones que funcionan en los países con crecimiento, empleo, baja inflación y oportunidades para todos”.

Las ideas que plantea la candidatura de Bolsonaro han sido vistas con buenos ojos por el mercado y los inversionistas. “Los puntos del programa apuntan en la dirección correcta”, aseguran consultados.

Sin embargo, más allá de la intención que se tenga, explican que el camino no será del todo fácil considerando el escenario actual. “La economía brasileña se ha recuperado de la recesión del 2015-2016, pero aún permanece frágil.

El principal punto débil sigue siendo la situación fiscal. El permanente déficit ha abultado el nivel de deuda pública, llevándolo a niveles delicados”, explica Axel Christensen, director de Estrategia e Inversión de Blackrock.

Aunque el programa de gobierno delinea las principales áreas en las que trabajarán, analistas y expertos aseguran que urge que se entreguen detalles de cómo materializará las propuestas.

Pero, además, que se definan luego para llegar con las propuestas definidas y capitalizar el apoyo que tendrá el candidato tras las elecciones. “Es importante que las reformas sean bien hechas y al comienzo. Paulo Guedes entiende de eso”, explica Gianni Casanova, socio en

Landmark y quien maneja el negocio de la compañía en Brasil.

Administración: la necesidad de mayor eficiencia y control de gastos

Desde la visión del equipo de Jair Bolsonaro, la administración pública ha crecido de forma desproporcionada a través de la multiplicación de cargos, beneficios y transferencias.

Como resultado, hoy se tiene un sector público “ineficiente”, aseguran. “Podemos hacer más con mucho menos”, se lee respecto de la idea de recortar privilegios y reducir a la mitad los 29 ministerios que hoy funcionan en el país.

Como medidas para el control de gastos, el programa del candidato establece que controlarán la nómina de sueldos y recortarán gastos a fin de ajustar las cuentas públicas.

“Brasil tiene una deuda de R$ 4 mil millones y paga R$ 400 mil millones en intereses”, aseguró Paulo Guedes hace unas semanas. A eso suma otro dato y hace referencia al Plan Marshall post Segunda Guerra Mundial: “Brasil reconstruye una Europa al año solo en pago de intereses y sin amortización de deuda”.

La fórmula que plantea el programa hace referencia a reducir en 20% el volumen de la deuda por medio de privatizaciones y venta de activos inmobiliarios y la reducción del costo de la deuda a través de la recuperación del grado de inversión y de la estabilidad monetaria.

Reforma previsional: la iniciativa que tiene a todos los sectores expectantes

En Brasil, el sistema previsional es de reparto y son las compañías las que gestionan los ahorros de sus trabajadores.

Por otra parte, aunque la edad de jubilación es para los hombres a los 65 años y para los mujeres a los 60 años, la mayoría accede antes de eso a su pensión. Un hombre, por ejemplo, puede retirarse si ya logró cotizar durante 35 años. Es decir, podrían hacerlo 10 años antes del tope establecido.

El envejecimiento de la población ha complicado las cosas y hasta ahora no ha habido voluntad para hacer una reforma real al sistema. El saliente Presidente Temer hizo su esfuerzo, pero no logró el cambio debido a las fuertes presiones, especialmente de los sindicatos.

Ahora la dupla Bolsonaro-Guedes propone la instauración de un modelo de capitalización que se introduciría de forma paulatina y con la opción de elegir entre el antiguo y el nuevo sistema para quienes ya cotizan. “Obviamente, la transición de un régimen a otro genera un problema de insuficiencia de recursos en la medida en que los jubilados dejan de contar con la contribución de los aportantes por la capitalización”, se lee en el programa, pero se explica que se creará un fondo para asegurar esas pensiones y que el cambio será gradual.

Además, esta semana el candidato Bolsonaro comentó estar abierto a bajar la edad de jubilación, pero de forma progresiva.

Aunque aún no hay claridad respecto de la fórmula exacta que se usará, en el mercado comentan que es probable que antes de pensar en un cambio radical sea necesario reformar el sistema que actualmente se utiliza. Esto, porque esta será una pelea fuerte y de largo aliento, en la que “se pondrán a prueba las habilidades políticas de la nueva administración”.

Los cambios que traería la necesaria reforma tributaria: la simplificación será clave

Radical es el cambio que propone el programa de Jair Bolsonaro en términos tributarios. La reforma plantea una unificación de tributos y una simplificación del sistema.

Esto es aplaudido por el mercado, que reconoce que lo que existe es un sistema “complejo”. Es más, según cuentan expertos, las corporaciones que funcionan en Brasil destinan 1.958 horas al año para cumplir con sus obligaciones tributarias. La cifra es seis veces el promedio del resto de los países de América Latina. A esto se suma el que dentro del mismo país conviven diferentes tributos por regiones y sectores. Lo que complica aún más las cosas.

