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Las “oportunidades” perdidas con Irán y Orbán: La semana para el olvido de JD Vance

Viktor Orbán está fuera del poder en Hungría y las conversaciones para poner fin a la guerra en Irán no prosperaron. Dos de las misiones que Donald Trump había encargado a su vicepresidente. Según la prensa internacional, Vance corre el riesgo de convertirse en el rostro de dos fracasos de la política exterior de la administración republicana.

JD Vance y Viktor Orbán en una conferencia de prensa conjunta en Budapest.

Desde una “mala semana” hasta un “fracaso” por dos oportunidades perdidas. La prensa internacional fue lapidaria esta semana con los resultados de las misiones que Donald Trump encargó a su vicepresidente JD Vance. La derrota electoral del primer ministro húngaro Viktor Orbán, a quien visitó en vísperas de los comicios parlamentarios del domingo que significaron su salida del poder tras 16 años, y la fallida negociación que encabezó en Islamabad para poner fin a la guerra de Irán, hicieron que el “número dos” de la administración republicano volviera a Washington con las manos vacías, un doble revés que deja en entredicho a Vance, quien es visto como unas de las cartas presidenciales de cara a 2028.

Vance regresó a Washington el domingo con las manos vacías tras haber encabezado el cara a cara con Irán de más alto nivel desde la revolución islámica de 1979 y tras haberse implicado de manera inusual en la fallida campaña electoral de Orbán. El exsenador por Ohio, favorito en las encuestas para suceder a Trump como candidato presidencial republicano en 2028, había mantenido hasta ahora un perfil bajo en política exterior, pero el protagonismo mostrado en la última semana lo convierte en la cara de dos sonoros fracasos, apunta EFE.

El diario británico The Guardian señala que poco antes de la “mala semana” de Vance recorriendo el mundo, Trump le preguntó durante un almuerzo privado de Pascua sobre cómo iban las negociaciones con Irán. “Si no se logra, culparé a JD Vance”, dijo el presidente, provocando risas entre los presentes. “Si se logra, me atribuiré todo el mérito”, agregó. Según el periódico, “la broma a costa de Vance contenía una desafortunada verdad: esta no es una administración que recompense el fracaso”.

El vicepresidente de EE.UU., JD Vance, camina junto al jefe militar de Pakistán, general Asim Munir (izquierda), y el ministro de Relaciones Exteriores Mohammad Ishaq Dar, tras llegar a Islamabad para sostener conversaciones con funcionarios iraníes.

Contra todo pronóstico, el vicepresidente fue elegido para liderar la delegación estadounidense que se reunió el sábado en Islamabad con autoridades iraníes, en un intento por hallar una salida a la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero. Vance había sido uno de los miembros de la Administración más opuestos a la ofensiva, apelando al lema “Estados Unidos primero” que Trump enarboló en campaña, prometiendo poner fin a las prolongadas guerras en el extranjero.

Tras más de 40 días de guerra, Vance se vio en Pakistán, acompañado por los enviados de la Casa Blanca Steve Witkoff y Jared Kushner -yerno de Trump-, sentado frente a representantes iraníes como el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, en las conversaciones de más alto nivel entre ambos países en casi medio siglo.

El mismo día, el secretario de Estado, Marco Rubio, quien recorta distancias con Vance como posible sucesor de Trump, acudía con el presidente republicano a una velada de artes marciales mixtas en Miami.

Pero las maratónicas negociaciones, que duraron 21 horas, no lograron ningún avance, y Vance tuvo que anunciar la “mala noticia” de que “no llegamos a un acuerdo, y creo que esa es una noticia mucho peor para Irán que para Estados Unidos”. El vicepresidente culpó del fracaso a Teherán porque, dijo, no está dispuesto a renunciar a sus ambiciones nucleares.

Tampoco se alcanzó ningún entendimiento sobre la libre navegación en el estrecho de Ormuz, una vía estratégica para el comercio de petróleo bloqueada por Teherán en represalia por los ataques, ni sobre la liberación de fondos iraníes congelados. Tras el fiasco, Trump ordenó a la Marina estadounidense bloquear también el paso para evitar el tránsito de buques iraníes o de sus aliados, un gesto que amenaza con agravar todavía más el conflicto.

JD Vance llega a la base aérea de Nur Khan en Rawalpindi, Pakistán, el 11 de abril de 2026. Foto: Xinhua Wang Shen

Según reporta The Guardian, Vance habló con Trump con regularidad durante las negociaciones, dando a entender a algunos miembros de la parte iraní que no tenía autoridad para decidir si aceptar o no las condiciones de Teherán. Durante las conversaciones, Trump restó importancia a las posibilidades de un acuerdo, afirmando que “tal vez lleguen a un acuerdo, tal vez no, no importa. Desde el punto de vista de Estados Unidos, ganamos”.

