Educación

Trabajó en ferrocarriles y en el puente más alto del país y fue la primera ingeniera de Chile y Sudamérica

La especialista en cálculo y diseño estructural de infraestructura para la Empresa de Ferrocarriles del Estado, especialmente de puentes de gran longitud, es recordada a propósito del Día Internacional de la Mujer en Ingeniería, que se conmemora cada 23 de junio.

Trabajó en ferrocarriles y en el puente más alto del país y fue la primera ingeniera de Chile y Sudamérica

Cuando Justicia Espada Acuña ingresó a estudiar Ingeniería Civil en la Universidad de Chile en 1913, era la única mujer de su generación. Seis años más tarde, el 15 de diciembre de 1919, obtuvo su título y se convirtió en la primera ingeniera de Chile y de Sudamérica. En una época en que la presencia femenina en la educación superior seguía siendo excepcional, su graduación marcó un hito que abrió camino a miles de mujeres que llegarían después.

Justicia Espada Acuña, la primera ingeniera del país y Sudamérica

Más de 100 años después, el nombre de Justicia Espada Acuña Mena sigue apareciendo cada 23 de junio, fecha en que se conmemora el Día Internacional de la Mujer en Ingeniería. Aunque la celebración es relativamente reciente, la historia que recuerda tiene raíces profundas y está estrechamente ligada a las transformaciones que vivió la educación superior durante el siglo XX.

En 1919, Justicia Acuña se convirtió en la primera ingeniera titula en Chile.

La conmemoración nació en 2014 impulsada por la Women’s Engineering Society (WES), organización británica creada en 1919 para promover la participación femenina en disciplinas técnicas e industriales. El dato resulta llamativo: el mismo año en que la WES iniciaba su trabajo en el Reino Unido, Justicia Espada obtenía su título en Chile.

La sociedad británica surgió tras la Primera Guerra Mundial, cuando miles de mujeres habían asumido labores industriales y técnicas ante la ausencia de hombres movilizados al frente. Terminado el conflicto, muchas de ellas debieron abandonar esos puestos. La organización buscó entonces mantener visible el aporte femenino en áreas tradicionalmente masculinas y abrir espacios para las nuevas generaciones.

Creada en 1919, la Women’s Engineering Society nació para promover la participación femenina en disciplinas técnicas e industriales. Archivo WES

En Chile, el contexto era distinto, pero los obstáculos no eran menores. Apenas habían transcurrido 36 años desde la promulgación del Decreto Amunátegui, que permitió a las mujeres acceder a estudios universitarios. Las estudiantes seguían siendo una excepción en las aulas y las carreras científicas y técnicas permanecían prácticamente reservadas para los hombres.

La trayectoria de Justicia Acuña —compañera de Jorge Alessandri— se transformó en un símbolo de esa etapa pionera. Tras titularse, trabajó en la Empresa de los Ferrocarriles del Estado, donde participó en cálculos estructurales y proyectos de infraestructura ferroviaria, como el reforzamiento del Puente Malleco. Pero su carrera tampoco fue lineal. Como muchas mujeres de su generación, debió compatibilizar su desarrollo profesional con la maternidad. Tras formar una familia numerosa, se alejó temporalmente del ejercicio de la ingeniería para dedicarse a la crianza de sus hijos, retomando más tarde su actividad laboral.

La evolución de la participación femenina

Justicia Acuña dejó el trabajo para criar a sus siete hijos, pero luego retomó su carrera profesional.

Si en 1919 Justicia Acuña era la única mujer de su generación en Ingeniería Civil, hoy la presencia femenina en la educación superior es mayoritaria. En 2025, las mujeres representaron el 52,9% de la matrícula de primer año de pregrado y el 56,1% de las titulaciones registradas en el sistema.

Además, muestran mejores indicadores de retención y aprobación académica que los hombres. Sin embargo, esa mayor participación no se distribuye de manera uniforme entre las distintas áreas del conocimiento. Las brechas más persistentes se observan en las disciplinas STEM —sigla utilizada para agrupar las áreas de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas—, consideradas estratégicas para la innovación, el desarrollo tecnológico y la investigación científica.

Las cifras del informe Brechas de Género en Educación Superior 2025 del SIES muestran avances, aunque más lentos de lo que podría suponerse. Mientras en 2007 ingresaron 11.825 mujeres a carreras STEM, en 2025 lo hicieron 24.615. Aun así, su participación pasó de 19,1% a 21,9% de la matrícula de primer año.

Pese a ello, también existen señales de cambio. En el área de Tecnología, la brecha de género se ha reducido en 7,5 puntos porcentuales desde 2019, aunque sigue siendo la más pronunciada del sistema.

Mientras en 2007 ingresaron 11.825 mujeres a carreras STEM, en 2025 lo hicieron 24.615. CAROLINA VARGAS

Con el objetivo de acelerar esa transformación, desde 2023 el programa Más Mujeres Científicas (+MC) permite a las universidades abrir vacantes adicionales para mujeres en carreras donde históricamente han estado subrepresentadas.

Si en 1913 Justicia Acuña fue la única mujer de su generación en Ingeniería Civil, hoy más de 24 mil mujeres ingresan cada año a carreras STEM en Chile. Sin embargo, las áreas tecnológicas siguen siendo uno de los espacios donde la participación femenina avanza más lentamente, reflejando la persistencia de barreras que todavía limitan su presencia en estas disciplinas.

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