Entre las propuestas del candidato está, por ejemplo, la unificación de cinco impuestos específicos por uno que grabará los bienes y servicios. Además, el impuesto a la renta a las personas bajaría del 27,5% actual para el tramo más alto a un 20%, pero a las personas jurídicas aumentaría de 17,5% a 20%.

En el caso de las empresas, la iniciativa plantea bajar los impuestos del 34% actual a un 15%. La baja de la recaudación que eso implicaría se compensaría con la implementación de un impuesto de 20% a los dividendos que hoy están exentos.

La máxima del plan es clara: “Mejorar la carga tributaria para que los que pagan mucho paguen menos” y “unificar los tributos federales eliminando distorsiones”.

Política fiscal: lograr estabilidad monetaria y darle independencia al Banco Central

De acuerdo al programa del candidato Bolsonaro, la idea de la nueva administración sería mantener el “trípode” macroeconómico vigente: cambio flexible, meta de inflación y meta fiscal.

Además, aseguran que avanzan en la presentación de una propuesta dirigida a que el Banco Central sea un organismo autónomo. Es que a diferencia de lo que ocurre en Chile o en México, en Brasil la entidad cuenta con “autonomía administrativa”, pero no independencia.

La propuesta incluye el que el directorio de la entidad tenga “mandatos fijos, metas de inflación y métricas claras de actuación”.

Además, planean mejorar la flexibilidad cambiaria e introducir más ortodoxia fiscal que ordene las cuentas.

Empresas estatales: privatización para sanear las cuentas

Actualmente, Brasil tiene 147 empresas estatales y según se detalla en el programa, 18 de ellas dependen de subvenciones del gobierno para su funcionamiento.

Es más, de acuerdo a datos oficiales, entre 2012 y 2016 el gobierno desembolsó R$ 122 mil millones en las compañías y el retorno que obtuvo llegó a apenas un 73% del gasto en el que se incurrió.

La propuesta de Bolsonaro habla de privatizar compañías para hacer frente a la deuda que se calcula en US$ 1 billón.

Aunque hasta ahora no se ha precisado qué empresas podrían entrar en este proceso, mucho se habla del Banco do Brasil y de Petrobras. Sin embargo, hay quienes aseguran que es necesario “sanear” esas empresas para lograr buenos precios si se concreta un proceso de venta.

Aunque inicialmente todas las empresas entrarían potencialmente en el proceso que ya intentó hacer el saliente

Presidente Temer, lo cierto es que esta semana Bolsonaro le sacó el pie al acelerador y anunció, por ejemplo, que sería un proceso paulatino y que no tocaría el sector de generación de energía. Y agregó que algunas compañías “estratégicas” no entrarían en este proceso. Ahí podría estar Petrobras, aseguran expertos.

La intención de la propuesta del candidato de derecha en este sentido está orientada a aumentar la competencia entre las empresas. “Al final, si hay más empresas compitiendo en el mercado la situación de los consumidores mejora porque pasa a tener acceso a más opciones, de mejor calidad y a un mejor precio”, aseguran.

Programas sociales: establecer una “renta mínima” para las familias brasileñas

Desde 2003 que en Brasil existe un programa de beneficios sociales que se denomina Bolsa Familia.

A través de él, las familias en situación de extrema pobreza reciben mensualmente un cheque que se traduce en un beneficio monetario para aquellos que tienen una renta per cápita de entre US$ 27 y US$ 53. Eso en el caso de que en la casa vivan niños de hasta 17 años. Cuando no hay niños, la renta per cápita debe ser de US$ 27.

Expertos estiman que una familia brasileña al mes podría recibir R$ 500 (unos US$ 130) a través de este beneficio.

El programa es muy popular en Brasil. Y aunque Bolsonaro pretende modernizarlo y mejorarlo, lo cierto es que no ha entrado al detalle de cómo lo hará.

Eso, aunque en el mercado comentan que la idea iría por el lado de que los beneficiarios del programa continúen recibiendo el 75% de su cheque mensual si encuentran trabajo en vez de que se les cancele el beneficio. “De esta forma se estimularía la búsqueda de empleo y se reduciría la dependencia total al programa”, explican.

Lo que sí está definido en el plan económico de Bolsonaro es la creación de una “renta mínima” para las familias brasileñas. “Vamos a dejar claro: nuestra meta es garantizar a cada brasileño una renta igual o superior a lo que actualmente se paga por Bolsa Familia”.

Además, hay propuestas que buscan establecer la universalidad del acceso a guarderías para niños de hasta tres años.

Mercado abierto: la urgencia de entrar a un proceso de apertura comercial

Si bien la brasileña es una economía importante a nivel mundial, la apertura a los mercados externos es limitada.

Para la dupla Bolsonaro-Guedes, en este tema está “una de las maneras más efectivas de promover el crecimiento económico de largo plazo”. Agregan que la evidencia los respalda: “Los países más abiertos son también los más ricos”.