Pero Katy Balls, editora del diario británico The Times en Washington, se preguntó por qué Trump envió a Vance a las conversaciones ignorando sus advertencias sobre Irán. Balls escribió que el vicepresidente “no quería que comenzara la guerra con Irán”. Sin embargo, era él quien “tenía la tarea de ponerle fin”. “Ahora Vance es el responsable”, dijo una persona cercana a la administración cuando Vance aterrizó en el hotel Serena de cinco estrellas en Islamabad para la reunión cara a cara de más alto nivel entre Estados Unidos e Irán desde 1979.

En la misma línea, CNN destacó que siguen filtrándose rumores desde la administración republicana de que Vance no ha apoyado la guerra de forma incondicional, y ha sido extraordinariamente cuidadoso con sus declaraciones públicas. Sin embargo, también ha insistido en que confía en el criterio de Trump. Inicialmente se opuso a la guerra, pero también afirmó que, si iban a librarla, debían atacar a Irán con contundencia.

Al respecto, la cadena de televisión plantea: “Si la guerra resulta contraproducente políticamente para los republicanos, ¿logrará Vance convencerlos argumentando que discrepó de forma educada y privada? Y si sigue gozando de popularidad entre los republicanos, no parece que exista mucho apoyo para la política exterior de Vance”.

Visita a Budapest

Antes de viajar a Pakistán, Vance hizo escala en Hungría para respaldar a Orbán, el principal aliado del trumpismo en Europa y que llegaba debilitado a las urnas tras 16 años en el poder. En un gesto inédito para un vicepresidente estadounidense, participó en un mitin del primer ministro ultranacionalista en el que pidió abiertamente el voto para él, al tiempo que lo elogió por su política antimigratoria y por enfrentarse, dijo, a “los burócratas” de Bruselas.

Pero la apuesta no surtió efecto: Orbán fue derrotado por Péter Magyar, de perfil proeuropeo. Los resultados de los comicios se conocieron cuando Vance ya volaba de regreso a Washington tras la frustrada cumbre de Islamabad.

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán (izq.), y el vicepresidente estadounidense, JD Vance, asisten a un acto de campaña en Budapest, Hungría, el 7 de abril de 2026. Foto: David Balogh/Xinhua David Balogh

Según destaca The Guardian, los funcionarios húngaros habían estado presionando a Trump para que los visitara. En cambio, recibieron a Vance. La primera vez que el vicepresidente intentó comunicarse con el inquilino de la Casa Blanca por teléfono para que se dirigiera a la multitud en Hungría, la llamada fue al buzón de voz.

En el escenario de un mitin de campaña de Orbán, Vance arremetió contra la injerencia de los funcionarios de la Unión Europea en Bruselas y concluyó su discurso diciendo: “Voten este fin de semana, apoyen a Viktor Orbán, porque él los apoya”. Por alguna razón, el pueblo húngaro no hizo caso del consejo de Vance, comentó irónicamente el diario británico.

En una entrevista con Fox News el lunes por la noche, Vance reconoció que la administración sabía que había una “muy buena posibilidad” de que Orbán perdiera, pero dijo que fue de todos modos porque era “lo correcto, apoyar a una persona que nos había apoyado durante mucho tiempo”.

“Con las negociaciones ahora hechas añicos, Vance corre el riesgo de convertirse en el rostro de dos fracasos de política exterior en una sola semana. Y con Trump arremetiendo contra el Papa León XIV, a quien tacha de ‘débil contra el crimen’ y ‘terrible’, Vance, converso al catolicismo, podría verse envuelto en otro incidente internacional”, escribió Andrew Roth, corresponsal de asuntos internacionales de The Guardian en Washington.

En tanto, Aaron Blake, reportero sénior de CNN, aseguró que “Vance tuvo dos oportunidades de alto perfil para demostrar su valía” y “ambas fracasaron”. Y de paso, recordó como el secretario de Estado, Marco Rubio, puede capitalizar estos reveses del vicepresidente de cara a 2028.

“No parece casualidad que el más belicista Rubio ganara terreno considerable en la encuesta informal de la Conferencia de Acción Política Conservadora hace dos semanas, pasando del 3% en 2025 al 35% este año”, escribió. Y agregó: “Vance ganó la encuesta informal, que carece de rigor científico y se centra en un sector muy reducido pero apasionado de la base conservadora. Sin embargo, su apoyo cayó del 61% al 53%, reduciendo sustancialmente su margen de victoria”.

“El atractivo político de ser vicepresidente es evidente; es la persona en quien la gente piensa cuando considera al próximo sucesor”, señaló Blake. “Pero esto también significa que los vicepresidentes a veces se ven involucrados en asuntos que preferirían evitar, y que a menudo se les asignan responsabilidades que no les benefician. Además, pueden cargar con la culpa de fracasos -y presidencias- sobre los que tienen poco control real”.

“Vance está experimentando esto en carne propia. Y debería servir como recordatorio de que ninguna campaña está terminada un año antes de empezar”, concluyó.

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