Juvenal Olmos: “Liberé los fantasmas que estaban dentro de mí”

El entrenador repasa su traumático despido del Veracruz, elenco mexicano que asumió después de estar alejado durante 10 años de las bancas profesionales. Duró dos meses en el cargo. Siete partidos de liga en los que apenas conquistó dos puntos de 21 posibles. Juve no quiere borrarse del mapa de los técnicos.


“Llegué hace dos semanas a Chile. Me fui directo a la playa, a descansar un poco de todo lo que viví en México. Me estoy cambiando de casa y armando todo el cuento de nuevo”, dice Juvenal Olmos (56 años), sentado en un café de Las Condes. La cita es a las 10 horas, pero el entrenador llega con 40 minutos de anticipación. Está tranquilo, pero con ganas de contar su experiencia.

El entrenador ha evitado conversar con los medios después de su corta estadía en el Veracruz, donde fue despedido. “Me han buscado harto”, dice en su primera entrevista desde que retornó al país. Luego de 10 años alejado de la cancha, Olmos alcanzó a dirigir apenas siete partidos en los Tiburones Rojos, consiguiendo dos unidades de las 21 que disputó.

¿Le sorprendió que lo echaran?
Sí, me sorprendió, porque este diagnóstico ya lo habíamos realizado. Antes de firmar, el presidente me preguntó qué opinaba de su equipo y si yo veía que podía cambiar cosas. El diagnóstico fue claro: es un equipo cansado, gastado, lento y va a costar sacarle trote, pero le vamos a sacar trote. Quizás me apresuré en ponerle guirnaldas a mi propio proyecto, pensando que tenía más capacidad que la que mostré. Me dejé influenciar por mis ganas, por mis deseos, por mi ímpetu. Y el gran proyecto venía ahora con la para de los 40 días en México.

¿No se quemó por ser despedido en apenas siete juegos?
No, ahora soy frío para pensar. Son las reglas del juego. Me dijeron ‘usted no sigue más con nosotros’ y perfecto. La reunión creo que duró un minuto o dos. No quedé tan golpeado como las otras veces, cuando era más joven, porque vi mis capacidades nuevamente, vi lo que puedo hacer y creo que se vienen cosas importantes si es que se da la opción. Estoy preparado.

¿Sus ganas le pasaron la cuenta?
Sí. Esta oferta no la vi con los ojos completamente abiertos. Pero no me decepcioné nada, salí más contento de lo que estaba. Me echaron a los dos meses, pero quedo feliz de haber vuelto a dirigir. Quiero seguir dirigiendo. Era un tema pendiente que había dentro de mí, de esos temas que uno guarda y uno no quiere enfrentar, pero que siempre quedan pendientes. Creo que volver a dirigir era una etapa sin resolver. Pero cuando no están los resultados, las decisiones van por el mismo camino.

Usted estaba con un trabajo estable en las comunicaciones. ¿No fue un riesgo innecesario?
Mi vida siempre ha sido así: me muevo por objetivos, por sensaciones. Si bien estaba muy contento en los lugares donde trabajaba, lo que me hizo proyectarme a México fue el futuro que se me podía dar. No fue tan pensado. Lo acepté feliz y no me arrepiento.

¿Volvió a sentirse cuestionado?
No, en lo absoluto. Hubo varios fantasmas que no se presentaron, varios fantasmas. Fue una como si yo mismo me dijera: ‘Juve, pasaron 10 años y estás listo para dar tu primera charla. Pasaron 10 años y en este momento vas a enfrentar a Cruz Azul’. Reviví un poco todo lo positivo que había vivido antes.

Existía mucha expectativa por su vuelta. ¿Se sintió presionado?
La presión siempre se genera en los lugares que uno se ha desarrollado. En mi caso, Chile. En México era otro ambiente mediático. El técnico tampoco tiene tiempo mucho tiempo y espacio para estar conviviendo con todos los medios. No me sentí presionado, me sentí entusiasmado. Eso sí, hay cambios físicos que afectan: me acuerdo que el primer entrenamiento lo hicimos de posesión. Esos son ejercicios que requieren del estímulo potente del técnico. Me quedé sin voz a los diez minutos y me duró como 15 días. Después retomé el vozarrón.

¿En qué cambió este Juvenal en relación con el de 10 años atrás?
Hoy acepto las derrotas como normales, acepté que te puede ir mal, acepté que seguramente hubo cosas que no estaban a la altura de lo que yo pensaba. Si bien yo tenía bien escaneado a todo el equipo, me quedé corto respecto a mi influencia de cambio en ese grupo, no logré el cambio que yo pensaba que podía hacer en un mes y medio. Me faltó tiempo.

¿Qué autocrítica hace?
Siempre había escuchado eso de los ‘técnicos bomberos’ y ahora fui uno de ellos. Yo no tengo las cualidades para ser un técnico bombero, porque el riesgo es alto, porque tú no sabes lo dolido que puede estar un jugador dentro de un club. Cometí el error de minimizar eso, que hubiese jugadores que no quisieran entrenar. Mi autocrítica es que mi diagnóstico fue de la mano de mis emociones, con las ganas de querer volver.

