Red Activa

Pobreza, cuidados e informalidad: la combinación que profundiza la brecha entre las mujeres del país

El nuevo informe laboral del OCEC UDP, ChileMujeres y la Cámara de Comercio de Santiago, muestra cómo la pobreza profundiza las brechas laborales que afectan a las mujeres del primer quintil. Con datos de la Encuesta CASEN 2024, expertos concluyeron que el desempleo, los cuidados y la informalidad impiden generar ingresos y seguridad social. Pero que la sala cuna, una mayor flexibilidad y la formalización son clave para revertir este escenario.

Lanzamiento Zoom de Género: Especial CASEN POBREZA 2024. De izquierda a derecha: María Teresa Vial, presidenta de la Cámara de Comercio de Santiago; Juan Bravo, director OCEC UDP; Osvaldo Larrañaga, presidente Comisión Experta de la Medición de la Pobreza 2024; Francisca Jünemann, presidenta ejecutivo de ChileMujeres; y Polo Ramírez.

En un nuevo encuentro de Red Activa en los estudios de La Tercera TV, expertos analizaron los principales resultados del Zoom de Género Especial CASEN Pobreza, un estudio elaborado por ChileMujeres, el OCEC UDP y la Cámara de Comercio de Santiago a partir de los datos de la Encuesta CASEN 2024 sobre mujeres, empleo y pobreza.

La conversación reunió al economista y director de la OCEC UDP, Juan Bravo; a la presidenta de la Cámara de Comercio de Santiago, María Teresa Vial; al presidente de la Comisión Experta de la Medición de la Pobreza 2024, Osvaldo Larrañaga, y la presidenta ejecutiva de ChileMujeres, Francisca Jünemann, para revisar los principales hallazgos, profundizar en educación y cuidados, abordar la informalidad y cerrar con propuestas claras en un contexto económico desafiante para las mujeres.

Participación laboral e informalidad

Juan Bravo abrió con una radiografía donde muestra que la participación laboral aumenta a medida que sube el ingreso del hogar, tanto en hombres como en mujeres. Sin embargo, la distancia entre ambos es mucho mayor en los quintiles más pobres. “La brecha no se reduce porque los hombres colaboren más, sino porque las mujeres de mayores ingresos se restan menos del mercado laboral por razones de cuidado y quehaceres del hogar”.

En esta línea, explicó que en el quintil más alto, solo un 2% de las mujeres está fuera de la fuerza laboral por razones de cuidado. En el quintil más bajo, esa cifra llega a 15,3%. Es decir, el cuidado no afecta a todas las mujeres por igual, sino que golpea con mucha más fuerza a las mujeres en situación de pobreza.

De este modo, los datos de desempleo e informalidad muestran que en el quintil de menores ingresos, el desempleo femenino alcanza el 27% y, entre quienes logran trabajar, un 60,4% lo hace en condiciones de informalidad, mientras que más de la mitad se desempeña en jornadas parciales, es decir, jornadas de 30 horas semanales.

Con estas cifras, se demuestra que las mujeres más pobres no solo participan menos del mercado laboral, sino que cuando logran hacerlo, lo hacen en condiciones que no permiten generar ingresos suficientes ni seguridad social. “Si vemos el quintil de menor ingresos, el 53,6% de las mujeres que están ocupadas lo hace a jornada parcial, eso quiere decir que la mayoría de las mujeres pobres que trabajan lo hace a jornada parcial”, explicó Bravo.

Desde la misma vereda, para la presidenta de ChileMujeres, Francisca Jünemann, el contraste entre quintiles es brutal. “Las mujeres del quintil con mayor ingreso casi estamos ya bordeando el 80% de participación laboral, con un desempleo muy muy bajo. Y en cambio, las mujeres de los quintiles más bajos, del quintil uno, ni siquiera el 30% puede tener un trabajo remunerado”, indicó.

Esta idea conectó además con la evolución histórica tras el cambio metodológico de medición de la pobreza. “Hoy tenemos 3,5 millones de personas en pobreza, donde casi dos millones son mujeres. Es duro, pero en 2009 eran nueve millones. Algo estamos haciendo bien. El desafío ahora es fortalecer los ingresos autónomos”.

La idea de autonomía económica apareció como eje principal durante la conversación, donde no basta contar con políticas asistenciales si no se habilita a las mujeres a generar sus propios ingresos. Osvaldo Larrañaga explicó por qué la nueva medición elevó significativamente la cifra de pobreza. “Estábamos sobreestimando ingresos con el alquiler imputado y usando una línea de pobreza rezagada. Chile aparecía con menos pobreza que Canadá o Estados Unidos. No tenía sentido”.

En el análisis de esta medición, también se hizo más visible la relación entre pobreza y empleo femenino: “Para la mayoría de los hogares, el ingreso principal es el laboral. Por tanto, no es sorprendente que exista una relación bastante directa entre la capacidad que tienen los miembros del hogar (hombres y mujeres) para generar ingresos laborales decentes, a buen nivel, con la probabilidad o no de que el hogar esté en pobreza”, explicó Larrañaga.

