“No se concentra”; “no hace las tareas”; “no quiere conectarse”: Dos de cada tres padres dicen que sus hijos aprendieron menos o mucho menos con las clases online

Foto: Agencia Uno

Nuevo reporte de estudio Vida en Pandemia, de la U. de Chile, revela que apoderados evalúan negativamente el aprendizaje bajo esa modalidad. Sin embargo, un 64% considera positivo el soporte emocional entregado por las y los docentes en estos meses.




La solución temporal en educación a una crisis sanitaria desconocida en 2020, finalmente se volvió la normalidad hasta hoy. El cierre de las escuelas en el mundo y en Chile producto de la pandemia es inédito. Como también la respuesta a la imposibilidad de presencialidad: clases on line.

Pero las clases en línea no son iguales para todos los niños y niñas. Tampoco la apreciación de padres, madres y cuidadores sobre la modalidad. ¿El aprendizaje a distancia de 2020 se compara con el presencial del año anterior? Ante esa pregunta un 68% responde que sus hijos han aprendido menos o mucho menos, y el 32% asegura que no varió el aprendizaje o ha sido más o mucho más.

Así lo indica la Encuesta Segunda Ola: La Educación en la Cotidianidad de la Vida de las Niñas y los Niños de Primer Ciclo en el Primer año de Pandemia de la investigación “Vida en Pandemia”, estudio longitudinal e interdisciplinario de la U. de Chile, que en un nuevo reporte revela cómo niños y niñas han vivido este sustancial cambio en el modo de aprender y asistir a clases.

La encuesta, que se realizó on line entre el 26 noviembre y el 12 de diciembre de 2020 a 2.019 personas, indica que en general, la evaluación en el deterioro de aprendizaje presenta diferencias según la edad de padres, madres o cuidadores, y también del género: A mayor edad de las madres o cuidadoras, menor deterioro se reporta, y en el caso de los hombres, esto sucede a en sentido inverso; esto es, a menor edad.

Esa evaluación también varía según el sistema educacional. Hay un juicio más crítico en apoderados de escuelas particulares pagadas, donde el 72% afirma que han aprendido menos o mucho menos, lo que en los de escuelas particulares subvencionadas es menor (67%) y lo mismo ocurre en estatales (64%).

El estudio revela en detalle cómo niños y niñas han vivido este sustancial cambio en el modo de aprender y asistir a clases. Foto: REUTERS.

Al consultar por el soporte emocional dado por los establecimientos, un 64% afirma que los docentes han asumido esa función (66% lo reportan las mujeres y 62% los hombres, y los niños y niñas en igual medida). Un punto en el también hay diferencias: ha sido significativamente más lograda en las escuelas de mayores ingresos, y reportada con una mayor frecuencia por los hombres de las escuelas pagadas (77%).

Para los padres y madres, el colegio se ajustó muy bien las exigencias de la nueva situación, señala Irma Palma, de la Facultad de Ciencias Sociales de la U. de Chile e investigadora responsable del estudio, y en especial destacan el soporte emocional docente. “Los profesores y profesoras que tienen un vínculo emocional con los estudiantes acá tuvieron que ejercer un soporte emocional mayor, pasar del vinculo a eso”.

Un aspecto menos logrado, aclara Palma, fue el aprendizaje. El conocer sobre cuánto se aprendió en el primer año con la modalidad es una pregunta crítica para el sistema. La respuesta de madres, padres y cuidadores, si bien no es un juicio experto, “es muy próximo e interesado de alguien que quiere que su hijo o hija aprenda, que está desde un lugar inédito, nunca un agente educativo había observado con la intensidad actual esta situación”, recalca.

Mirada más crítica

La mirada más crítica de apoderados de educación privada es para Palma algo que se entiende porque si los estudiantes de educación privada pagan por una mejor educación, las madres y padres están más atentos a la calidad de la misma. “En los estudiantes más pobres se podría pensar que la percepción sería aún más crítica, pero no lo fue”, dice.

En la educación privada hay dos factores, explica Palma, por una parte un usuario que exige por un servicio, pero a la vez, “está en el marco de una educación de calidad y que eso baje es una preocupación, uno concluiría que el sistema privado a su manera tampoco pudo asegurar la calidad respecto al juicio de los padres”

Para Fabián Duarte, del Núcleo Milenio en Desarrollo Social, de la Facultad de Economía y Negocios de la U. de Chile, investigador responsable del estudio, la apreciación en padres de colegios particulares es más severa debido a que “hay un sesgo del consumidor con una exigencia más alta cuando paga por un servicio”.

Nadie estaba preparado para una pandemia. Tampoco la educación. Pero la respuesta de las escuelas a la emergencia ya lleva un tiempo. Para una elevada proporción (84%) los establecimientos han hecho ajustes en el grado y el tipo de exigencias académicas, y en esto, los hombres y las mujeres coinciden (83% y 84%, respectivamente).

Los sentimientos de padres, madres y apoderados sobre cómo el colegio ha actuado, dice Duarte, reflejan un reconocimiento a permitir que niños y niñas puedan tener una mejor educación al ser menos exigentes. A la vez sienten en un alto porcentaje (64%) que en los profesores han sentido un soporte, “y eso positivo”, aclara. Sin embargo, el alto porcentaje que considera no han aprendido nada o mucho menos, habla de que ese formato permite ciertas interacciones, pero no todas. En términos de aprendizaje las cosas no están funcionando, añade. “Sería interesante ver qué parte de la transmisión del conocimiento funciona y cuáles no”.