¿Le faltó ser más perro verde?
El perro verde es un apodo que sale de una pretemporada de Unión Española, me parece que Víctor Fuentes me lo puso. Puse en una pizarra ‘pre-pre-pretemporada’. Pedí que llevaran bototos, mochilas, sacos de dormir, fuimos a acampar. Y ahí Víctor Fuentes dijo: ‘las pretemporadas del profe Juvenal son más raras que un perro verde’. En relación a tu pregunta, no hubo cosas extrañas, quizás no fui tan perro verde.

¿Vuelve a nacer como técnico?
Siento que me regalé algo que tenía prohibido hace mucho tiempo y que en su momento me llevó a tener muchas enfermedades y operaciones al corazón. Ese error fue escuchar mucho. Mi imagen decía que el perro verde no escucha a nadie, sin embargo siempre me importó la opinión de la gente. En esta oportunidad, fui feliz. La ganancia mía es que liberé fantasmas que había dentro de mí. Ni siquiera me importó ser el último de México, los resultados me daban lo mismo. Me importó lo que vino después: una persona analítica, fría, que estuvo caliente y ardiente cuando lo tuvo que ser, con ganas de seguir emprendiendo. Mi carnet dice 56, pero mi corazón está vivo todavía. No es que me esté cayendo, sino que estoy feliz de lo que estoy haciendo. Los resultados ya dirán si vuelven o no las cosas grandes, o las chicas. Me permití algo que hace mucho tenía frenado.

¿Se siente más cómodo en la cancha o con un micrófono?
Me gustan las dos cosas. Las sensaciones que yo tengo en un partido son ricas. Esa opción tiene más resguardo, estás más escondida, eres tú el que habla, no el que recibe las críticas. En las canchas el trabajo es más rudo, estás más expuesto, pero es un gran desafío.

La Católica se quedó sin técnico. ¿Se postula como candidato?
Creo que un equipo grande, aparte de un entrenador, necesita a alguien con vigencia. Me falta ganar algo nuevamente. Lo que yo hice lo pude haber hecho bien, regular, mal, pero hace 10 años, hace 15 años. Ahora no he hecho méritos. Colo Colo es una maravilla, pero ahora no tengo méritos para dirigir a Colo Colo. No me los he ganado de vuelta, tengo que volver a hacer lo que hacen todos. No estoy apurado, estoy caminando bien. Y la Católica lo mismo: hay etapas que debo cumplir. Lo que quiero es mostrar mi vigencia, porque la capacidad la tengo.

¿Por qué cambia su opinión? Hace unos años usted decía quería volver a la UC.
Hay cosas que como técnico me las pasé por delante. Hay cosas que las pasé sin vivirlas. Mucha de mi primera parte de entrenador sentí que iba en un auto de carrera: pasaba, pero no me daba cuenta de que pasaba por un pueblito que se llamaba ‘estrategia de pelota detenida’. Yo pensaba que pasé no más, y aquí el que gana, gana. Tengo las mismas capacidades, la misma ilusión, la misma fantasía, pero hoy soy más prudente.

¿Se sintió intocable?
Siento que la exposición de la Selección me sacó de la cancha y me puso a dar peleas que nunca debí dar. En los dos últimos procesos reconocidos exitosamente, los de Bielsa y Sampaoli, ellos raras veces se salieron de la cancha. Todas mis virtudes dentro de la cancha se transformaban en no virtudes fuera de ella. Afuera fui torpe, tosco. Eso me llevó a tener peleas y desaciertos que me costaron muy caro.

¿Qué le pareció la UC de Beñat?
La Católica tiene una estrella más, pero no provocó ningún cambio, ninguna revolución futbolística, no provocó ningún anhelo de jugar como la Católica. Me voy a la UC de Salas, en la que se le criticaba que atacaba mucho, pero defendía poco. Esa Católica era anhelante, había técnicos que observaban ese trabajo ofensivo. Al final, los campeonatos siempre terminan glorificando todo, pero los que están a cargo deben saber que hay formas de ganar títulos y formas de ganar otros títulos. Creo que la UC ganó bien, pero también hay que decir que no hizo un fútbol vistoso. Con Pellegrini no ganamos nada, pero teníamos un juego más vistoso. La gente prefiere el título en muchas ocasiones.

¿Le sorprendió la salida de Beñat San José?
No me sorprendió, porque salió de una forma parecida en Bolívar.

¿Algún candidato para la UC?
Nombres, no sé. Pero la Católica tiene un perfil. Yo mismo muchas veces me topé con el Tati con mis análisis, sé que se molestó, y me lo mandó a decir. Pero el tipo, igual que Juan Tagle, demuestra que ha administrado bien el club.

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