Acceso a educación, pero no de calidad

En materia de educación, la conclusión fue que pese a que Chile logró mayor cobertura, no tuvo éxito en su calidad, ni por ende, en el desarrollo de los jóvenes. “Es bien dramático comprobar que alrededor de la mitad de la población tiene lo que se llama analfabetismo funcional, o sea, que no es capaz de hacer operaciones matemáticas básicas o de comprender un texto cuando lo lee”, señaló Bravo.

Ante esto, Larrañaga reforzó la idea con que el desafío está en las capacitaciones y competencias que permiten luego insertarse productivamente en el mundo laboral. “Hoy día más del 50% de los jóvenes de estados bajos y medios bajos ingresan a la educación superior. Y eso lo ha permitido la política de financiamiento estudiantil. Entonces, no tenemos un tema de cobertura. Lo que tenemos es un tema de calidad. Un porcentaje bien importante de nuestros jóvenes no están adquiriendo las competencias mínimas, ni en matemáticas, ni en lectura, como para cementar después una vida productiva, laboral, social, económico. Es allí donde tenemos aún el deber”, advirtió.

Cuidados: el obstáculo del quintil más bajo

Con respecto a los cuidados, la conversación se centró en cómo esta carga recae desproporcionadamente en las mujeres más pobres. “El estudio muestra exactamente qué grupo necesita apoyo urgente y ese grupo son las mujeres del quintil más bajo”, dijo Jünemann.

Pero el problema no es solo cultural, que si bien, explica Jünemann, “las transformaciones culturales son las que más han costado”, también es normativo y económico. “Hay 1.500 niños en espera en las salas cunas públicas y tenemos este desempleo de más de un 27% en el quintil de menor ingreso, con leyes como la sala cuna, donde si tú contratas a personas de ese grupo que tienen ingresos bajos, tú tienes que pagarles la cuna. Entonces no las vas a contratar porque proporcionalmente te salen demasiado caras”, explicó.

Informalidad y primer empleo

La presidenta de la Cámara de Comercio de Santiago, María Teresa Vial, aportó una mirada desde el comercio, donde la informalidad es más visible. “Cuando formalizarse es burocrático, caro y difícil, la informalidad parece la única solución”. Pero advirtió también un elemento que parece poco evidente, y es que el primer trabajo define la carrera. “Cuando el primer trabajo de una mujer del menor quintil es de informalidad, es un paso sin conexiones, sin red ni protección, entonces ¿cómo esperamos que construya un edificio, una carrera que realmente aporte a la economía?”, se preguntó.

Como respuesta ante la retórica, explicó que es urgente abordar los problemas de manera directa y concreta. “Estamos muy enfocados en el asistencialismo y no nos damos cuenta de que lo que necesitamos es dar oportunidades. Tenemos que pasar de una política asistencialista a una política que entregue herramientas”.

De este modo, agregó que es importante enfocarse en los desafíos del presente, más que en las proyecciones del futuro: “Estamos pensando siempre en los problemas futuros que se nos vienen, por ejemplo, la falta de natalidad y no nos damos cuenta que tenemos una cantidad muy importante de mujeres que no les damos la oportunidad de ingresar al mundo del trabajo”.

Políticas para abordar el empleo femenino y la natalidad

Larrañaga puso en evidencia cómo la crisis demográfica se conecta con esta discusión, focalizando desafíos más profundos: “Necesitamos políticas que incentiven la participación laboral femenina y al mismo tiempo la natalidad. Y estas existen, y son por ejemplo, la sala cuna universal y la corresponsabilidad”.

Para Jünemann, lo que más piden hombres y mujeres es flexibilidad horaria, incluso por sobre el teletrabajo. “Nosotros queremos aumentar en 10 puntos porcentuales la participación laboral. Tenemos que movilizar a 1.400.000 mujeres. Esa es una cifra inalcanzable si no empezamos realmente a pensar fuera de la caja”.

Ya en el término de la conversación, el panel estuvo de acuerdo en que la desaceleración económica obliga a mirar esta reserva laboral desaprovechada. “La respuesta está en el aporte que pueden generar esas personas que no tienen la oportunidad de trabajar. Tenemos que enfocarnos ahí, en entregarles las oportunidades para que aporten realmente. Tenemos cerca de 3 millones en la informalidad, más el millón y medio que busca trabajo y no lo tiene. Toda esa fuerza de trabajo la tenemos inactiva y sin una razón, incluso una razón económica que nos permita darnos ese lujo. Ahí es donde tienen que estar enfocadas todas nuestras políticas”, comentó Vial.

Bravo, por su parte, llamó a perfeccionar la adaptabilidad laboral y retomar con fuerza la ley de sala cuna. Mientras que Larrañaga recordó que estas medidas no solo impactan en la economía, sino también en dignidad, autonomía y bienestar de las personas.

El Zoom de Género concluyó que no basta analizar las brechas de género en promedio, sino que la urgencia está de manera detallada, en las mujeres del primer quintil, donde se cruzan cuidados, desempleo, informalidad, baja educación de calidad y ausencia de redes. “Si como país logramos asumir y humanizar estas cifras, podríamos llegar a acuerdos transversales muy potentes”, terminó diciendo Jünemann.

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