Antanas Mockus, senador verde y exalcalde de Bogotá: “La huella de la desconfianza colombiana es muy grande”

Antanas Mockus, a la izquierda, junto a Gustavo Petro, durante la jornada electoral el domingo. Foto: AFP

El excandidato presidencial de 2010 plantea a La Tercera que si la oposición se divide “no habrá éxito”. “A Colombia le irá bien”, intuye.


Es el político más excéntrico de Colombia y formará parte del Senado a partir del próximo 20 de julio. Antanas Mockus saltó a la fama en su país tras arrojarle agua a su contrincante en un debate para las elecciones presidenciales de 1998. Su trayectoria política es extensa y se inició en la alcaldía de Bogotá entre 1995 y 1998, cargo que ocupó por segunda vez entre 2001 y 2003. Para muchos bogotanos, Mockus ha sido el mejor alcalde que ha tenido Bogotá, ya que según sus relatos, les enseñó cultura cívica y a cómo comportarse en la calle, en materia de transporte, de limpieza, y educación.

A pesar de su trayectoria, Mockus nunca ha dejado de lado su particular perfil. Así, durante su primer período como alcalde, se casó en un circo y sobre un elefante. También se disfrazó de superhéroe.

El exalcalde buscó por segunda vez la Presidencia en 2006, sin embargo, resultó cuarto. Cuatro años más tarde, fue por su tercer intento. De la mano del Partido Verde y con Sergio Fajardo como su compañero de fórmula, forzó a Juan Manuel Santos a una segunda vuelta, aunque terminó derrotado.

Pero Mockus no se rindió. En la pasada contienda electoral, el exalcalde le entregó su apoyo a Fajardo, quien resultó tercero en la primera vuelta. Y en el balotaje se decantó por el candidato de la izquierda, Gustavo Petro. Algunos analistas colombianos han dicho que Mockus logró sumar muchos votos a Petro. En esta entrevista con La Tercera, el exalcalde se refiere al futuro de su sector y a los desafíos del gobierno del uribista Iván Duque.

Usted apoyó a Gustavo Petro en la segunda vuelta. ¿Qué aspectos de su propuesta lo inspiraron?

Varias especies de comunicación crítica, incluso de indignación que Gustavo maneja muy bien. Él comunica con la gente y aunque uno pueda tener objeciones por la exagerada indignación, no deja de ser fascinante ver el proceso de un hombre que ha recibido educación, que tiene mundo. Uno admira eso. Ahora, la pregunta que viene es, ¿será él el hombre que incendia la pradera? No creo. Pienso que es una persona que actúa responsablemente. No quiero hacer comparaciones con (Andrés Manuel) López Obrador, pero tenemos un caso vagamente similar, donde hay una fascinación de la población con el posible gobernante o al revés.

¿Le ve futuro a la izquierda y por qué considera que nunca ha podido llegar a la Presidencia de Colombia?

Yo creo que la huella de la desconfianza colombiana es muy grande. La izquierda colombiana por mucho tiempo fue muy solemne. Hay un tema de tono, hay errores de etiqueta. Hay que crear formas de relacionamiento pacífico. Las consignas que se gritan suelen ser absolutamente violentas en el tono y contenido verbal. A mí también me había pasado que en 2010, en una reunión el día que reconocimos el triunfo de Santos en primera vuelta, por atender gritos del público en el centro de convenciones, no tuve en cuenta que ese era el momento para dirigir el discurso al país, y dirigí el discurso a un grupo de 2 mil personas.

¿Cómo cree que se conformará la oposición? ¿Se podría crear un frente entre usted, Petro y Fajardo?

Yo intuitivamente esperaría a que haya un poco más de claridad sobre cuáles son los motivos de la oposición. Todos sabemos que las opiniones hoy en día se matizan unas a otras. Hay personas que defienden la eutanasia, pero no el aborto. Si nos dividimos en todo lo que podemos dividirnos no habrá éxito.

¿Considera que Sergio Fajardo puso en la agenda el tema de la corrupción y que Duque lo tomó ahora?

Yo creo que en muchos países se ha vuelto un tema central por la combinación entre el crecimiento del fenómeno, el mejoramiento en los sistemas de detección y la actitud cada vez más irritada de la población. Yo creo que lo que importa es el consenso que se va construyendo contra la corrupción, no quién encontró primero el tema. Creo puede ser razonable que un líder diga ‘yo escucho a mi sociedad y le digo lo que quiere oír’. Si me quedo en las denuncias tal vez no estoy actuando correctamente.

¿Cuáles son sus expectativas sobre el gobierno de Iván Duque?

Es demasiado temprano para formular algún tipo de fundamento. Yo puedo intuir que a Colombia le pueda ir bien. Todavía no me siento en capacidad de juzgar cómo respondería Duque a una situación económica global difícil. La paradoja total de la política es que lo que varía está fuera del gobierno en buena parte. Entonces la gente juzga echándole la culpa al gobierno. En cierto sentido les pedimos a los gobernantes que hagan actos de magia. Habría que aprender a distinguir honradamente lo que depende del gobernante y lo que no depende de él para no pedirles a los gobernantes lo que no pueden darles y exigirles lo que sí pueden dar.

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