Por Gonzalo ValdiviaEl regreso recargado del spin-off de El Marginal: “La gente quiere la serie y pide más”
En el Barro devuelve a su protagonista a la cárcel y reconfigura la dinámica de poder al interior del recinto penitenciario. Ana Garibaldi (Gladys Guerra en la ficción) y Lorena Vega (La Zurda) detallan a Culto las claves de la segunda temporada, que acaba de debutar en Netflix. “Hay muchos elementos que hacen que sea muy difícil la reinserción”, indican.

La última vez que vimos a Gladys Guerra (Ana Garibaldi) fue ensangrentada y renguante en el octavo episodio de la primera temporada de En el barro. Ante las miradas atónitas de Antín (Gerardo Romano) y de las otras reclusas, “La Borges” se desplaza a duras penas por los pasillos de La Quebrada tras imponerse ante “La Gallega” (Ana Rujas).
La gran pregunta de ese desenlace –si recuperó o no su libertad– se resuelve transcurridos los primeros minutos del segundo ciclo, que acaba de llegar a Netflix. Ahora Gladys trabaja como reponedora de un almacén y se desvive para mantener el bienestar de Juan Pablo, su pequeño nieto y única familia. Pero la mala paga y los malos tratos de su jefe (quien se esmera en recordarle que le hizo un favor al aceptarla con su hoja de vida) confluyen para que situación rápidamente se ensombresca.

“Tu reinserción no existe ni va a existir nunca. Yo estoy marcada. Por la vida y por la cárcel”, le dice a Pastor (Juan Minujín), quien luego le advierte sobre los peligros de reincidir. El vuelco es tan esperable como dramático: la protagonista se tienta con el dinero que podría conseguir en un negocio que involucra drogas ilícitas, la operación sale mal y termina nuevamente tras las rejas.
“Justamente (la serie) cuenta una realidad concreta. Queda un estigma. Es difícil darle trabajo a una persona, es difícil que lo consigan, y si lo consiguen, pagan muy poco. No es nada fácil. En general se vuelve a sucumbir a la misma situación, lamentablemente”, indica Ana Garibaldi en entrevista con Culto.
Oscuro y trepidante, al final del día ese escenario es el que vuelve a En el barro la serie que es, una feroz exploración del sistema carcelario femenino donde los momentos luminosos son escasos y abundan los pasajes crudos que revuelven el estómago. Pero esa misma fórmula le ha permitido convertirse en un éxito dentro y fuera del mundo hispanohablante, por lo que no hay motivos para echar marcha atrás.

“La gente quiere al personaje, quiere a la serie, pide más, así que estoy feliz, muy feliz”, afirma Garibaldi, cuyo personaje fue ganando peso en El marginal (la esposa de Mario Borges, interpretado por Claudio Rissi) y terminó encabezando su propia ficción. “Me habitué. La estoy pasando bien”, cuenta sobre ocupar el rol central.
Ese disfrute va de la mano con internarse en las ásperas conversaciones que plantea la producción. “Las mujeres (en la cárcel) están mucho más solas. Sus visitas son muy pocas. En general son sostén de los hombres que están presos, pero cuando ellas están presas, y están del otro lado, siguen siendo sostén”, opina la actriz argentina.
Lorena Vega, quien encarna “La Zurda” en la historia, también comparte su punto de vista. “Las mujeres son más estigmatizadas. Si ellas quedan presas, está peor visto que un tipo que queda preso. La condena es mayor”, enfatiza. “Hay muchos elementos que hacen que sea muy difícil la reinserción. Si bien es una ficción –no un documental–, toma elementos de la realidad y a través de la ficción se pueden pensar ciertas cosas de todo ese universo”.

Caras nuevas
Mientras nombres como Rita Cortese y Marcelo Subiotto desaparecen del elenco, En el barro se refuerza con otros talentos. Asociada a la comedia y al teatro, Verónica Llinás asume el papel más oscuro de la segunda temporada, la Gringa Casares. A punta de alianzas y un método implacable, se ha convertido en la nueva líder de La Quebrada, contando con generosos privilegios y desplazando a presas más antiguas como “La Zurda”.
Si a ojos del espectador emerge como la gran némesis de los nuevos capítulos, para las actrices su fichaje fue una grata sorpresa.
“Vero es extraordinaria como actriz, como compañera. Fue una sorpresa que viniera. El laburar con ella ni siquiera es algo que me había planteado como una posibilidad, tras verla en teatro acá en su grupo (Las Gambas al Ajillo) y en un montón de cosas. Así que fue un aprendizaje. Y lo que hace es maravilloso”, sostiene Garibaldi.
Vega complementa: “Además, es muy divertida y una compañera que muestra el corazón. Si bien sabemos que todas las actrices tenemos nuestra zona de dudas e inseguridades, piensas que Verónica no la debe tener. Sin embargo, ella nos decía: chicas, ¿les parece bien esto que estoy haciendo? No sé si me gustó. Con la neurosis de la actuación como una más, pensando si estará bien o no lo que estamos haciendo. Y eso es hermoso, que haya compartido ese otro costado que todas tenemos”.

En la ficción la Gringa Casares tiene como favorita a Nicole, una reclusa que lidera al grupo de mujeres que salen a seducir y drogar hombres durante las noches porteñas. Ese personaje es interpretado por Eugenia “China” Suárez, a quien recientemente se le pudo ver en la serie de Disney+ Hija del fuego.
“Es una compañera muy agradable, presente, profesional. La verdad es que se nota que es alguien que conoce muchísimo de estar en un set, de su vínculo con la cámara, con los demás. Fue una experiencia hermosa y creemos que lo que hizo está buenísimo”, asegura Vega. “Es muy difícil lo que tiene que hacer, así que chapó”, cierra Garibaldi.
¿En el barro tendrá una tercera entrega? Por ahora no hay nada confirmado, pero la idea cuenta con la venía de su actriz principal. “Ojalá, ojalá”, expresa.
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