La IA es inocente

SEÑOR DIRECTOR:
Concuerdo con Soledad Arellano en lo expuesto en su columna del 25 de junio respecto del desafío que presenta la IA en las universidades, particularmente al momento de las evaluaciones. Efectivamente, aplicar normas para “impedir que los estudiantes hagan trampa” solo contribuye a crear “entornos cada vez más policiales”. La solución pasa por motivar en los alumnos el deseo de aprender, de modo que comprendan que su paso por la universidad va mucho más allá de superar una nota mínima, y que copiar no solo es un atajo ilícito, sino también un engaño así mismo y a la sociedad.
Con todo, sería injusto responsabilizar a la IA de este problema, pues ella solo ha contribuido a hacerlo “más visible, más urgente y más difícil de ignorar”; la deshonestidad es un asunto ético y no tecnológico.
Miguel Ángel Vergara V.
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