Cómo los animales salvajes se están adaptando a la vida urbana, según la ciencia
Un análisis explora cómo la vida en las ciudades está cambiando el comportamiento de la fauna silvestre y sus efectos a futuro.

Lejos de ser una rareza, ver animales salvajes comportándose con audacia en ciudades de todo el mundo se ha vuelto cada vez más común.
Desde monos que arrebatan comida en Nueva Delhi hasta ardillas en Nueva York, la fauna urbana está desarrollando patrones de comportamiento similares, influidos por un entorno dominado por los humanos.
Así lo explica un artículo publicado en The Conversation, que analiza cómo la urbanización está moldeando tanto la conducta como la evolución de distintas especies.
Según el texto, estos cambios no son aislados: responden a condiciones compartidas por las ciudades, como mayores temperaturas, ruido constante, contaminación lumínica y una alta presencia humana.

¿Cómo han cambiado los animales?
Uno de los factores clave es la relación con las personas. En estos entornos, muchos animales han aprendido que los humanos representan una fuente accesible de alimento y, al mismo tiempo, una amenaza menor.
“Los animales que viven en la ciudad aprenden a no temerles”, señala el artículo, lo que explica conductas como robar comida a personas o explorar contenedores de basura.
Este proceso no solo modifica comportamientos individuales, sino que también tiene efectos evolutivos.
Las ciudades favorecen la supervivencia de individuos más audaces o adaptables, quienes transmiten esas características a las siguientes generaciones.
En términos científicos, se trata de una forma de selección natural.
El ruido urbano también ha generado adaptaciones llamativas. Algunas aves, por ejemplo, han modificado sus cantos para hacerse oír en medio del tráfico.
Según The Conversation, pueden “cantar más fuerte, empezar a cantar más temprano por la mañana o en frecuencias más altas”, evitando que sus señales se pierdan entre los sonidos de la ciudad.
La inteligencia y la capacidad de aprendizaje también juegan un rol central.
En Sídney, ciertas cacatúas han aprendido a abrir contenedores de basura, mientras que en Toronto los mapaches desarrollan estrategias cada vez más sofisticadas para acceder a comida.

Las consecuencias de esta adaptación
Los científicos advierten sobre un fenómeno conocido como “homogeneización conductual”, en el que distintas especies comienzan a comportarse de manera similar en ciudades de todo el mundo, perdiendo rasgos propios de sus hábitats naturales.
Esto se relaciona con una disminución de la diversidad genética y conductual, clave para la supervivencia a largo plazo.
El artículo advierte que esta pérdida puede limitar la capacidad de las especies para enfrentar cambios futuros.
“La variación genética otorga a las especies la capacidad de responder a futuros cambios ambientales”, explica.
Además, la creciente cercanía entre animales y humanos puede generar nuevos conflictos, como accidentes de tráfico, transmisión de enfermedades o daños materiales.
A esto se suma un deterioro en la calidad de la dieta de los animales urbanos, que muchas veces dependen de residuos humanos.
En términos de conservación, el panorama también es complejo.
La pérdida de diversidad conductual puede dificultar la reintroducción de especies en su hábitat natural y borrar comportamientos aprendidos, como rutas migratorias o técnicas de alimentación.
En definitiva, la vida urbana está transformando profundamente a la fauna silvestre.
Comprender estos cambios, concluye el artículo de The Conversation, no solo es clave para proteger a estas especies, sino también para diseñar ciudades que permitan una mejor convivencia entre humanos y animales.
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