Maite Alberdi se consolida en Netflix: “Hoy tengo más libertad creativa”

La directora en Madrid en septiembre de 2020. Foto: Juan Naharro

Dos de las películas de la documentalista –La Once y Los Niños– aterrizarán la próxima semana en el servicio de streaming, sumándose a El Agente Topo en su catálogo para Latinoamérica. La cineasta dice que tiene abiertas las puertas para colaborar con la plataforma pero que aún no decide cómo se verá su siguiente largometraje, un filme que abordará el Alzheimer y estrenará en 2023. “Es experimental para mí, en términos de que me estoy atreviendo a usar recursos que no había utilizado antes”, dice sobre la creación de esa cinta.



Un mes antes del anuncio de las nominaciones a los Oscar, Maite Alberdi (38) atravesó una experiencia que no estaba en sus cálculos. El agente topo, que luego sería candidato a Mejor documental en los Premios de la Academia, se transformó en “una película familiar”, según ella misma advierte. Fue el resultado del arribo de su cinta sobre Sergio Chamy a Netflix en Latinoamérica en febrero de 2021, luego de haberla mostrado en Chile sólo en plataformas más acotadas.

“En una sala de cine no habría sido una película familiar, yo habría dicho que era una película para adultos o personas mayores”, indica la realizadora a Culto. “En el streaming la gente me decía: la vi con mi hijo de ocho, de diez, la vi con mis papás, la vimos todos juntos. Los niños estaban fascinados. Pero yo jamás la hubiera pensado para un hijo de ocho”.

“Para este tipo de películas en general aspiramos a un público de nicho. La experiencia como directora fue impresionante y la agradezco, y es algo que quiero seguir desarrollando”, reconoce Alberdi, aunque tampoco desea abandonar la pantalla grande. Hoy se aferra a su nueva posición en la industria y a que la dicotomía entre cines y streaming se ha tornado cada vez más difusa, con la creciente apertura de las plataformas a otorgar una (breve) ventana de exhibición convencional a algunos de sus títulos.

El agente topo.

A sus largometrajes anteriores, por cierto, no les ha ido nada de mal en las salas locales: en 2015 La once llevó a 16 mil espectadores (sólo en grandes cadenas) y en 2017 Los niños congregó a la mitad. Ahora, este miércoles 26 y jueves 27, ambas aterrizarán en Netflix, uniéndose a El agente topo en su catálogo para la región y consolidando una suerte de tributo a su carrera.

-Tener tres películas en la mayor plataforma de streaming es algo poco frecuente para cualquier documentalista del mundo. ¿Ve la llegada de estas dos películas como un paso que pueda anteceder a que eventualmente trabaje en un proyecto original de la plataforma?

Sí, es bien inédito y me encanta, porque es una especie de retrospectiva streaming, es una forma de ver las películas. Las puertas con Netflix hace un rato que están bastante abiertas para proyectos originales y pensar ideas. Es una posibilidad.

-Netflix brinda cabida a largometrajes documentales pero también es una plataforma que se preocupa bastante de realizar docuseries, que es algo que uno imagina que le han ofrecido en alguna oportunidad.

La gracia en general, y para mí sobre todo como documentalista, es que el público empezó a consumir documentales desde Netflix, que era algo que probablemente no estaba tan masificado. La gente no elegía pagar el ticket para ir a ver un documental a la sala de cine. Era un público muy de nicho y especializado. Creo que Netflix democratizó ese acceso y para mí es una gran ventana y una ventana que hoy me interesa mucho. Tienen un contenido donde están priorizando mucho el área documental y sí, yo tengo las puertas muy abiertas y podría pasar.

¿Dónde se instala en el debate todavía no cerrado entre la pantalla grande y los servicios digitales? “Yo creo que si me hubieses hecho esta pregunta hace un año, te habría contestado que no elegiría una plataforma para estrenar. Pero después del impacto que tuvo El agente topo en Netflix, mi experiencia con la audiencia fue completamente distinta a la que he tenido en salas de cine. Sobre todo en Chile, donde hasta antes de la pandemia para los cineastas chilenos era muy ingrato estrenar. Estábamos compitiendo con películas mainstream, teníamos que hacer ciertos espectadores para mantenernos y teníamos que invertir mucha plata. Siendo documentales, yo tuve muy buenos números, pero así y todo, seguían siendo salas de la Región Metropolitana, donde había poco acceso al resto del país”, plantea.

