Destituciones y candidaturas que se bajan: La riña a muerte UDI en la VI Región, la capital del presidente Javier Macaya

Javier Macaya

El fin de semana el gobierno le pidió la renuncia a la intendenta, que apoyaba a la derrotada lista de Víctor Pérez. Una candidata a constituyente amiga suya avisó que se bajará en protesta. El diputado Ramón Barros advirtió que no apoyará a Macaya en la senatorial. La disidencia acusa ajuste de cuentas. La mesa UDI niega todo y alega que fue por mala evaluación. Todo pasando en la VI: JVR también comenta esto.


Esto se va a saber, decían en un gag ochentero de los Jaujarana. Bueno, de algún modo esto iba a ocurrir porque la zona que antes controlaba Andrés Chadwick ya llevaba un tiempo a punta de escaramuzas y dimes y diretes entre dos bandos que ahora parecen irreconciliables después de la interna que ganó hace apenas dos meses el hoy presidente UDI Javier Macaya, diputado por el distrito 15 y aspirante a senador por la zona. En la otra facción están Ramón Barros, que era el candidato a secretario general de la lista que perdió y diputado desde el 2002 (hoy por el distrito contiguo, el 16); el alcalde de Rancagua Eduardo Soto y el senador por la misma zona Alejandro García-Huidobro.

Bastó la destitución de la intendenta UDI Rebeca Cofré el fin de semana, que apoyaba a la lista de Víctor Pérez, para que se armara una de proporciones que hasta esta mañana arroja el siguiente saldo. La UDI se está quedando sin una candidata a constituyente por el D16 llamada Irma Green Quezada, que anoche avisó por Instagram que se baja (o sea, no hará campaña pero su nombre sigue en la papeleta), indignada porque Cofré es su amiga y porque acusa que “la directiva de mi partido, presidida por el diputado Javier Macaya, propició la impresentable salida de nuestra intendenta”. Pero también porque, reportan desde la zona, una hija suya quedó sin trabajo porque asesoraba a Cofré. La exintendenta le va poner fichas al postulante a constituyente de RN José María Hurtado y no a Ricardo Neumann, cercano a Macaya.

La directiva del partido dice que está tratando de extinguir el incendio, convencer a Green que no se “baje” y otras gestiones. Pero esto está provocando una reacción en cadena y pronto instalará la pregunta de si no le irá a costar a Macaya cosechar apoyos en los campos de la región si es que finalmente postula al Senado.

Como Cofré y Green son además cercanas a Barros y García-Huidobro, esto escaló rápido. Apenas la intendenta perdió su cargo los dos salieron a criticar al jefe del partido en una rueda de prensa el lunes, y al día siguiente Barros pasó el aviso en el medio local El Tipógrafo. Dijo que “no voy a apoyar la candidatura a senador de Javier Macaya” que “la UDI hoy tiene una fractura total” en la zona y que lo sucedido “es una maniobra de la UDI para sacar del camino a alguien que no es servil a los objetivos políticos de su presidente”.

El joven jefe del partido contestó en el mismo medio al día siguiente -ayer- diciendo que “no quiero descartar ni confirmar” un quiebre gremialista local, que “entiendo el dolor del diputado Barros, pero creo que él también sabe que los nombramientos de intendentes son de responsabilidad exclusiva del Presidente”. Cosa que sus rivales en la zona dicen que al menos en este caso no fue así.

Ni Macaya ni Barros quisieron comentar todo esto y lo que viene en las líneas siguientes con La Tercera PM. Otras personas, sí.

Esta es otra historia que tiene más de una versión, y aunque de momento en la interna UDI no la califican de la primera crisis seria del nuevo mando gremialista con el lote de su antecesora Jacqueline van Rysselberghe, sí comentan que es “una reyerta local que amenaza con expandirse, porque el territorio está incendiado”. Por un lado, la disidencia acusa que hubo un ajuste de cuentas producto de la interna y que de paso el mandamás gremialista querría instalar a su gente pensando en la senatorial. El otro bando lo niega y asegura que la intendenta estaba mal calificada. Como sea, lo que arde es la zona del presidente de la UDI. Veamos punto por punto.

Primero, la misma ex intendenta Cofré -que antes era alcaldesa de Chépica hasta que renunció para asumir el cargo que perdió el fin de semana- cuenta al teléfono que “cuando me llamaron de La Moneda para pedirme la renuncia, porque yo no renuncié, me dijeron que lo hacían a petición de la directiva nacional de la UDI”. Que durante la interna del partido ella apoyó a la lista de Pérez y Barros, y que habló con él y Macaya para “exponerles mi inquietud de que no tuviéramos problemas regionales después por tomar partido en la interna. Como apoyé a la lista de Pérez, entiendo que no le pareció a la actual directiva”.

Un detalle: hasta donde se sabe, a ella no la despidió por teléfono ni el ministro del Interior UDI, Rodrigo Delgado, ni el subsecretario RN José Francisco Galli. Dicen que la llamada vino de más abajo.

En la mesa del partido creen que pudo haber un error o falta de tino por parte de quien la notificó, si es que fue así. Pero retrucan que no fue ajuste de cuentas por la interna, porque -según estas versiones- la intendenta estaba mal calificada porque, entre otras cosas, no solía asistir a su oficina. En la otra facción dicen que Cofré se dedicaba a hacer terreno y niegan que haya tenido malas notas, porque, aseguran, unos 25 días antes de que la despidieran la habían llamado de Interior para decirles que ella y otros dos intendentes estaban tan bien evaluados, que les pedían que postularan a la Constituyente.

De vuelta en el bando de Macaya, salen a corregir que esa era la salida elegante: la cuestión es que se fuera. Cofré no aceptó la candidatura a la Constituyente y nominaron a su amiga Greene.

Anoche Macaya y Barros llamaron a Green para intentar disuadirla y que haga campaña como constituyente. Pero con tanto cariño pisoteado se ve difícil que se firme una paz por allá. La visión de la disidencia apunta que el presidente UDI podría estar comprándose más adversarios con esto, porque -por ejemplo- Green es esposa de César Munita Castro, presidente de la Asociación de Rodeo de Colchagua. Dicen allá que meterse con los corraleros no es muy buena idea.

De vuelta en Santiago, en la mesa UDI no niegan que todo esto tiene que ver con la elección interna, y tampoco desconocen que es demasiado ruido para la zona del presidente Macaya, y que él no tiene problemas “con” Barros ni otros, sino que ellos con él. Que lo sucedido en estos días no le provoca un daño al diputado sino que al gobierno, y que él trata de resolver este conflicto, el que por cierto lamentan, cómo no.

De momento, Macaya no parece tener rivales internos si quiere postular al Senado este año. El alcalde Soto ya le dijo en su día a JVR que muchas gracias, pero que no aceptaba la oferta. Barros no desea postular. De García-Huidobro, dicen que tampoco, pero queda tiempo. Pero en ese bando están buscando a otro postulante UDI.

Mientras todo esto pasa, Jacqueline van Rysselberghe comenta brevemente al teléfono, camino a Chillán, que “espero que acá los proyectos personales no pasen sobre un proyecto colectivo que nos ha costado muchísimo construir”. Y ante la consulta de si esto es una riña local o la primera crisis entre el nuevo mando UDI y la nueva disidencia, hace ver que “no me considero disidencia” y que “no dediqué cuatro años a conducir la UDI para generar división. Hay un problema y lo que espero es que quienes tienen cargos dirigenciales sean capaces de abordarlo y resolverlo”.

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