Para una elevada proporción (84%) los establecimientos han hecho un ajuste en el grado y el tipo de exigencias académicas, y en esto, los hombres y las mujeres coinciden (83% y 84%, respectivamente). Foto: Agencia Uno

El desencanto con la escuela en casa

Sobre si cuentan con espacio para estudiar y para las clases on line, el reporte no lo analizó como hacinamiento ni la calidad de la vivienda, sino como “el arreglo del uso del espacio común en las casas en la excepcionalidad del cierre de las escuelas, espacio ya desigual entre los/as estudiantes antes de la crisis”. Así, en las escuelas pagadas, el 92% tiene espacio, en las subvencionadas 82% y en las estatales 81%.

Si disponen de dispositivo computacional individual, el estudio dice que en las escuelas privadas, en general, no hay estudiantes sin un computador en casa (solo 2% no poseen una) cifra que a 15% y 9%, respectivamente en las escuelas subvencionadas y estatales respectivamnete, donde además, el 22% comparte el computador con otros hermanos estudiantes, algo que ocurre sólo 10% en las pagadas.

En las escuelas municipales, 43% de los estudiantes dispone de un tablet individual o compartido, y 75% en las pagadas.

Palma resalta cómo familias de sectores de más bajos ingresos han podido sostener la educación a distancia a pesar de tener menos acceso a tecnología y trabajar más fuera del hogar. “A mí me hace mucho sentido el saber cómo en un contexto de enorme desigualdad se las han arreglado para gestionar la educación en casa, eso hay que investigarlo en profundidad”, indica.

Una niña, junto a su madre, intenta conectarse a las clases online en el único rincón de su casa donde le llega señal, en la zona rural de Colliguay. Foto: Agencia Uno

El estudio determinó además, que el 49% de estudiantes permanece en comunicación con sus compañeros y compañeras. Encontraron una diferencia de género significativa en esa observación adulta: 43% de las mujeres y 56% de los hombres entrevistados lo reportan.

Una comunicación que también presenta diferencias según el establecimiento. Mientras el 67% de los alumnos de particulares pagado se mantiene comunicado con compañeros, esta proporción baja a 48% en los particulares subvencionados y a 34% de los municipales.

Sin embargo, las vicisitudes y el malestar de los niños y niñas bajo esta modalidad es elevado. “El malestar con el estudio, y con las tareas es alto. Las dificultades de los niños no son tanto en el plano de la vida familiar, pero respecto a la educación es muy fuerte lo que les ocurre como experiencia subjetiva, eso es duro”, dice Palma.

El 68% de las y los estudiantes experimenta alguna dificultad con estudiar a distancia, según reportan los padres, madres y cuidadores entrevistados.

El reporte exploró un conjunto de potenciales dificultades: “Tiene dificultades para concentrarse”; “No quiere hacer las tareas”; “Esta desmotivado/a”; “No quiere conectarse a las clases”; “Siente cansancio”; “No participa en las clases”.

La frecuencia más alta corresponde a la dificultad de concentración, la declaran más las mujeres que los hombres (41% y 31%). El cansancio lo reportan más las mujeres que los hombres (30% y 17%), y más en las niñas (34%) que en los niños (27%).

El 68% de las y los estudiantes experimenta alguna dificultad con el hecho de estudiar a distancia, según reportan los padres, madres y cuidadores entrevistados.

La desmotivación es declarada más las mujeres que los hombres (35% y 27%), y la reportan más en las niñas (40%) que en los niños (30%). La participación en clases se presenta como un problema para un grupo pequeño (10%). Sin embargo, hacer las tareas sí lo es para un 32%, especialmente en el reporte de las mujeres (36%), y diferenciado en su reporte entre niños y niñas (40% y 31%).

El agotamiento que los niños y niñas con la modalidad on line es algo que se da, dice Duarte “porque en el colegio hay descanso entre clase y clase, donde comparten con los pares, y eso ayuda a sobrellevar esa exigencia, pero acá pasan 10 minutos sentados y luego viene la siguiente clase y así están todo el día”.

Para sobrellevar ese cansancio, señala Duarte, los colegios están implementando distintas medidas, como días sin cámara, días libres cada dos semanas y actividades colectivas on line. Pero es difícil. “Por primera vez nos enfrentamos a algo como esto, algunos han aprendido a la marcha, otros siguen sin aprender, y hay que ver algunas cosas que nos ayuden a sobrellevar al futuro una situación similar”, admite.

“El ministro tendría que conocer este informe”, sostiene Palma. “No conozco una investigación en curso de este proceso tan en profundidad. Tendría que atender sobre la experiencia infantil y el malestar de pasar en casa, eso es muy necesario de trabajar y de observar, de conocer más, porque tiene implicancias sobre cómo organizar los procesos futuros”.

Una pregunta pendiente, dice Palma, es con cuánto malestar volverán los niñas y niños a la presencialidad. Que sea una oportunidad de reparar el daño de la educación a distancia, agrega, es algo a gestionar por las escuelas, “tendrán que volverse muy inteligentes, altamente reflexivas, poco burocráticas y con capacidad de observación y de intervenirse a sí mismas”. Una clave, dice, es la experiencia de entender lo vivido: “dimensionar los efectos positivos y negativos, y hacer permanecer lo mejor, el uso de tecnología y la posibilidad de educación remota para tener acceso a conocimiento que en lo próximo no se podía tener”.

Comenta

Por favor, inicia sesión en La Tercera para acceder a los comentarios.