La once.

Alberdi, al mismo tiempo, habla desde su lugar de cineasta que nutre sus nuevas creaciones de la reunión de espectadores. “Cuando la gente la ve en su casa me pierdo la experiencia, la reacción, de la cual yo siempre como directora he aprendido mucho”, sostiene. “El público es expresivo en la sala. Compartir emociones en conjunto es algo que necesito, y yo creo que no voy a renunciar a eso. Y si trabajara con una plataforma, pediría, en el caso de un unitario, tener algunas funciones en festivales o algo así”.

Una nueva etapa

“Lo bien que les ha ido a las películas con el público me da la posibilidad como cineasta de acceder a otro tipo de financiamiento, a relaciones con estudios y plataformas, defendiendo mi manera de filmar y mi estilo y no acomodándome quizás a formas convencionales que tenía la producción de documentales anteriormente, sobre en Estados Unidos”, explica la directora, quien en 2021 terminó de rodar un documental sobre el Alzheimer que planea lanzar el próximo año y tiene en carpeta otro proyecto en Japón.

La cineasta ilustra su momento actual: “Puedo presentar un proyecto a socios más grandes y decir que me voy a demorar cinco años, con un año de edición. Me dicen que es imposible. Pero les respondo: te encanta El topo, vienes a mí por eso, es lo que necesito. Lo están entendiendo y se están acomodando”.

-La expectativa que se instala con los directores cuando viven ciertos hitos es que sus siguientes películas sean más ambiciosas o grandes. ¿Está en sus planes hacer algo que quizá jamás hubiera imaginado realizar antes?

Extrañamente, siento que ante todo tengo más libertad creativa. Estoy empezando a hacer cosas de estilo que quizás no había probado antes, y que de alguna manera tengo la libertad de hacer distintos tipos de proyectos, unos más ambiciosos, otros más chicos. Sobre todo, creo que el gran cambio es la posibilidad de pensar proyectos en otros lugares, en otros idiomas, que es lo que también estoy empezando a desarrollar ahora.

-En concreto, ¿ya hay certeza del formato en que se verá su siguiente largometraje, que estaría listo en 2023?

Sí, probablemente esté listo en 2023. Todavía no tengo certezas de cómo podría verse. No hay nada cerrado. Y creo que con la película terminada tengo muchas libertades todavía, entonces ahí voy a entender cuál es el mejor lugar o cuál es la vía. Con proyectos muy grandes y otros más chicos, hay que ir entendiendo cuál es la mejor ventana para cada uno de ellos, no es para todos la misma.

-¿Cómo ha adaptado su metodología a la pandemia?

Paré muchos rodajes, entonces fue un tiempo de poca productividad en términos de filmación, donde sí aprovechamos de editar. Sí te diría que hice muchas cosas que ahora estoy utilizando que no había hecho antes, que no te puedo contar, porque ya es empezar a hablar de mi proyecto nuevo. Pero comencé a incorporar técnicas que nunca había usado. Es atreverse a experimentar desde el lugar en el que estás y el contexto de pandemia, donde no se podía grabar de la misma forma.

-¿Diría que su nuevo largometraje tiene ciertos atributos que permiten leerlo desde lo experimental?

Creo que la palabra experimental asusta, piensas que no es amigable con la audiencia. Yo te diría que quizás es experimental para mí, en términos de que me estoy atreviendo a usar recursos que no había utilizado antes. O yo estoy con la libertad de jugar con nuevos elementos que necesitaran de ese personaje para ser narrados. Pero una cosa son mis proyectos y otra los encargos. Ahí también estás obligado a experimentar porque vienen productores con ideas que no son tuyas y que de alguna manera tienes que ejecutar.

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