Y no están equivocados. El propio Banco Mundial ha asegurado que una mayor apertura a los mercados podría sacar a seis millones de brasileños de la pobreza.

Es más, de acuerdo a cifras de esa entidad, con cambios, Brasil está en condiciones de hacer crecer al 7% sus exportaciones y 6,6% sus importaciones, aumentar el PIB en cerca de un 1% y crear más de 400 mil nuevos empleos.

La propuesta del programa incluye una reducción de las alícuotas de importación y de las barreras no arancelarias, y trabajar en la constitución de nuevos acuerdos comerciales con diferentes socios comerciales.

La fórmula para aumentar la productividad: modernizar las estructuras

La crisis económica y política ha complicado a Brasil en los últimos años y ha incidido en la productividad de su economía. Básicamente, según el programa de gobierno, las nuevas tecnologías y los cambios que ha sufrido la sociedad “demandan una profunda transformación”.

Con esto en mente, la propuesta va por el lado de tomar medidas que “aceleren la modernización de la estructura productiva”.

Los dardos en este sentido apuntan al fortalecimiento del mercado de capitales, ampliar las calificaciones y la capacitación de los trabajadores para las demandas de la nueva economía, establecer apoyos a start-ups de “alto potencial” y entregar estímulos para la innovación por medio de políticas por el “lado de la oferta”, como la depreciación acelerada y la apertura comercial.

A la luz de los datos, la necesidad de cambios es total. Expertos aseguran que si Brasil mantiene su productividad tendrá un crecimiento de un 1,8% anual, pero si mejora y establece políticas en este sentido podría lograr crecer a una tasa de 4,4% anual.

Dentro del programa, un apartado especial se le da a la necesidad de nuevos aires a la actividad agrícola. Para aumentar la productividad de este sector en específico, se plantea la creación de una estructura federal que reúna todas las áreas de la actividad productiva y que vele por los intereses del país en esta área. Hoy, el devenir de este sector está en manos de diferentes ministerios y reparticiones, lo que complica un plan global e integral, dicen.

El plan es que esa nueva entidad tenga atribuciones en temas de política y economía agrícola, recursos naturales, defensa agropecuaria, pesca, desarrollo rural sustentable e innovación tecnológica para el sector. Además, se plantea crear una serie de indicadores que permitan identificar y monitorear de cerca la evolución del sector para apuntalar desde el Estado las áreas donde haya más necesidades.

Creación de empresas: bajar plazos y crear una ventanilla única

Los resultados de la última entrega del informe Doing Business que mide y compara el ambiente para hacer negocios en 190 países fue lapidario con Brasil. De acuerdo al estudio de este año, están en el puesto 125, mientras que Chile, por ejemplo, está en la posición 55.

En este sentido, el programa de gobierno de Bolsonaro pone un foco importante en el tiempo que toma la apertura o cierre de una empresa.

De acuerdo a cifras del Banco Mundial, abrir una empresa en Brasil demora al menos 80 días. Y aunque la cifra ha ido bajando -en 2013 eran 87 días-, la idea de Bolsonaro es que este proceso dure como máximo 30 días.

Y va más allá: de cumplirse el plazo y no tener respuesta, automáticamente la empresa quedaría autorizada para comenzar a operar o, en su defecto, para cancelar su operación si es que lo que se busca es el fin de la operación.

Para lograr la meta, la propuesta del candidato de derecha va por el lado de establecer una ventanilla única que simplifique el proceso.

Infraestructura: mejorar para salir de la lista de los países con peores índices

“Desburocratizar, simplificar, privatizar y pensar de forma estratégica e integrada” es la máxima en temas de infraestructura para Bolsonaro.

El plan es bajar el riesgo regulatorio para que Brasil pueda atraer grandes inversiones en este sentido. Y, de paso, se generen empleos y se logren bajar los costos de esos servicios para los usuarios.

De acuerdo a fuentes de mercado, el sector lleva años muy disminuido. Es más, cuentan que las inversiones en Brasil han bajado a 16% del PIB desde mediados del año pasado y que las inversiones federales están en su mínimo histórico.

Es más, aseguran que el país se beneficiaría significativamente de la atracción de capitales privados para inversiones en infraestructura, porque muchos proyectos, como puertos, aeropuertos y carreteras, han sido pospuestos en los últimos años.

Si se desmenuza por sectores, en términos portuarios, por ejemplo, el diagnóstico es claro. El plan plantea la necesidad de mejorar la eficiencia de los 37 puertos que tiene el país por los que anualmente mueven unos 800 millones de toneladas de carga.

Además, se pretende lograr una reducción de costos y de los plazos de embarque y desembarque de carga. “Nuestro objetivo es llegar al final de nuestro gobierno a parámetros similares a los de Corea del Sur, Japón o Taiwán”, se asegura en el programa.

En el caso de los aeropuertos, aseguran que es necesario atraer inversión para expandir y modernizar los terminales por donde, en 2017, pasaron casi 99 millones de pasajeros.

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